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FRANZ

La bala de plata

La bala de plata

Cuenta la historia, que el famoso combinado “dry martini” data de finales de siglo XIX o principios del XX . Unos lo ubican en San Francisco, otros en Nueva York y otros en Venecia, aunque parece ser que la versión que más adeptos tiene, es la que se refiere a que en el año 1910 en el hotel neoyorquino Knickerbrocker, un barman apellidado Martini ideó la mezcla para ofrecer un producto seco como aperitivo a sus clientes. Esto no hace más que confirmar que la palabra Martini no se refiere al famoso vermú italiano y que se puede realizar el cocktail con otros aperitivos secos como el Noilly Prat.

 

El hacer un "dry martini" es una ciencia que supera el ámbito de los barmans, y  ha sido objeto de múltiples polémicas entre los aficionados a dicho cóctel  (y que muchos  denominan la bala de plata por su alto contenido alcohólico capaz de perforar a cualquiera y su aspecto plateado transparente) , y  si no fuera por el gran problema de la proporción en que deben mezclarse las bebidas, sería  en teoría una de las más sencillas combinaciones de bebidas alcohólicas, ya que contiene sólo dos ingredientes: ginebra y vermú blanco seco, reunidos en el vaso mezclador con hielo picado.

 

Para el escritor Ernest Hemingway, gran escritor y gran borracho, debía contener 1 parte de vermú por cada 15 de ginebra. Richard Nixon,  gran mentiroso y gran borracho, lo prefería con una parte de vermú por cada 7 de ginebra.

 

El gran director de cine Luis Buñuel, gran surrealista y gran borracho, que hasta el último día de su vida se regaló con un  “dry martini especial” a las siete de la tarde, aseguraba que la fórmula adecuada para hacerlo consistía en poner juntas las botellas de ambas bebidas y dejar que las atravesara un rayo de sol para que el vermú le comunicara su “espíritu” a la ginebra, que debía mezclarse por sí sola con el hielo picado.

 

Casi de la misma opinión era  Winston Churchill, gran político y gran borracho, que afirmaba que  si dejábamos una botella de vermú seco mirando a la copa de ginebra mientras la preparamos, optimizaríamos el resultado.

 

Hay discrepancias con la piel de limón que algunos añaden para “perfumar la ginebra; tampoco hay acuerdo con la oliva o con las dos olivas, que algunos dicen no tiene más sentido que el  metafórico de “la bala de plata”, y para finalizar, aquello de “ agitado no removido” que dijo el agente 007 James Bond “ y que pone los pelos de punta a los "martinilógos”, que sostienen que de esta manera lo único , y malo, que se consigue, es aguar la bebida y enturbiarla.

 

Referencia: “Agenda gastronómica 2006”

 

Serendipia o la flauta del burro

Serendipia o la flauta del burro

Tomás de Iriarte nació  en La Orotava, municipio español al norte de la provincia de Santa Cruz de Tenerife,  Canarias, en 1750 y murió en Madrid en 1791. Desde joven se dedicó a la traducción de obras de teatro francés, y el Arte Poética de Horacio, en 1777. Pero este escritor y fabulista español es esencialmente conocido por sus "Fábulas literarias", que muchos críticos consideran de mayor calidad poética que las de Samaniego. 
 

Una de sus fábulas más conocidas es El burro flautista, que os escribo a continuación: 

 

Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

«iOh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!»

Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
 

  

Y ocurre que este sonar la flauta, vulgarmente llamado casualidad,cuando accidentalmente produce un descubrimiento científico afortunado e inesperado recibe el nombre de Serendipia , palabreja que tiene su curiosa historia:

Había una vez un reino exótico y oriental llamado Serendip cuya memoria se confunde con la imaginación. Los más viejos nos cuentan que existió; que estaba en una isla que muchos, muchos años después se llamó Ceilán y que hoy se conoce como Sri Lanka. O quizá Serendip siempre estuvo en Persia, el reino de los cuentos.

En el reino de Serendip se contaban muchas y maravillosas historias pero el azar quiso que sólo llegáramos a conocer una. Se trata de la historia de los tres príncipes de Serendip, individuos privilegiados no sólo por su noble ascendencia sino además por el don del descubrimiento fortuito.  

Cuenta la historia que estos tres personajes encontraban, sin buscarla, la respuesta a problemas que no se habían planteado; que, gracias a su capacidad de observación y a su sagacidad,  descubrían incidentalmente la solución a dilemas  impensados. 

Tan peculiar debió parecerle este don a un anónimo testigo que decidió inmortalizarlo escribiendo el anónimo relato que llevó por título, en inglés,  “The Three Princes of Serendip”. 

Mucha, mucha gente leyó ese libro a lo largo de los años. Pero cuando lo leyó el señor Horace Walpole en el siglo XVIII algo cambió. A Walpole el don de los tres príncipes también debió de parecerle sublime, si bien difícil de explicar, y se inventó al efecto una expresiva palabreja: “serendipity”, una palabra que, dado que el señor Walpole era inglés, tuvo su primera oportunidad de repetirse y crecer en el mundo anglosajón.

