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FRANZ

EL POLVO Y LA MALA LECHE

EL POLVO Y LA MALA LECHE

Si en el siglo XVIII algún señor hubiera dicho a otro: «va­mos a echar un polvo», o algo por el estilo no hubiera causado ninguna sorpresa ni escan­dalizado a nadie. Se referiría al rapé o tabaco en polvo. De la misma manera se debería entender la frase refiriéndose al acto de empolvar una peluca.

 

La acepción malsonante , como sinónimo de acto sexual, deriva de  la Biblia y  la liturgia católica.

 

En el Génesis, cap. 3, v.19 se dice: «Con el sudor  de tu rostro comerás pan hasta que tornes al suelo, pues de él fuiste tomado ya que eres polvo y tornarás al polvo.» En la liturgia del Miércoles de Ceniza el sacerdote pronunciaba las palabras: «Memento homo quia pulvis eser in pulverem reverteris» («Recuerda hombre que eres polvo y al polvo has de volver»). En una traducción popular basada en el texto bíblico ya citado y en el anterior en el que se dice que Dios hizo al hombre del barro, es decir del polvo hume­decido, se dijo «que del polvo vienes y al polvo has de volver». Teniendo en cuenta que el origen del hombre se encuentra en el coito, se identificó éste con el polvo bíblico y litúrgico, con lo que la palabra tomó un sentido que en un principio no tenía.

 

En cuanto a la expresión “tener mala leche” hay que recordar que una creen­cia muy antigua atribuía gran importancia a la leche que se mamaba en la primera niñez. Se recomendaba, como se reco­mienda ahora, la lactancia materna: pero en el caso en que ésta no era posible se creía que la leche mamada de ubres mercenarias influía en el carácter del niño. Así, por ejemplo, si la nodriza era iracunda lo sería también el lactante, si avara, avaro sería él, etc.

 

Persona malaleche , es una persona de permanente mal humor; sujeto mal intencionado y avieso; individuo de mala índole, que siempre anda buscando las vueltas a las personas o a las cosas. Se alude con este vocablo compuesto a la calidad de la leche que mamó el sujeto en cuestión. Antaño se dijo “ leche” a la estirpe o ralea de la que uno desciende, siendo sinónimo de “raza”.

 

San Agustín, que creía en ello, recomienda que se empleen nodrizas cristianas para que el niño no se vea inficionado por leche pagana y en la Edad Media, y muy especialmente en España, se recelaba de las nodrizas no cristianas, judías o musulmanas, por creer que «tenían mala leche» y el niño sufriría toda su vida la influencia de la leche mamada.

 

«Ser de mala leche» significaba, pues, no haber sido ali­mentado por la madre o una nodriza cristiana y por lo tanto no ser de fiar. 

 

Referencia: Historias de la historia- Segunda serie-Carlos Fisas-Editorial Planeta/ Inventario general de insultos- Pancracio Celdrán-Ediciones del Prado 1995

ISABELONA Y DOÑA PAQUITA

ISABELONA Y DOÑA PAQUITA

Hay quienes no sienten ninguna simpatía por la Monarquía en general y por los Borbones en particular. Y es que aunque los Austrias también hicieron de las suyas ,y muchas, han sido los Borbones los últimos reinantes que han sido y son, quienes han ayudado y mucho a la escasa simpatía que algunos les profesan. Como consuelo de muchos, consuelo de tontos, decir que como el resto de las Monarquías no se diferencian en nada con la española, de nada habría servido, por ejemplo, nacer en Gran Bretaña o en la Francia de antes de la guillotina.

 

Hoy la historia trata sobre Isabel II, que reinó en España entre1833 y 1868. Y de ella y su marido Paquita va lo que sigue:

 

Fue Isabel una niña algo corta de entendederas y de tan descuidada educación que era prácticamente analfabeta. En lo que resultó precoz fue en el sexo, en parte porque había heredado el carácter ardiente y lujurioso de la familia y en parte porque fue corrompida por sus propios tutores. A los 13 años la declararon mayor de edad y a los 16 la casaron con su primo Francisco de Asís, ocho años mayor que ella y descendiente también de de Felipe V, el primer Borbón español.

 

Francisco de Asís era un bisexual notorio escorado a maricón y voyeur. " ¡Qué puedo decir, se lamentaba Isabel, de un hombre que en nuestra noche de bodas llevaba más encajes que yo?". El pueblo, que es cruel, lo apodó Pasta Flora y Doña Paquita.

 

Creció Isabel, más a lo ancho que a lo alto, y se convirtió en una reinona gorda y fofa, castiza y chulapona, hipocondríaca y fecunda, y una glotona, que se zampaba sin medida sus platos preferidos: el arroz con pollo, el bacalao con tomate y el cocido y trasegaba las fuentes de arroz con leche como si fueran aceitunas.

 

La reina que era muy fogosa tuvo decenas de amantes. Tuvo once hijos de los cuales le vivieron seis. Los historiadores han echado cuentas y al parecer los que nacían muertos o morían a poco de nacer eran los que engendraba de su primo y esposo. Los otros los tuvo con distintos amantes.

 

Por ejemplo, el que sería rey Alfonso XII tuvo por padre al bizarro capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó, y no pasa nada, porque aunque Alfonso II era hijo adulterino, la ley española, fiel al código napoleónico, sostiene que todo hijo nacido del matrimonio tiene por padre al  marido; así como suena.

 

Dos influencias predominantes en la vida de Isabel II, fueron el confesor de la reina, el padre Claret, un minúsculo y enjuto clérigo atormentado por la permisividad sexual de los nuevos tiempos, y sor Patrocinio de las Llagas alias “la monja de las llagas” , una monja histérica y falsaria que había sido procesada por fingidora de milagros y que aprovechando que la reina, simplona y entregada, era incapaz de negarle un favor, se convirtió en una pía agencia de empleo que colocaba a sus recomendados en los mejores puestos de la administración pública.