La palabra “serendipity” se encuentra hoy en los diccionarios de inglés y su noción se ajusta muy bien a numerosos casos de descubrimientos científicos, que se producen  “por casualidad”, que se encuentran sin buscarlos, pero que no se habrían llegado a realizar de no ser por una visión sagaz, atenta a lo inesperado y nada indulgente con lo aparentemente inexplicable. Aunque no existe oficialmente la traducción de dicha palabra al español, y mientras eso ocurre, utilizaremos el neologismo Serendipia.

 

Y como muestra de serendipias cuatro variopintos ejemplos de los muchísimos que existen:  la penicilina, el celuloide, el caucho vulcanizado y el pos-it. 


La penicilina  

 

El médico Alexander decidió concentrase en el problema de matar bacterias sin dañar el tejido ni alterar el sistema inmunológico. Pero he aquí, que Flemming tenía fama por algo más que por su brillantez como médico (y por ser buen tirador), era por tener el laboratorio más desastrado de todo Londres. En el Hospital Saint Mary de Paddington, cuando terminaba cualquiera de sus investigaciones, dejaba los platos de cultivos de tejidos desperdigados y sin esterilizar. Al cabo de unas semanas, el laboratorio estaba lleno de docenas de esos cultivos desatendidos que, antes o después, él examinaba por si había algo interesante y luego lo lavaba todo con antiséptico.

 

Un día a principios de 1928, volvió de vacaciones para incorporarse a su ajetreo habitual. Días antes había estado observando las variaciones de color entre las bacterias y había cultivado docenas de estafilococos procedentes de furúnculos y abscesos, y también de infecciones de nariz, garganta y piel. Algunos platos habían quedado casualmente medio sumergidos en una bandeja plana de antiséptico lisol y, antes de descartarlo, Fleming le echó una mirada. Para su sorpresa, en el centro de un plato había un pedazo de moho y alrededor un área desprovista de bacterias, que parecían haber sido matadas por el moho. Este descubrimiento accidental le concedería a Alexander Flemming el Premio Nobel: el moho resultaría ser penicilina.

 

 El celuloide  
 

En 1869, los fabricantes de bolas de billar Phelan y Collander ofrecieron cien mil dólares como premio a quien encontrara un sustituto del marfil. 

 

Esta oferta llamó la atención de un par de impresores de Albano, Nueva Cork, llamados Jhon (en la imagen superior)e Isaiah Hyatt, y a ello se dedicaron, prensando una mezcla de serrín y papel con cola en un intento de obtener un sustituto del marfil. Enfrascado en su trabajo se cortó un dedo y acudió a su botiquín en donde, sin querer, volcó un frasco de colodión derramando su contenido; el disolvente se había evaporado , dejando una capa de nitrocelulosa en el estante. Tras varios experimentos, Hyatt y su hermano descubrieron que el nitrato de celulosa y el alcanfor, mezclado con alcohol y calentado bajo presión, formaba un plástico aparentemente adecuado para las bolas de billar. 
 

Hyatt y su hermano no ganaron el premio por el sustituto de las bolas de billar, quizás porque las bolas hechas por ellos tendían a explotar. Pero patentaron su plástico hecho de nitrato de celulosa y alcanfor en 1870 bajo el nombre de celuloide y legó a ser popular para otras aplicaciones. A finales del siglo XIX, era utilizado para cuellos y puños de camisas de caballero. Fue moldeado para placas de dentaduras postizas, mangos de cuchillo, dados, bolígrafos y estilográficas y revolucionó el mundo de las baratijas.

  
El caucho vulcanizado
 
 

Otra famosa serendipia fue la de Charles Goodyear, inventor del caucho para neumáticos. El caucho en origen se volvía quebradizo con el frío y viscoso con el calor, haciendo imposible su uso en los neumáticos, pero Goodyear estaba convencido de que podía modificarlo para hacerlo más resistente a los cambios de temperatura. Con tanto afán y tan poco éxito se dedicó a sus investigaciones que su mujer terminó prohibiéndole que investigara más sobre el caucho, por el bien de la economía familiar y la salud mental de Charles. Pero él siguió investigando, a escondidas. Era un cauchópata. Un día que estaba en casa experimentando con caucho y compuestos de azufre, apareció su mujer antes de lo previsto. Goodyear escondió rápidamente su muestra en el primer sitio que encontró, el horno encendido. Cuando pudo sacarlo, descubrió que la cocción había endurecido el caucho hasta hacerlo útil para su uso en neumáticos. Había inventado el caucho vulcanizado.

Pero al pobre Goodyear no le fueron bien las cosas. Su patente no fue respetada por nadie, todos le copiaron el método y él no pudo sacar beneficios de su descubrimiento.

El Pos-it 

 

Las famosísimas notas Post-it surgieron tras un olvido de un operario de la fábrica de 3M, que descuidó añadir un componente a un pegamento, lo que dio como resultado un adhesivo poco potente. Toda la partida de pegamento se apartó y guardó, pues era demasiado valioso como para tirarlo aunque apenas tuviera poder adhesivo. Más tarde Art Fry (en la imagen superior), uno de los ingenieros de la empresa y un hombre devoto de la Iglesia Presbiteriana del Norte, harto de señalar las canciones con papelitos en su libro de salmos y perder las señales a cada momento, recordó la vieja partida de pegamento malogrado. Con él confeccionó las primeras de estas notas de quita y pon.