 

La sor Patrocino y el padre Claret

con la Isabelona y Paquito también

bailan el fandango con mucho placer

¡Vaya cuatro patas para una sartén!

 

Como durante el reinado de Isabelona, protegió a la Iglesia de tal forma que llegó a ser más próspera y poderosa que durante el siglo anterior, el Papa agradecido la premió con la más alta condecoración vaticana, la Rosa de Oro. “Santo Padre, ¡es una putttana!” objeto un cardenal de la curia, a lo que Pío XI replicó: “Puttana, ma pía”. Y aquí paz y después gloria.

 

En 1868, un pronunciamiento del ejército, mandó al exilio a Isabel ,  bajo los gritos del populacho, cambiante como una veleta según el viento que sopla, “Abajo la Isabelona, fondona y golfona”. Y dejamos a la reina en el exilio, donde siguió cometiendo sus analfabetas tonterías.

 

Pero no olvidemos a Francisco de Asís, personaje tan jugoso como Isabelona. De mediana estatura, más bien delgado, que no destaca por su físico, pese a no ser feo. Es culto y refinado, totalmente al contrario que su santa esposa, de voz atiplada, abierto al arte, la política y las finanzas. Pero el detalle clave es que es que ya desde bien pequeño manifiesta una exagerada inclinación hacia todo lo femenino, especialmente la ropa íntima, que no duda en ponerse, y los perfumes ( ¿Recordáis lo de Isabelona? : " ¡Qué puedo decir de un hombre que en nuestra noche de bodas llevaba más encajes que yo?").

 

Una de las canciones populares que dedican al enlace dice: “Isabelona tan frescahona y Don Paquito tan mariquito”

 

El carácter descaradamente afeminado de Pasta Flora /Paquito Natillas/ Doña Paquita/Paquita, como se le conoce, es objeto de burla por parte de las voces populares, que le dedican todo tipo de versos y canciones satíricas, en las que también se ironiza acerca de un defecto genético que le obliga a orinar agachado:

 

Paquito Natillas

es de pastaflora

y orina en cuclillas

como una señora.

 

A pesar de hacer gala de una inclinación manifiestamente homosexual, cuando no andaba ocupado en el acoso y derribo de  apuestos mozos de su guardia, de vez en cuando no le hacía  ascos a una señora, como por ejemplo Conchita Navarro, condesa de “El Azor”.

 

 

Referencia : “ La historia de España contada para escépticos” - Juan Eslava Galán / “Los borbones en porretas” – Colectivo

EL AJO Y EL CHANDAL

EL AJO Y EL CHANDAL

El latín allium -de dónde viene nuestro ajo- procede de una palabra celta que significa “caliente”. No en vano el padre de la medicina, Hipócrates, clasificó al ajo entre los sudoríficos y dijo de él que era “caliente, laxante y diurético”.

 

Originario del Asia central, fueron los cruzados quienes difundieron el ajo por la Europa medieval, donde se le atribuyeron innumerables virtudes salutíferas, que hacían de él un remedio muy eficaz contra la peste, las posesiones demoníacas y muchas otras dolencias.  De hecho, llegó a considerarse al ajo poco menos que una especie de panacea, como bien demuestra el dicho popular según el cual “ el ajo es la triaca (1) del villano”. 

(1) La triaca o teriaca era un preparado polifármaco compuesto por varios ingredientes distintos (en ocasiones más de 70) de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora. Se usó desde el siglo III a.C., originalmente como antídoto contra venenos, incluyendo los derivados de mordeduras de animales, y posteriormente se utilizó también como medicamento contra numerosas enfermedades, siendo considerado una “panacea universal”, ese mítico medicamento capaz de curar todas las enfermedades e incluso prolongar indefinidamente la vida. Se popularizó en la Edad Media, y durante muchos siglos se empleó con variaciones en su formulación, registrándose en las principales farmacopeas de la época hasta que perdió auge en los siglos XVIII y XIX.

Para más información sobre el ajo os remito al curioso artículo “Una picante historia” de este mismo blog, y que podéis leer en http://batiburrillo.blogia.com/2008/101401-una-picante-historia.php

 

Independientemente de sus propiedades medicinales profilácticas y curativas, el uso del ajo como condimento ha sido característico de la cocina mediterránea y muy especialmente de la española. Buena prueba de ello son los nombres de guisos tan nuestros como el ajoblanco (con ajo, aceite, miga de pan, vinagre y agua o leche de almendras) o el bacalao al ajoarriero (con ajo, aceite, pimiento, cebolla y pimentón).

 

Pero por encima de todos, la salsa que algunos historiadores consideran como el monumento culinario más antiguo del mundo, está preparada con ajo y aceite ya por los egipcios, quienes lo dejaron en herencia a los romanos -el morterum de Virgilio- y en España se menciona ya desde el siglo X, con los nombres de ajolio y ajiaceite. Con la xanfaina, el sofregit y la picada, es una de las cuatro salsas básicas de la cocina catalana y precisamente del catalán all i oli (literalmente “ajo y aceite”) procede el nombre allioli, que en los dos últimos siglos se ha utilizado en la cocina española para el tradicional ajiaceite.