Referencias: "Serendipia"- Royson M. Roberts
/ http://www.cienciateca.com/ http://www.sabercurioso.com

 

Ayunos y abstinencias

Ayunos y abstinencias

Para situarnos en el tema, nada mejor que una breve introducción sobre ayunos y abstinencias extraída de la Enciclopedia Católica:


El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día. La abstinencia consiste en no comer carne. Son días de abstinencia y ayuno el Miércoles de ceniza y el Viernes Santo


La abstinencia obliga a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad.


Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozca la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.

 

El ayuno y la abstinencia se pueden cambiar por otro sacrificio, dependiendo de lo que dicten las Conferencias Episcopales de cada país, pues ellas son las que tienen autoridad para determinar las diversas formas de penitencia cristiana.


Y ya enterados del asunto, vamos a por lo curioso: 


A diferencia de otros libros sagrados, como el Talmud o el Corán, las Sagradas Escrituras no contienen ninguna prohibición alimentaria. Dicen los que creen en estas cosas, que a San Pedro una voz divina le anunció “Todos los animales que pueblan la tierra, así corran, vuelen o naden, están a disposición del hombre y le servirán de comida”.


Fue en el año 325, durante el Concilio de Nicea convocado por Constantino el Grande, cuando se estableció el periodo cuaresmal de cuarenta días. El motivo no fue otro que el de imitar los cuarenta días, con sus correspondientes noches, que Jesucristo pasó en el desierto en y ayuno antes de empezar su vida de predicación.


Al ayuno cuaresmal consistente  en una sola comida al día efectuada al atardecer, justo a la caída del Sol, tras la Eucaristía, se unió más tarde la abstinencia de comer carne. En el período cuaresmal solo podían consumirse productos vegetales: verduras, legumbre, frutas, pan aceite y agua, estando totalmente prohibidos la carne, las grasas animales, los huevos, los lácteos y el pescado.


La arbitrariedad de las normas dietéticas y los rudimentarios conocimientos biológicos de aquellos tiempos dejaban al descubierto múltiples lagunas e interrogantes que convertía lo prohibido y lo permitido en un auténtico galimatías. ¿Son, acaso, las ranas, tortugas, caracoles, almejas, mejillones…., más carne que pescado, o al contrario?, y la aves  ¿a qué grupo pertenecen?; ¿rompen la mantequilla o los huevos el ayuno? ¿ Se pueden comer capones?.


Ante semejante desmadre, la Iglesia resolvió dichas cuestiones (hasta en el Concilio de del  Concilio de Aquisgrán  (817)) con peregrinos y curiosos razonamientos, que varió a lo largo del tiempo:


Establecieron que el huevo era carne, aunque que no todos estuvieron conformes con esta decisión e incluso dentro de la propia iglesia aparecieron voces discordantes. El mismísimo Santo Tomás de Aquino se convirtió en defensor teológico de la tortilla indicando que esta no rompía el ayuno. La victoria final fue debida al papa Julio III, en 1553, declarándola como alimento válido para los días de vigilia, e incluso para los días Santos de Cuaresma.


Los capones, a partir del citado Concilio no rompía la abstinencia de carne. ¿ La causa del indulto?. Según las autoridades religiosas, algo evidente: su carne fue considerada poco sustanciosa por ser el capón un animal castrado.


Alrededor del siglo X, la jerarquía eclesiástica autorizó el consumo de pescado durante la Cuaresma.


Es famoso el disparatado caso de aquel monasterio portugués, que aprovechado que estaba en el regato del río, durante la Cuaresma, los glotones y pícaros monjes arrojaban aguas arriba una surtida colección de corderos, vacas y cerdos. Poco más tarde, ya en el cenobio, aparentaban sorprenderse al verlos aparecer flotando delante de ellos, y, con fingida ingenuidad, exclamaban “Ved, hermanos, qué peces más extraños lleva hoy el río…”. A continuación, y sin tiempo para resolver el misterio, se empleaban con delectación en dar buena cuenta de tan suculentos manjares.


Sobre si se podía comer todo tipo de peces, incluso los de carnes gasas y suculentas o  qué ocurría con el amplio grupo de animales que , sin ser peces, tienen su hábitat en el agua, en 1696 los doctores de la Iglesia concluyeron que para saber si la carne era carne o pescado, no había que fijarse ni en “su color o abundancia de su sangre, ni en la piel, ni el plumaje, ni en sus graznidos, ni en su vuelo, ni en su figura, ya que todo ello es apariencia y común a muchas especies”. Lo único que debía tenerse en cuenta era la grasa, , el elemento más nutritivo y apetecible, capaz de estimular la gula y el disfrute: “La grasa de los animales terrestres es una verdadera sustancia; sin embargo en los pescados es aceite”. De lo que se deduce que todos los no volátiles acuáticos, cuyas carnes son aceitosas, pueden ingerirse sin reparo alguno los días de vigilia”. Así para satisfacción de los fieles cristianos, la Iglesia permitió el consumo de ranas, tortugas, caracoles, nécoras, ostras, mejillones, cangrejos, pulpos, castores, nutrias,..