 

Como en todos los mercados del mundo, también en el Marché des Halles de París los vendedores tenían por costumbre proclamar su mercancía voz en grito y con un característico lenguaje apocopado. Así, acortando la palabra marchand (vendedor) a chand, era habitual oír gritar “Chand d’habits! chand d’habits!” a los vendedores de ropa: “Chand d’ail! Chand d’ail!” a los vendedores de ajos. Y precisamente ese nombre, chandail, se dio en el lenguaje popular a los gruesos jerséis de punto que llevaban los vendedores del mercado. Castellanizada a chándal, esta palabra se usa entre nosotros para designar un conjunto de jersey o cazadora y pantalón de punto de hechura holgada y muy cómodo para (teóricamente) hacer ejercicio.

 

 

Referencia: Wikipedia / Parentescos insólitos del lenguaje- Fernando A. Navarro-Ediciones del Prado-2002

Recetas para cocinar poesías

Recetas para cocinar poesías

Para aquell@s a quienes gusta escribir poesía libre, y para esos momentos en que las musas andan lejos, ahí van unas cuantas recetas para cocinar poesías. Buen provecho.



Acrósticos

 

Escribimos un nombre o una frase corta en vertical. Cada letra será el comienzo de una palabra o frase y al final tiene que quedar un texto con sentido, aunque a veces sea un poco surrealista. Un par de ejemplos con LUNA:

 

Largas

Uñas

Nocturnas

Aullaban

 

Los gatos nocturnos

Únicamente maullaban

Noctámbulos y nerviosos

Ante las chimeneas

 

Nombre+Adjetivo

 

Se trata de crear un listado de nombres sobre un tema y adjuntarles un adjetivo. Ejemplo con nombres del tema "pueblo":

 

Tejados humeantes,

Calles solitarias

Casas envejecidas

Fuente callada

...

 

Rimando nombres

 

Se eligen nombres de amigos, de la familia,... y se crea una rima con lo que le gusta, no le gusta, como es,... Ejemplo:

 

A Ramón

le gusta el trombón

 

Rimando palabras

 

Igual que rimando nombres, pero con cualquier pareja de palabras.

 

Ejemplo con espejo/conejo:

 

De mirarse en el espejo

tiene orejas el conejo

 

Concatenación

 

Comenzamos cada verso con el final del anterior. Ejemplo de Machado:

 

La plaza tiene una torre,

la torre tiene un balcón,

el balcón tiene una dama,

la dama una blanca flor.

...

 

Repetición

 

Se repiten palabras en cualquier lugar de la frase. Un ejemplo de García Lorca:

 

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

...

 

Anáfora o paralelismo

 

Se repiten palabras al comienzo de los versos (anáfora) o se repite la misma estructura sintáctica (paralelismo). Ejemplo gatuno:

 

Los gatos maúllan,

los gatos ronronean,

los gatos se relamen,

los gatos en la tarde,

los gatos pasean.

 

Asíndeton

 

Supresión del uso de la palabra "y".

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso....

 

Haikus

 

Es una forma poética japonesa. Se compone de tres versos sin rima. El primero tiene 5 sílabas, el segundo 7 y el tercero 5, aunque se admiten variaciones en el número de sílabas.

 

Tradicionalmente el haiku buscaba describir los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones, o la vida cotidiana de la gente. Ejemplo clásico de Matsuo Basho:

 

Un viejo estanque;

se zambulle una rana,

ruido de agua.

y otro de Maíta Masai:

Un árbol

Otros árboles

Un bosque

 

Poema colectivo

 

Cada persona comienza una línea del poema y cuando lo han hecho intercambian las hojas para escribir el siguiente verso. Así hasta que las hojas hayan pasado por todas las personas.

Se pueden realizar con condicionantes concretos.

 

a) Con presentes de subjuntivo y futuros. Se comienza con una frase que tenga primero un presente de subjuntivo y después un futuro.

 

Ejemplo:

 

Cuando llegue el verano me iré de vacaciones.

 

El siguiente debe iniciar su línea convirtiendo el futuro en presente de subjuntivo y añadir otro futuro en la frase. Ejemplo continuando la frase anterior:

 

Cuando me vaya de vacaciones visitaré Menorca.

Cuando visite Menorca...

 

y se continúa con la misma estructura.

 

b) Lo mismo que antes, pero con imperfecto de subjuntivo y condicional. Ejemplo:

 

Si yo fuera viento soplaría muy fuerte.

Si soplase muy fuerte, arrastraría la luna.

Si arrastrase la Luna, la noche la echaría de menos.

Si la noche la echara de menos las estrellas la llamarían.

...

 

Poemas paralelos

 

Se trata de crear poemas basándose en otros y cambiando algunas palabras. Ejemplo con García Lorca:

 

ES VERDAD

 

¡Ay que trabajo me cuesta

quererte como te quiero!

 

Por tu amor me duele el aire,

el corazón

y el sombrero.

...

TAMBIÉN ES VERDAD

 

¡Ay que trabajo me cuesta

ganar este dinero!

 

Por mi sueldo me duele el aire,

el pulmón

y soy minero.

...

 

A partir de una imagen

 

Se observa una imagen y se hace una lista de substantivos y otra de adjetivos que tengan que ver con la imagen. A partir de ahí se utiliza la “receta” anterior de “Nombre+adjetivo”. Ejemplo viendo la imagen de “La habitación de Arlés” de Van Gogh:

 

Substantivos: tiempo, sueño, ventana, silencio, madera,...
Adjetivos: amarillo, denso, callado, quieto, delicado,...

 

Tenemos

 

tiempo amarillo y callado

sueño denso y quieto

...

 

Con diptongos

 

Inventar una poesía con las palabras con diptongo que aparecen en un poema. Ejemplo con unos versos de Miguel Labordeta:

 

Siempre solo,

con mis sueños

y mi carne.

Con mi cantar indeciso

entre labios

atravieso las calles

bajo la lluvia.

 

Podemos tener:

 

Siempre atravieso la lluvia

entre sueños y labios indecisos.

 

Poemas descascarillados

 

Presentamos un poema descascarillado. Ejemplo con "La casa" de Clemencia Laborda:

 

Ventanas .............

............. escaleras

muros .............

con enredaderas

y en el tejadillo

palomas .............

 

y proponemos completarlo.

 

¿Quién?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿qué hizo?, ¿con quién?

 

Se puede crear un poema como el siguiente:

Un búho

en el cielo

al atardecer

silenciosamente

volaba

con la Luna.

 

El gazapo

 

A un poema como este de Juan Ramón Jiménez:

 

Cuando esté con las raíces,

llámame tú con tu voz.

Me parecerá que entra

temblando la luz del sol.

 

se le añade o cambia un verso, en este caso uno de "Donde habite el olvido" de Luis Cernuda:

 

Cuando esté con las raíces,

donde habite el olvido,

llámame tú con tu voz.

Me parecerá que entra

temblando la luz del sol.

 

Limericks

 

Poemas de cinco versos sin medida fija y con dos rimas consonantes distintas. Ejemplo de María Elena Walsh:

 

Una vaca que come con cuchara

y que tiene un reloj en vez de cara,

que vuela y habla inglés,

sin duda alguna es

una vaca rarísima, muy rara.

 

Oximoron

 

Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido, como por ejemplo silencio atronador, armonía discordante, ataque defensivo, audaz cobardía.

 

Ejemplos de utilización

 

Jorge Luís Borges

Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis.
...

Lope de Vega:


Sosiega un poco, airado temeroso,
humilde vencedor, niño gigante,
cobarde matador, firme inconstante,
traidor leal, rendido victorioso.

Déjame en paz, pacífico furioso,
villano hidalgo, tímido arrogante,
cuerdo loco, filósofo ignorante,
ciego lince, seguro cauteloso…

 

Quevedo:

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!


Teresa de Ávila:

 

Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero

Luis de Góngora:

Y mientras con gentil descortesía
mueve el viento la hebra voladora

 

San Juan de la Cruz:

 

Que tiernamente hieres, soledad sonora, música callada

 

Referencia: http://www. craaltaribagorza.net

 

La Última Cena

La Última Cena

Ha pasado a la Historia como la cena más famosa de la Humanidad, a pesar de que el menú que en ella se degustó siga siendo hoy en día un misterio. Si nos ceñimos a la literalidad de lo escrito en los evangelios, Jesús y sus 12 apóstoles debieron de despacharse aquella noche con un refrigerio donde el pan y el vino fueron los indiscutibles protagonistas.

 

Sin embargo, es de suponer que en la mesa de aquel grupo de amigos –que compartían mantel por última vez,  tenía que haber otros alimentos a los que los evangelistas no dieron importancia. Y durante mucho tiempo, se creyó que esos alimentos eran cordero y hierbas amargas.

 

Claro que la parquedad de detalles culinarios de las Escrituras no es de extrañar. No en vano, y según su relato, aquella noche tuvieron lugar dos de los acontecimientos más relevantes del cristianismo, así que entra dentro de la lógica que el aspecto puramente gastronómico de la celebración quedara en un segundo plano. En primer lugar, y en medio del ágape, Jesucristo anunció, ni más ni menos, que uno de los comensales era un traidor: «Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, dijo: ‘Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará. Muy entristecidos, empezaron a preguntarle uno por uno: ‘¿Seré yo, Señor?’. Y él respondió: ‘El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ése me va a entregar’» (Mateo 26, 20-23).

 

¿Qué alimentos había en esa fuente? La pregunta ni se les debió de pasar por la mente a los evangelistas, concentrados en relatar un asunto tan serio como la traición de Judas Iscariote, quien, a la sazón, acababa de retirar su mano de la citada fuente... Para más inri, el propio Judas fue el responsable del menú de aquella Última Cena, ya que, según la tradición cristiana, era el tesorero del grupo y se encargó personalmente de adquirir las viandas que en ella se degustaron. Y conociendo su carácter pesetero (vendió a Jesús por 30 monedas de plata...) es de suponer que no sería muy espléndido.

 

Fuera cual fuera el menú pagado por Judas, los trece digirieron como pudieron la noticia bomba de su deslealtad y continuaron cenando hasta que Jesús tomó los dos únicos alimentos citados en los Evangelios, el pan y el vino, para realizar el acto que se considera fundacional de la Iglesia católica: la institución de la Eucaristía. «Durante la cena, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: ‘Tomad, esto es mi Cuerpo’. Luego tomó una copa, dio gracias, se la entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: ‘Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por todos. Os aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios’» (Marcos 14, 22-25).

Evidentemente, la transustanciación del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Jesucristo fue el momento cumbre de aquel convite. Y los evangelistas, lejos de dedicar un solo versículo más a relatar si los allí reunidos tomaron postre o café, pasan sin más a la descripción del resto de acontecimientos que tuvieron lugar esa noche (el apresamiento de Jesús, la negación de Pedro…).

 

Con tan pocas alusiones explícitas a la comida, sólo podemos elucubrar el posible menú de aquella importante cena, basándonos en la tradición que la Iglesia católica popularizó a partir del siglo IV.

 

Apoyándose en esa tradición, la opinión más extendida siempre ha sido que comieron cordero asado, hierbas amargas, vino y pan ácimo, es decir, preparado sin levadura. La creencia se sustenta en que ése era precisamente el menú que, según el libro del Éxodo (Ex 12, 1-12), Dios ordenó tomar para celebrar la fiesta de la Pascua (que conmemora el día en que el pueblo judío fue liberado de la esclavitud y conducido a la Tierra Prometida). Y como los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas –llamados sinópticos por las similitudes que hay entre ellos– sitúan cronológicamente la Última Cena en el día de la Pascua, desde tiempos inmemoriales se dio por sentado que los Trece debieron de decantarse por una elección gastronómica de lo más ortodoxa. «Llegó el día de la fiesta de los panes sin levadura, en que debía inmolarse el cordero pascual, y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: ‘Encargaos de prepararnos la cena de la pascua’» (Lucas 22, 7-8).