Curiosamente, y para asombro de forasteros,  los habitantes de los reinos de Castilla y León, tenían permitido mediante dispensa eclesiástica comer carnes denominadas “no selectas”, y podía comerse de las aves, los alones, el pescuezo, la molleja, la higadilla y los menudillos, y de otros animales ,como el cerdo o el cordero, la grasa, el tocino, las vísceras, la cabeza y las manos. Asimismo estaban permitidos ciertos embutidos típicos de los sábados, y, por este motivo, llamados “sabadeños” en Castilla y sabadiegos” en León.


Para acabar de redondear el asunto, estaban las “dispensas”. Así por ejemplo, los cocineros y pasteleros, por razón de su oficio, podían en todo momento probar (no “comer”) sus guisos para darle la sazón necesaria. Igualmente estaban autorizados a comer carne en días de abstinencia los cristianos que transitaran por tierras de infieles; o pásmense ustedes, aquellos otros que, como prisioneros, se encontrasen remando en galeras de herejes o paganos, si el no hacerlo les ocasionara daño grave. También se dispensaba por prescripción médica.


En relación con este tema, llama la atención la sensibilidad mostrada por el padre Feijoo, que en uno de sus escritos insta a los médicos a ser más generosos en excusar la abstinencia cuaresmal a los pobre que a los ricos, pues, razona el ilustre padre, los ricos pueden escoger entre muchos alimentos, mientras que los pobres apenas disponen de unas berzas o, a lo más, de un pescado muy salado o medio podrido.


Fueron por ejemplo, la bulas  y dispensas para saltarse ayunos y abstinencias, que la Iglesia concedía mediante pago, uno de los motivos por lo que el monje agustino Martín Lutero, puso la primera piedra de lo que sería la Reforma protestante; separación de la Iglesia católica que fue definitiva cuando el papa León X, el 31 de mayo de 1515, promulgó una nueva bula con el fin de recaudar dinero para terminar las obras de la Basílica de San Pedro de Roma.
 

Yo vi a muchos monjes en sus predicaciones

denostar el dinero e a las sustentaciones;

en cabo, por dinero otorgan los perdones,

assuelven el ayuno e fazen oraciones

 

(Juan Ruiz, Arcipreste de Hita)



Lo cierto de este berenjenal, y en resumen,  es que los ricos, la nobleza y gran parte del clero, ni ayunaron ni se abstuvieron de comer carne si no querían, mientras que el ayuno y la abstinencia fueron obligatorios para los pobre durante todo el año, y no precisamente por motivos religiosos.

 

La Cuaresma ha sido representada popularmente por una vieja con siete pies, que eran las semanas que duraba el periodo de ayuno. En la mano derecha llevaba un cayado de peregrino, una sartén o productos de Cuaresma y en la mano izquierda enarbolaba un bacalao.Los domingos, los niños de la casa arrancaban un pié a la vieja en un rito a caballo entre juego y solemne, para a la hora de comer quemarlo entre el jolgorio de todos. El domingo de Pascua se quemaba a la vieja con el único pié que le quedaba y se procedía a la primera comida suculenta, que generalmente, si la economía lo permitía, era cordero pascual y embutidos.

Esta famosa vieja también se exhibía en los escaparates de los comercios donde se vendía el bacalao a modo de aviso para recordar la prohibición canónica de comer carne, quemándose igualmente el domingo de Pascua.

 

Referencia: "Comer como Dios manda" - L. Jacinto García / "Historia de la cocina occidental" Carlos Azcoytia.

 

El hielo y el bostezo

El hielo y el bostezo

Hace ya tiempo escribí un artículo sobre el bostezo y sus supersticiones, y concluía diciendo que se debe a alguna o a varias de estas razones: sueño, hambre o aburrimiento grande. Pues bien, nuevas investigaciones aclaran un poco el motivo de ese compañero habitual de gran parte de nuestra vida. 

 

Andrew C. Gallup y Gordon G. Gallup, Jr., investigadores de la Universidad de Albany, no están de acuerdo con la teoría de que el bostezo no es más que un aporte extra de oxígeno a un cuerpo cansado física o mentalmente , ya que tal y como demostraron los experimentos, las alteraciones en los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en sangre no afectan a la reacción de bostezo, y sostienen que bostezar es un proceso que protege a nuestro cerebro del sobrecalentamiento y que además actúa como señal de alerta para otros.

 

De hecho, descubrieron que bostezar sirve como un mecanismo de enfriamiento del cerebro. En el curso del día, nuestro cerebro se calienta hasta el punto de quemar, él solo, un tercio de las calorías que consumimos. Para lograr funcionar de forma más eficiente, el cerebro necesite que se le enfríe. Por eso, cuando una persona bosteza, se incrementa instintivamente el flujo de sangre que aporta el aire fresco.

 

Durante los experimentos, observaron cintas de vídeo en las que aparecían personas/ cobayas bostezando. Se pidió a la mitad de los voluntarios que respirasen a través de la boca, y a la otra mitad que lo hiciera por la nariz. Como resultado, aquellos que respiraban por la nariz no bostezaban, mientras que el resto sentía la necesidad de reaccionar bostezando.

 

También se realizó otro experimento, donde se daba a las personas estudiadas una bolsita de hielo para que la mantuviesen sobre la frente. Ninguno de ellos bostezó, al contrario que los que llevaban sobre la frente una bolsita de agua caliente.