 

Pero otra versión distinta del cordero acompañado del pan ácimo y el vino, basada en la que San Juan escribió en su evangelio sobre cómo y cuándo trascurrieron los hechos ha empezado a cobrar fuerza, sobre todo entre los católicos.

 

Y, gastronómicamente hablando, esta teoría de San Juan no es baladí ya que echa por tierra el menú que hasta la fecha se había considerado más plausible: según este evangelio, no pudieron comer cordero porque aquella reunión se produjo un día antes de la tradicional fiesta judía: «Antes de la pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre […]. Después condujeron a Jesús desde la casa de Caifás hasta el palacio del Gobernador. Era muy temprano. Los judíos no entraron en el palacio para no contraer impureza legal y poder celebrar así la cena de Pascua» (Lucas 13, 1; 18, 28).

 

En 2007, durante la celebración de la misa de Jueves Santo en la basílica de San Juan de Letrán (Roma), el propio papa Benedicto XVI refrendó la mayor precisión histórica de Juan a la hora de situar la fecha de la Última Cena, e introdujo una sustancial variación en el sacro banquete. «Jesús celebró la Pascua con sus discípulos probablemente con el calendario del Qumran, y por tanto un día antes de la Pascua judía y fue celebrada sin el cordero, como la comunidad Qumran, que no reconocía el templo de Herodes», proclamó el pontífice.

 

Muchas han sido las representaciones pictóricas de la Última Cena, cada una de ellas con sus propios alimentos . Pero la más conocida, la de Leonardo da Vinci , pintada en el refectorio del convento dominico de Santa María de las Gracias en Milán (Italia), es sin duda la más apócrifa de cuantas se han realizado y que, pese a todo, se ha convertido en el icono universal de aquel acontecimiento. La obra es tan diferente a lo que se había hecho hasta entonces, y encierra tantas contradicciones doctrinales, que ha inspirado no pocos estudios dedicados a desentrañar sus misterios.

 

Para empezar, no pinta el momento de la consagración, sino el del anuncio de la traición de Judas, pero no es fácil encontrar al apóstata, ya que ninguno de los apóstoles luce halo de santidad y el traidor no aparece delante de la mesa o en escorzo, como solía ser habitual. Para colmo, el único que tiene pinta de malo es Pedro, que lleva un cuchillo en la mano y agarra por el cuello a Juan, el discípulo amado, que, a su vez, no se apoya en el pecho de Jesús, como dice el Nuevo Testamento, sino que más bien, parece alejarse de Él». Y es que hay opiniones que sostienen que el cuadro está planteado como un acertijo y es tan aplastantemente heterodoxo porque «Leonardo era todo menos un buen cristiano».

 

No podía ser menos, en lo que a la comida se refiere, Da Vinci también se saltó todos los cánones comúnmente aceptados hasta la época. «Pescado en lugar de carne, el alimento fundamental de la dieta hebrea; naranjas y granadas en lugar de hierbas amargas; ni rastro del cordero pascual… Su menú es tan políticamente incorrecto como el resto de la obra, aunque durante años, debido al mal estado de la pintura, este tema pasó desapercibido».

 

En efecto, La Última Cena sufrió numerosos daños casi desde el momento en que Leonardo dio su última pincelada, ya que el maestro utilizó una técnica experimental –pintó con óleo sobre yeso seco– que resultó muy poco duradera. Tras innumerables intentos de conservación, el estado del mural llegó a ser tan desastroso, y a parecerse tan poco al original, que en 1977 se decidió realizar una restauración definitiva que tardó en culminarse la friolera de 20 años.

Gracias a ella, se pudo llevar a cabo una inspección exhaustiva del cuadro en la que descubrió con estupor que lo que hasta entonces se habían creído cuartos de asado eran en realidad tajadas de anguila, y que esparcidos por la mesa, además de trozos de pan, había nítidos gajos de naranja y semillas de granada.

 

Y si esos fueron los platos pintados, los bocetos de la Última Cena contiene otros como criadillas de cordero a la crema, ancas de rana con verduras, muslos de focha con flores de calabacín, puré de nabos con rodajas de anguila.

 

Hay quien dice que finalmente se decantó por la anguila porque este pescado se encontraba entre sus platos preferidos. Otros aseguran que eligió ese menú porque Leonardo era tan vegetariano como lo eran los miembros de la herejía cátara con la que comulgaba.

 

Referencia: Magazine El Mundo nº 457 - ¿ Y si los apóstoles cenaron jurel en costra de pan ? Maribel González / La cena secreta- Javier Sierra - Edit. Plaza & Janés-2004

Las rayas

Las rayas

La indumentaria rayada tiene una accidentada historia,  que pasa de ser excepcional y de uso obligado para marginados, a ser de uso común en nuestros días y sin significado social.

 

En pleno siglo XIII estalló el escándalo en Francia. En concreto, a finales del verano de 1254, cuando rey Luis IX de Francia (san Luis) regresó a París tras una desafortunada cruzada, un dramático cautiverio y una estancia en Tierra Santa de cuatro largos años. El rey no volvió solo. Traía consigo algunos religiosos nuevos en Francia, entre ellos algunos mojes mendicantes de la orden de Nuestra Señora del Monte Carmela. Estos fueron el motivo del escándalo: lucían una capa a rayas, nunca vista hasta entonces. Cuenta la leyenda que el manto listado tiene una explicación y origen bíblico y celestial; como imagen de la capa del profeta Elías, fundador mítico de la orden de los carmelitas, que ascendió al cielo en un carro de fuego y que habría lanzado sobre su discípulo Eliseo su gran capa blanca, la cual habría conservado en forma de franjas marrones las marcas rojizas de sus paso a través de las llamas.

 

En algunos textos de finales del siglo XIII, la prosa simbólica llega a precisar que la capa carmelita consta de cuatro bandas blancas, que representan las cuatro virtudes cardinales (fortaleza, justicia, prudencia y templanza), separadas por tres rayas marrones que evocan las tres virtudes teologales ( fe, esperanza y caridad), aunque de hecho no existió nunca una regla que codificase ni el número, ni la anchura, ni el eje de las rayas de la capa .Los carmelitas fueron falsamente acusados de codicia, hipocresía, felonía, y se les veía como enviados del Diablo y del Anticristo.

 

A principios de 1260 el escándalo alcanzó tal magnitud en el ámbito urbano, que el papa Alejandro IV pidió expresamente a los religiosos carmelitas que dejaran de usar la capa listada y adoptaran una lisa. Se negaron a ello y estalló la polémica, que duraría más de un cuarto de siglo, durante el cual la orden carmelita se enfrentaría a diez papas sucesivos. En el Concilio Universal de Lyon, celebrado en 1274, esta intransigencia casi les costó su existencia. Finalmente en 1287, en el día de Santa Magdalena, los carmelitas decidieron renunciar al manto listado y adoptar en su lugar una capa blanca. En 1295, como algunos carmelitas aún seguían con la capa rayada, el papa Bonifacio VIII, confirmó, en una bula promulgada especialmente a este efecto, el cambio de mano de 1287, además de recordar con toda solemnidad la prohibición absoluta hecha a todas las órdenes religiosas de vestir hábitos listados.

 

Pero aunque el caso de los carmelitas es el más documentado, lo relevante, es que las franjas se excluían o eran motivo de escándalo tanto en la indumentaria de un religioso, como en la de un juglar; tanto en las calzas de un príncipe como en las mangas de una cortesana; sobre las paredes de una iglesia o en el pelaje de un animal.

 

Un gran número de decretos de los sínodos diocesanos, asambleas provinciales y concilios universales prohíben una y otra vez a los clérigos el uso de los hábitos bicromos, ya sen divididos por la mitad, listados o ajedrezados. En 1311, el concilio de Viena, que legisló mucho a materia de vestimenta, aún insistía en estas prohibiciones. En adelante, se declaró la guerra a las rayas en todas las sociedades eclesiásticas, especialmente a aquellas que alternaban colores vivos como el rojo, el verde o el amarillo, que causaban una sensación de superficie abigarrada, de diversidad. A los prelados legisladores, nada era más deshonesto.

 

Tras los eclesiásticos, les llegó el turno a los laicos, y las costumbres, las leyes y los reglamentos prescribieron la vestimenta bicroma o listada a determinadas categorías de réprobos o excluidos.

 

Así por ejemplo, en el sur de Europa a finales de la Edad Media, la legislación establecía que prostitutas, verdugos, bufones y juglares debían  vestir ropas a rayas, o con mayor frecuencia, una pieza de ropa listada; pañoleta, vestido o ceñidor en el caso de las prostitutas; calzas o capucha en el caso de los verdugos; jubón o bonete en el de los juglares o bufones. En todos los casos, el motivo era imponer una marca visual que señalar la marginación, para que aquellos que ejercían tales oficios no fueran confundidos co los ciudadanos honestos. En otros lugares, especialmente en las ciudades alemanas, prescripciones semejantes señalaban a los leprosos, los tullidos, lo “bohemios”, los herejes y, en menor medida a los judíos y a los no cristianos.

 

En la Edad Media, las rayas evocaban asociaciones que estaban decididamente enfrentadas a lo que entonces se consideraba políticamente correcto. Para la mente medieval, la idea de la diversidad y las rayas estaban estrechamente relacionadas. Destaca que el latín medieval a menudo usa como sinónimos las palabras "rayado" y "variado", y nos dice que la cultura medieval desaprobaba la variación: "La forma sustantiva de ''varietas'' sirve para designar engaño, maldad y lepra simultáneamente".

 

El Renacimiento y la época romántica extendieron el uso de las llamadas rayas buenas (símbolo de fiesta, exotismo o libertad) sin que por ello desaparecieran las “malas”.


El Renacimiento concedió a las desafortunadas rayas un breve respiro de tanta ignominia y jugó incluso con su utilidad como elemento de diseño. Francisco I de Francia decidió que Clouet lo pintara vestido a rayas; Holbein retrató a Enrique VIII con similares vestiduras. Todo esto, sin embargo, no pasó de un mero flirteo.

Las rayas solo consiguieron poner un pie vacilante en el Viejo Mundo, por lo que emigraron a las costas americanas. Una vez que la rebelión norteamericana adoptó las rayas como símbolo de libertad, estas hicieron una entrada triunfal en Europa. La Revolución Francesa se identificó hasta tal punto con las rayas, que en la memoria quedaron unidas de manera indisoluble al símbolo tricolor. Incluso los ingleses, contra quienes se había esgrimido la raya revolucionaria original, empezaron a usar rayas en vestidos, levitas, chalecos, medias, cintas y todo otro accesorio que se considerara adecuado agregar al atuendo.