 

Los experimentos demostraron que el cerebro se enfría a través de la respiración por la nariz, ya que el apéndice nasal enfría el aire que finalmente la sangre lleva al cerebro. Enfriar de otras formas la cabeza crea el mismo efecto que bostezar, y es por esto que la gente que llevaba la bolsa de hielo no sentía la necesidad de hacerlo.

 

Al contrario de lo que sostiene la creencia popular, bostezar no significa que una persona quiera dormir – por sueño/hambre /aburrimiento grande , sino que tal vez solo elimine la urgencia por dormir. Los investigadores también explicaron el fenómeno del “bostezo contagioso” diciendo que tendemos a bostezar cuando vemos a alguien hacerlo porque este acto llama nuestra atención, y esto ayuda al grupo a estar alerta contra las señales de peligro.

 

Así pues, los que estéis rodeados durante gran parte de vuestro tiempo de "palizas" que os “calientan los cascos”, sabed que científicamente  hablando os están sobrecalentando el cerebro, y por ello debéis ir siempre provistos de vuestra bolsita de hielo. También es muy útil en el supuesto de compromisos de asistencia a conferencias/conciertos especialmente coñazos, que son muchos.

 

Desgraciadamente, si todos usan la bolsita de hielo, no podremos recibir las señales de peligro de “paliza cerca” y no podremos huir a tiempo.

 

Referencia: “Agencias”

 

Alimentos coloreados

 
Un producto de alimentación debe ser atractivo a la vista, ya que se empieza a comer con los ojos. Un alimento se compra y se acepta o no para el consumo según su apariencia, que comprende tres parámetros: modo de presentación (embalaje, iluminación,…), propiedades ópticas (color, traslucidez,…), y forma física (tamaño, textura, superficie interna,…).
 
Lo que sigue se ocupa de uno de esos tres parámetros: las propiedades ópticas, y concretamente del color de los alimentos. Así, el color es una de las características sensoriales esenciales que permiten el reconocimiento de un alimento, y que debe responder al de nuestras costumbres y a nuestra memoria histórica, es decir, deben tener un color tradicional para ser apetecibles. En función del contexto natural, comemos por costumbre alimentos amarillos, verdes, blancos o rojos, muy rara vez negros, casi nunca azules, y en cambio sí otros de color morado. 
 
Los colores no naturales parecen ser menos apreciados por el consumidor actual, que prefiere los de aspecto conocido y muestra cierta prevención frente al exceso de sofistificación, lo artificial, lo químico.
 

 

 
Por tal motivo la industria alimentaría, cuando modifica genéticamente un producto alimentario , siempre respeta y magnifica su color natural. Y es ahí en donde intervienen los colorantes, empleados habitualmente, que generalmente no presentan riesgos para la salud, y que tienen la función exclusiva de dar al producto el color ideal del producto a los ojos del consumidor. El sabor es otra cuestión que se detecta una vez comprado el producto y tiene por tanto un papel secundario en el negocio. 
 

 

Al consumidor le gusta que el salmón sea rojo, el pollo amarillo y los huevos de gallina blancos y en menor medida morenos. Pero lo cierto es que esta elección responde menos a la calidad de los productos que al acierto en su coloración. La cría en cautividad aleja a los animales del alimento que les aporta su tono natural, lo que fuerza a la industria alimentaría a intentar recuperarlo, para satisfacer a sus clientes.  
 
Un buen ejemplo es el salmón. En libertad estos animales consumen diversos crustáceos que tintan su carne, pero en las piscifactorias –de donde provienen, por cierto, la mayoría de estos animales que se consume en el mundo– esa alimentación desaparece y es sustituida por otros productos más rentables y fáciles de conseguir para el rápido engorde del salmón.
 

 

 
Así, el característico color rosa anaranjado de la carne del salmón se transforma en un gris parduzco cuando es criado en cautividad. Para recuperar el tono natural, los productores cuentan con una auténtica paleta de colores, similar a la que usan los pintores, o a las pantoneras de los diseñadores. Se trata de la carta Salmofan, diseñada por la empresa DSM –antigua división de vitaminas de la farmacéutica Roche–  y que ofrece, por ejemplo, una enorme gama de rojos anaranjados. Un estudio realizado en EEUU por Roche llegó a la conclusión de que los consumidores preferían los salmones más rojizos, ya que en su percepción relacionaban este tono con un producto más fresco, con mejor sabor y de mayor calidad. Esto significaba que estaban dispuestos a pagar más por ello.
 

 

 
Cada color está numerado y corresponde con la cantidad del aditivo (antaxantina) que debe mezclarse en la dieta de los animales, en función del color deseado.  
 
En las granjas acuáticas, una vez hecha la elección, se añade tanta antaxantina como corresponda a la tonalidad deseada y voilà!, el salmón tendrá exactamente ese color. 
 
La antaxantina es un carotenoide; es decir, una sustancia generada en laboratorio como síntesis de otros productos naturales, llamados beta-carotenos, los pigmentos rojo-anaranjados presentes en alimentos como las zanahorias.
 

  

 
La elección de colores no se practica sólo en la acuicultura. Los criadores de pollos utilizan otros carotenoides, como la cantaxantina, la zeantaxantina o la luteína, que sirven para elegir el tono tanto de los huevos como de la propia piel de los animales. Por ejemplo las granjas avícolas también cuentan con su propia pantonera, con gamas más o menos amarillentas, según el gusto del consumidor.  
 