A pesar de la rehabilitación histórica de las rayas, su carácter marginal persistió: hasta bien entrado el siglo XX, las rayas se consideraban de rigor para los presos. Al mismo tiempo, también empezaron a adquirir nuevos significados. El rayado higiénico que se introdujo para ropa íntima como los pijamas; el rayado festivo, usado a menudo en la ropa infantil o los juguetes; y la raya náutica, que no tardó en adoptar la indumentaria playera. "En vísperas de la Primera Guerra Mundial", señala, "prácticamente no quedaba playa europea que no se hubiera convertido en un muestrario de rayas".

Referencia: La vestiduras del diablo- Michel Pastoureau- Editorial Océano, S.L.-2005

Sacamantecas y hombres del saco

Sacamantecas y hombres del saco

El sacamantecas, el hombre del saco, el coco,… son personajes utilizadas para asustar a los niños inculcándoles en lo más hondo de su imaginario que en el momento menos pensado, un ser monstruoso aparecería para secuestrarlos si permanecían en las calles a horas poco adecuadas o incumpliendo las órdenes de los padres.

 

La leyenda del sacamantecas y hombre del saco, se popularizó a finales del siglo pasado y principios de éste, a causa de la leyenda popular de que, tanto las ruedas de los carros como la de los molinos y las máquinas a vapor debían engrasarse muy a menudo para que su mecanismo funcionase a la perfección, y que el mejor lubricante era la grasa humana tierna, ya que era más densa y daba un mejor rendimiento.

 

Entonces, se creó el mito de que para satisfacer esta demanda de grasa humana , merodeaban por la calle unos hombres siniestros, con sacos en el hombro, que secuestraban niños y los asesinaban para venderlos luego a un desollador, que se encargaba de extraer las mantecas y pagaban a los secuestradores una buena suma de dinero por cada presa que les traían.

 

La aparición de estos personajes coincide con la de los primeros trenes a mediados del s. XIX. Las gentes recelaban de aquella enorme máquina de hierro y corrían rumores de que para alcanzar esa velocidad diabólica untaban las ruedas con un finísimo aceite que sólo podía proceder de la tierna grasa de los niños. Se llegó a decir que los propietarios del ferrocarril contrataban a asesinos para secuestrar a los niños y sacarles la manteca para ser fundida

 

Pero el mito tiene orígenes reales.

 

El primer apodo de   sacamantecas, corresponde a Manuel Blanco Romasanta, conocido también como el hombre lobo de Allariz. Este personaje nació en el año 1809 en un pueblecito de la Galicia profunda. Primero fue sastre hasta que enviudó y se dedicó a la venta ambulante de untos o grasas (Durante mucho tiempo, los untos se usaban para el engrase de ruedas de carro y mecanismos diversos, como molinos y norias). En este punto es cuando fue acusado por los lugareños de que las grasas que vendía eran de origen humano y fue acusado y condenado por la muerte de un alguacil. Aquí comienza la rocambolesca historia de este hombre que se escapa de la justicia y durante su búsqueda, asesina a nueve personas más infringiéndoles terribles heridas con sus propios dientes e incluso comiéndose parte de sus cuerpos al más puro estilo del hombre lobo.

 

Al final fue detenido y condenado a muerte, pero un hipnólogo francés pidió a Isabel II, que revisara la causa y le permitieran estudiar lo que era un claro caso de Licantropía, un desorden psicológico bastante desconocido en la época. La pena de muerte se transmutó en cadena perpetua. Romasanta moriría años después cumpliendo condena en la cárcel de Allariz.

 

 

Otro personaje conocido también con el apodo de “sacamantecas” fue Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, natural de Eguilaz,  (1821-1880) , hijo de  una madre gravemente neurótica y alcohólica y de un padre igualmente alcohólico, y que se convirtió en un célebre asesino en serie que aterrorizó Álava durante el siglo XIX. En su haber se contabilizaron 6 asesinatos de mujeres, en su mayor parte prostitutas, a las que rajaba el vientre de forma atroz y les sacaba las vísceras (y de ahí el apodo de sacamantecas), y otros 4 intentos frustrados. Su fama fue tal que se convirtió en un personaje del folclore popular, que es invocado cuando se quiere asustar a los niños. Fue condenado a muerte y ajusticiado a garrote vil en 1880.

 

 

El hombre del saco corresponde a otra historia, que se une a la de “sacamantecas”, ocurrida en julio de 1910, en Gádor, un municipio situado a 15 Km. de Almería.

 

A Fernando Ortega un lugareño de la zona de Gádor , a quien le habían diagnosticado una tuberculosis, acudió  a la curandera Agustina Rodríguez quien al ver el caso lo mandó a Francisco Leona, barbero y curandero con antecedentes criminales. Leona le pidió tres mil reales a cambio de la cura y le reveló el remedio: la sangre y la grasa de los niños que tenían muchas aplicaciones terapéuticas, siendo la sangre regenerativa contra la vejez y diversas enfermedades,  y los emplastes de grasa todo un milagro contra la tuberculosis.

 

Leona se ofreció él mismo buscar al niño y salió junto con el hijo de Agustina, Julio Hernández el tonto, por ser escaso de luces, en busca de algún niño extraviado. En la tarde del 28 de junio de 1910 secuestraron a Bernardo González Parra, de siete años y natural de Rioja, que se había despistado mientras jugaba con sus amigos y se había separado de ellos. Leona y Julio lo metieron en un saco y lo llevaron al cortijo de Araoz, aislado del pueblo, que Agustina había puesto a disposición del enfermo. Otro hijo de Agustina, José, fue a avisar a Ortega, mientras en la casa se quedaba su mujer, Elena, preparando tranquilamente la cena.