Los humanos utilizaron en el pasado la cantaxantina como método de bronceado artificial. Pero este uso se abandonó cuando los estudios científicos demostraron que su ingesta provocaba daños en la retina. 
 
Por ello, en Europa está prohibida su utilidad para consumo directo humano, con la excepción de las tradicionales salchichas de Estrasburgo, a las que se ha permitido mantener este colorante como hecho diferencial cultural.
 
En cualquier caso, los expertos de la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria impusieron en 2003 una aportación máxima de la cantaxantina en la alimentación de los animales. 
 
La presencia de este compuesto tiene que ser inferior a 25 miligramos por kilo de pienso para los salmones y los pollos para carne, así como de 8 miligramos por kilo de pienso para las gallinas ponedoras. El límite hasta entonces era de 80 miligramos por kilo.
 

 

 
Y como no todos los consumidores gustan del mismo color en la piel de los pollos y en la yema de los huevos ( las investigaciones de mercado confirman que en el norte de la Península Ibérica suele gustar el amarillo más fuerte, mientras que en el sur optan por un amarillo más pálido ) se utiliza de nuevo la carta de colores de DSM , en la que las preferencias del los consumidores se traducirían , por ejemplo , en : Tono 10, más suave, para los madrileños, el tono 13 para los catalanes y para los vascos el amarillo vivo del tono 14.
 
Como podéis suponer, los colorantes no solo se utilizan para los productos naturales, sino que se aplican también a los cocinados. Pero tranquilos, que platos así,nunca los veréis ( salvo en esas comidas a ciegas que practican algunos snobs, o que Ferrán Adriá y similares lo pongan de moda) 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
Referencias: El color en la alimentación mediterránea- Ángel Barusi, F. Xavier Medina y Gemma Colesanti / “Público”- Para el gusto los colores-Oscar Menéndez

Lupercus y San Valentín

Lupercus y San Valentín

Ya en el siglo IV a.C. los romanos practicaban un rito anual de iniciación en honor del dios Lupercus, fiesta llamada de las Lupercales, y que se celebraba el 15 de febrero. Uno de los ritos consistía en meter los nombres de muchachas adolescentes en una caja , que los jóvenes los extraían al azar. De este modo, a cada uno de ellos se le asignaba una compañera para su mutua diversión y placer (a menudo sexual) durante todo un año, finalizado el cual se organizaba otro sorteo.

 

Dispuestos a poner fin a esta práctica, que contaba 800 años de antigüedad, los primeros Padres de la Iglesia buscaron un santo patrono de los “enamorados” para reemplazar al dios Lupercus, y hallaron un buen candidato en Valentín, un obispo que habla sido martirizado unos doscientos años antes.

 

En Roma, en el año 270 d.C., Valentín había enfurecido al demente emperador Claudio II, autor de un edicto que prohibía el matrimonio. Claudio opinaba que los hombres casados eran malos soldados, puesto que les costaba demasiado abandonar a sus familias para ir a guerrear. El Imperio necesitaba soldados, y por tanto Claudio, que jamás temió la impopularidad, abolió el matrimonio.

 

Valentín, obispo de Interamna, invitó a los enamorados jóvenes a acudir a él en secreto para unirlos en el sacramento del matrimonio. Claudio tuvo noticia de este “amigo de los enamorados” y ordenó al obispo que se presentara en su palacio. El emperador, impresionado por la dignidad y las convicciones del joven obispo, trató de convertirle a la religión de los dioses romanos, para salvarle de una ejecución que de otro modo tenía asegurada, pero Valentín se negó a renunciar al cristianismo e, imprudentemente, trató de convertir ai emperador. El 14 de febrero del año 270, Valentín fue apaleado, lapidado y, finalmente, decapitado.

 

Dice también la historia que mientras Valentín se encontraba en la cárcel, esperando la ejecución, se enamoró de la hija ciega de su carcelero Asterius, y que gracias a su fe inquebrantable le devolvió milagrosamente la vista. Después firmó un mensaje de despedida para ella, que finalizaba con las palabras “De tu Valentín”.

 

Desde el punto de vista de la Iglesia, Valentín parecía el candidato ideal para usurpar la popularidad de Lupercus, y por tanto, en el año 496, el severo papa Gelasio proscribió las lupercales de mediados de febrero, y estableció la fecha del 14 de febrero en honor a San valentín, conservado ,eso sí, la costumbre de la antigua lotería, puesto que conocía la afición de los romanos a los juegos de azar. Ahora, en las cajas que antes contenían los nombres de mujeres solteras y disponibles, se introdujeron nombres de santos. Tanto hombres como mujeres sacaban los papeles, y se esperaba de ellos que durante el año emularan la vida del santo cuyo nombre habían extraído. Se trataba, desde luego, de un juego diferente, con distintos incentivos, y esperar una mujer y sacar un santo debió de decepcionar a muchos jóvenes romanos. El supervisor espiritual y santo patrono de toda esta actividad era Valentín. De mala gana y con el transcurso del tiempo, cada vez más romanos olvidaron su festividad pagana y la sustituyeron por el día festivo de la Iglesia.

 

 

Tradicionalmente, a mediados de febrero era la época en que los jóvenes romanos de ambos sexos buscaban a sus parejas, práctica que habían instituido las lupercales. Aunque nadie reinstauró la lotería (hubiera sido pecado mortal), los jóvenes romanos instauraron la costumbre de ofrecer a las mujeres que les agradaban y a las que deseaban cortejar escritos con manifestaciones de afecto, el 14 de febrero. Estas misivas se pusieron bajo la advocación de San Valentín, y se extendieron con el cristianismo.

 

En el siglo XVI, San Francisco de Sales, obispo de Ginebra, trató de acabar con la costumbre de las tarjetas y reinstaurar la lotería con nombres de santos, convencido de que los cristianos se mostraban algo remisos y necesitaban modelos que emular. Sin embargo, esa lotería tuvo menos éxito y fue más efímera que la del papa Gelasio, y en vez de desaparecer las tarjetas proliferaron y se hicieron más decorativas. Cupido, el querubín desnudo armado con flechas empapadas de una poción amorosa, se convirtió en popular imagen de las “valentinas”. Se le asociaba con esta festividad, porque en la mitología romana es el hijo de Venus, diosa del amor y de la belleza.

 

En el siglo XVII, estas tarjetas dibujadas a mano eran de gran tamaño, muy ornamentadas, en tanto que las compradas en las tiendas eran más pequeñas y muy caras. En 1797, un impresor británico publicó un librito titulado “El joven escritor de valentinas”, que contenía docenas de versos sentimentales para el enamorado incapaz de redactar o componer los suyos.

 

Los impresores y editores ya habían empezado a producir un número limitado de tarjetas con versos y dibujos, llamados “valentinas mecánicas”, y una reducción en las tarifas postales en el siglo siguiente permitió un uso más generalizado, lo que facilitó la difusión de estas tarjetas. A su vez, esto permitió, por primera vez, enviar postales anónimas, lo que explica la súbita aparición de versos más atrevidos en una época victoriana.

El aumento en el número de tarjetas postales obscenas obligó a varios países a prohibir su envío. En Chicago, por ejemplo, a fines del siglo XIX la central de correos rechazó unas 25.000 alegando que no eran dignas de ser transmitidas por los servicios postales del país.

 

El primer editor norteamericano de valentinas fue la impresora y artista Esther Howland. Sus tarjetas de imitación de encaje, que datan de la década de 1879, costaban de 5 a 10 dólares, y algunas llegaban a venderse a 35. A partir de entonces, el negocio de estas postales florecía por doquier, y hoy los americanos todavía intercambian más postales el día de San Valentín que en cualquier otro momento del año, con la excepción de Navidad.

 

Referencia: “Las cosas nuestras de cada día” – Charles Panati-Círculo de Lectores-1990

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

El 16 de diciembre de 1928, nace en un parto prematuro, junto a su hermana gemela Jane, Philip K. Dick, considerado uno de los escritores más importantes del género de ciencia ficción, y autor de 46 novelas, entre ellas la famosa “¿Sueñan  los androides con ovejas eléctricas?” , mundialmente conocida por la película “Blade Runner” dirigida por Ridley Scott , basada en dicha novela y que Piliph Philip K. Dick no pudo llegar a ver al fallecer de un fallo cardíaco el 2 de marzo de 1982, 4 meses antes de su estreno. .

 

En 1940 empieza a leer y a escribir ciencia ficción, pero no es hasta 1950 cuando decide dedicarse exclusivamente a escribir. Escribe novelas de ciencia ficción y realistas, pero sólo verá publicadas las primeras, mal pagadas y consideradas subproducto literario. Su primera novela de ciencia ficción la publica en 1952; se titula Lotería solar.

 

Aquejado en su juventud de asma y agarofobia, una creciente paranoia le convierte en informador durante años del FBI de supuestas conspiraciones contra él  y contra el Estado.

 

Escritor prolífico, escribe 11 novelas entre 1963 y 1964, y es en ese año cuando empieza a tomar LSD, que mezclado con anfetaminas incrementa aún más su paranoia . En 1970 dice ver luces rosas que todo lo iluminaba y oye voces. Después viene un intento de suicidio y el ingreso en una clínica de rehabilitación.

 

No escribe nada hasta 1973 , salvo comentarios derivados de una experiencia que dice tener con una entidad superior, que él denomina VALIS (Vasto Sistema de Inteligecia Extraterrestre). Esta experiencia le llevará escribir al final de su vida una trilogía dedicada exclusivamente a la religión : Valis (1981), La invasión divina (1981) La transmigración de Timote Archer (1982).

 

A versiones de las novelas de Philip K. Dick, ademásde la ya citada "Blade Runner" /Ridley Scot (1982), corresponden entre otras las películas "Desafío total" /Paul Verhoeven (1990), " Asesinos cibernéticos" /Christian Duay (1995), " Minority Report" /Steven Spielberg (2002) o "Paycheck" / Jhon Woo (2003). 

 

La triste historia de Gracita Morales

La triste historia de Gracita Morales

Suele ocurrir que las grandes estrellas cómicas, que hacen reír a miles de personas, en su vida real son todo lo contrario de lo que representan  de cara al público. Dicen que Pepe Isbert era un tirano tacaño, sucio y pendenciero, José Luis Ozores , un impotente reprimido y con fuertes brotes pedofílicos, Manolo Morán ,un  machista, borracho y ludópata, José Luís López Vázquez , un putero y fetichista…. y Gracita Morales , que también tenía su lado oscuro, habitual consumidora de tranquilizantes y alcohol. 