 

Una vez en el cortijo, tras matar al niño,  golpeándole la cabeza con una piedra le realizaron un corte en la axila para sacarle sangre, que recogieron en un vaso. Ortega se bebió la sangre mezclada con azúcar antes de que se enfriara. Julio mató al pequeño golpeándole la cabeza con una gran piedra. Leona, previamente y todavía en el cortijo, abrió el vientre del niño y le extrajo la grasa y el epiplón, y lo envolvió todo en un pañuelo que puso sobre el pecho de Ortega. Así, una vez terminado el ritual, ocultaron el cuerpo en un lugar conocido como “Las Pocicas”, en una grieta en la tierra, y lo taparon con hierbas y piedras, sin enterrarlo. El niño estaba boca abajo, con el cráneo completamente destrozado.

 

Al realizar el reparto de dinero, Leona intenta engañar a Julio y no le paga las cincuenta pesetas que le prometieron por el asesinato. Éste decide vengarse y le cuenta a la Guardia Civil que ha encontrado el cuerpo de un niño por casualidad mientras perseguía a unos pollos de perdiz. Detuvieron a Leona por tener antecedentes (y porque muchas voces del pueblo se alzaron inmediatamente para incriminarle), y éste culpó a Julio, que en un principio declaró haber presenciado el crimen desde unos matorrales.

 

Al final los dos hombres confesaron el crimen y la Guardia Civil detuvo a todas las personas implicadas en el asesinato del niño Bernardo. Leona fue condenado al garrote vil, pero murió en la cárcel. Ortega y Agustina fueron también condenados a la pena máxima y ejecutados. José fue condenado a 17 años de cárcel y su mujer, Elena, fue absuelta. Julio el tonto, condenado en un principio al garrote vil, fue indultado por ser considerada su demencia.

 

 

Con el paso del tiempo,  otros casos ayudaron a mantener vivas estas historias, , como la real de Enriqueta Martí, , nacida en Sant Feliu de Llobregat en 1868,  secuestradora, prostituta, alcahueta, falsificadora, corruptora de menores, pederasta, bruja y asesina , que sería conocida popularmente como la “Vampira de la calle Ponent”, y que sin ser precursora de este mito, quizás sea la que mejor lo representa la leyenda del “sacamantecas” , tras secuestrar y asesinar a muchos niños para sacar sus grasas y venderlas como remedios, en un mercado negro muy floreciente en  la Barcelona de 1912.

 

Enriqueta llevaba una doble vida. Durante el día mendigaba y pedía en casas de caridad, conventos y parroquias, vistiendo harapos y llevando en ocasiones niños de la mano que los hacía pasar por sus hijos. Posteriormente, los prostituía o los asesinaba. No tenía ninguna necesidad de mendigar ya que su doble trabajo como proxeneta y prostituta le daban suficiente dinero para vivir sin problemas. De noche se vestía con ropas lujosas, sombreros y pelucas, y se hacía ver en el Teatre del LLiceu,  el Casino de la Arrabassada y otros lugares donde acudía la clase acomodada de Barcelona. Es probable que en estos lugares ofreciera sus servicios como proxeneta especializada en criaturas

 

Por ello había sido detenida en 1909 en su domicilio de la calle de Minerva, donde descubrieron que tenía un prostíbulo de menores de ambos sexos y de edades que iban desde los cinco hasta los 16 años. Con ella había sido detenido un cliente joven que resultó ser hijo de familia distinguida. Enriqueta fue procesada, pero la causa se perdió en los archivos gracias a las influencias ejercidas por una persona muy conocida y muy poderosa de la ciudad.

 

Al mismo tiempo que hacía de proxeneta de niños, también ejercía la profesión de curandera. Los productos que utilizaba para fabricar sus remedios estaban compuestos por restos humanos de les criaturas que mataba, que llegaban incluso a ser desde niños de pecho hasta criaturas de 9 años. De esos niños lo aprovechaba casi todo, la grasa, la sangre, los cabellos, los huesos (que normalmente transformaba en polvo); por esta razón no tenía problemas para deshacerse de los cuerpos de sus víctimas. Enriqueta ofrecía sus ungüentos, pomadas, filtros, cataplasmas y pociones, especialmente para curar la tuberculosis, tan temida en aquella época, y todo tipo de enfermedades que no tenían cura en la medicina tradicional. Gente de clase alta pagaba grandes sumas de dinero por estos remedios.

 

Denunciada por su vecina Claudia Elías, fue detenida tras  los correspondientes registros policiales en varios pisos de su propiedad, en los que se descubrieron los restos de diez criaturas, huesos, cabelleras,…, medio centenar de frascos, rellenos, unos, de sangre coagulada; otros, de grasas, y el resto, con sustancias que fueron enviadas a un laboratorio para su análisis.

 

Junto a las pócimas había un libro antiquísimo con tapas de pergamino que contenía fórmulas extrañas y misteriosas. Y también un cuaderno grande lleno de recetas de curandero para toda clase de enfermedades, escritas a mano, en catalán y con letra refinada.

 

Pero la “Vampira de la calle Ponent”  , y que sembró el terror en la Barcelona de 1912, nunca llegó a juicio por sus crímenes, en donde podría haber implicado a influyentes personajes de la ciudad. Un año y tres meses después de su detención y pasada la indignación popular, llegó su muerte. Sus compañeras de prisión la mataron el 12 de mayo de 1913, se rumoreó que para que no hablara, linchándola en uno de los patios del penal. Fue enterrada con toda discreción en la fosa común del Cementerio del Sudoeste de Montjuic de Barcelona.

 

Referencia: Wikipedia/ El País 01/01/2006.-La vampira de la calle Ponent- Pedro Costa/ Los diarios de Enriqueta Martí- Editorial Morales y Torres-2007-Pierrot / Los misterios de los crímenes –Editorial de Vecchi 2009-Pedro Palao Pons/ http://tejiendoelmundo.wordpress.com 

 

La doctrina del shock