 

Sin entrar en más detalles, esto no fue nada malo para ella, sino todo lo contrario, gracias a las drogas, ella era capaz de desarrollar sus personajes tal y como fueron concebidos, o sea, disparatados y en constante estado de delirio. Además ella controlaba muchísimo y nunca parecía “estar pasada de drogas” (Aunque en “Operación cabaretera” se le fue la mano, y sus pupilas estaban tan dilatadas que los ojos no fotografiaron en azul sino reflejando la luz de los focos, y la pobre parecía un muerto viviente). Una mezcla de valium- transilium -Anís del Mono, fue la responsable de la “expresión mística” de la cara de Gracita en “Sor Citroen” (Que le valió convertirse en la ídolo de todas las monjitas españolas, que veían en ella a su otro yo.

 

También Alfredo Landa en sus memorias "Alfredo el grande-Vida de un cómico" -Edit. Aguilar2008, le dedica unas páginas en las que describe el comportamiento despótico y desquiciado de Gracita en sus últimos rodajes de éxito.

 

Desgraciadamente Gracita tras su época de esplendor a mediados de los sesenta y principios de los setenta , pasó a padecer un infierno particular tanto en lo profesional como en lo personal.

 

En lo profesional su cotización bajó muchísimo; el tabaco y el alcohol habían acabado con su característica voz de pito, los directores de la época la veían como un símbolo franquista y pensaban que contratarla en plena transición no era conveniente, su físico se deterioraba por momentos (la cara llena de arrugas, la espalda totalmente encorvada, los ojos extraviados,…) y su imagen ya no era apropiada para comedias celtibérico—costumbrista , para las que teóricamente estaba destinada. Su memoria ya no era la que fue y era incapaz de aprenderse un guión de más de una página, y sus trabajos se redujeron a meras apariciones estelares en las películas de Ozores, en series de televisión, y sobre todo en las obras de teatro de Alonso Millán, en papeles secundarios (era un magnífica secundaria que con solo aparecer eclipsaba a todos los demás actores) y en plan friki, para que la gente se riera de ella y no con ella.

 

En lo personal, tras un período de unos diez años , los setenta, en los que estuvo sumida en una profunda depresión por el fracaso de su matrimonio, y dado que por sus achaques ya no podía vivir sola y necesitaba de atención, vendió su casa y se trasladó a casa de su sobrina,  a quien idolatraba y consideraba como una hija.

 

La tal sobrina , actriz fracasada, falta de talento y nula intérprete que achacaba su falta de éxito a la fama de su tía, empezó a cobrarse todos sus fracasos y convirtió los últimos años de Gracita en los peores de su vida. Para empezar, se ocupó personalmente de la carrera de su tía, obligándola a trabajar en los papeles más denigrantes bajo la amenaza de cortarle el suministro de tranquilizantes y alcohol, los únicos consuelos de Gracita, y además gastándose todo lo que le pagaban.  Ella fue la encargada de filtrar a la prensa los rumores de que Gracita estaba completamente senil y que por caridad ella la cuidaba como si de su madre se tratase y de forma totalmente desinteresada…..pero eso sí, cobrando todas las exclusivas concernientes a su tía. Muchas veces llevó a Gracita a Urgencias , por sobredosis de tranquilizantes, tan solo para cobrar la exclusiva  y gastarse alegremente el dinero en sus caprichos. También hizo creer a Gracita, que estaba totalmente olvidada, sin fans y que todas sus películas eran un fracaso de audiencia en televisión (cobrando en su nombre todos los derechos de imagen) y que ya nadie se acordaba de su época gloriosa. Del dineral que ingresaba de autores cada mes, Gracita solo obtenía una botella de Anís del Mono por semana, y su dosis de tranquilizantes.

 

Totalmente destruida y en permanente estado de intoxicación química y etílica, Gracita no podía durar mucho tiempo, y al final pasó lo que tenía que pasar, y murió en 1995 en loor de multitud (su sobrina volvió a cobrar la exclusiva de su muerte), para convertirse en un mito del cine español de todos los tiempos y en ídolo de las generaciones venideras que la idolatraban de manera irremediable.

     




Referencia : “ Mondo Brutto” nº 18—Versión suavizada y ligeramente retocada.

Muy triste historia sobre María Gracia Morales Carvajal , nacida en Madrid el 11 de noviembre de 1928 y muerta en esa ciudad el 3 de abril de 1995, una de las actrices  cuyas películas vi y veo con cariño (todo lo contrario de lo que me ocurre con los truños de Paco Martínez Soria), y que no se mereció tan triste final. 

La castellonense Mònica Gozalbo, licenciada en Comunicación por la UPF, ha publicado una tesina titulada “La actriz cómica del cine español”, en la que relata la vida de Gracita “lejos de la mitomanía bizarra, detectando los rasgos propios de su comicidad, observar los mecanismos de comedia en los que ella era pieza clave y describir, en definitiva, la manera en que Gracita nos hizo reír”.

Habrá que conseguir la tesina.