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FRANZ

PERROS Y CONQUISTADORES

PERROS Y CONQUISTADORES

A diferencia de los caballos, que fueron llevados a América por los españoles, había ya perros en el Nuevo Mundo antes de la Conquista. Lo más probable es que, como los mismos indios, estos perros llegaran desde Asia por mar o pisando los hielos que solidifican en invierno el estrecho de Bering.

 

Mientras que el perro nativo, que para los conquistadores españoles se ganaron el adjetivo de “perros mudos”, porque no ladraban, aunque sí aullaban, gruñían y resoplaban, era más bien pequeño, grueso y doméstico, y fue usado principalmente como alimento, animal de compañía o era destinado al sacrificio ritual a determinados dioses, el conocido en el occidente cristiano como “mejor amigo del hombre”, pasó a ser en las tierras a conquistar un importantísimo aliado militar. Así, de la existencia de pequeños perros caseros, criados y consumidos por los indios, se pasa a la presencia de medianos o grandes perros criados y entrenados para matar y devorar indios. Las razas escogidas para tal efecto fueron el mastín, el alano y el lebrel, que ya habían demostrado en España su fortaleza, ferocidad, valentía y capacidad de agarre de la presa, como auxiliares en la caza mayor (ciervos, jabalíes,…) o enfrentamientos con toros bravos en espectáculos.

 

A partir de 1492, los ladridos de los perros de guerra peninsulares, expertos en olfateos y persecuciones, luchas, desgarros y destrozos, despertarán definitivamente a un continente en donde había reinado hasta entonces el más absoluto de los silencios caninos, y que por su agresividad y fiereza horrorizaron a los indios.

 

La versatilidad de funciones que el perro ejerce en el contexto de la conquista de América le hace distinguirle junto al caballo, del que es complemento ideal, como uno de los más firmes y constantes aliados militares de los conquistadores españoles. En la mayor parte de la iconografía de la conquista, el conquistador casi siempre va acompañado de una de estas dos figuras, cuando no de las dos, fieles compañeros de cuatro patas, a los que se les exigirá una entrega total y sin reservas a la causa conquistadora. Útiles de conquista cumplirán ante todo funciones de carácter marcadamente militar y logístico, participando activamente en todas aquellas acciones donde su uso fue posible y aconsejable desde el punto de vista táctico. El medio físico, con terrenos abruptos, espesos o despejados y el tipo de defensas indígenas, determinarán el mayor o menor uso de este elemento táctico apreciado siempre por unos hombres necesitados de demostrar ante la superioridad numérica indígena, su superioridad militar.

 

Funciones de carácter militar ejercidas constantemente fueron las que hacían referencia a la prevención defensiva, la agresión bélica de vanguardia y las de carácter represivo. En todas ellas los conquistadores quisieron y supieron extraer de sus canes todo el potencial y habilidades de las que eran capaces, en aras de su propia seguridad, de su dominio militar y del buscado y logrado terror en el enemigo.

 

Centinelas en los campamentos, evitaban con su fino olfato ataques por sorpresa, descubriendo emboscadas en montes y selvas, donde el mejor conocimiento del terreno, siempre parecía dar ventaja al indígena.

 

Los perros fueron utilizados constantemente en combate durante toda la conquista,formando parte de la hueste, ya fuera en vanguardia como tropa de choque, lanzándolos contra las muchedumbres indígenas para aprovechar el temor y desconcierto inicial o en retaguardia en labores defensivas del grupo de conquista, a cargo de la guarda del ganado o de los enfermos que siempre lastraban y retardaban el avance general del grupo.

 

La ayuda militar de los perros de guerra, siempre protegidos con escaupiles de algodón ajustados al cuerpo y anchos  fuertes collares rodeados de puntas de hierro para proteger a los mastines y otros canes de mordeduras o heridas en el cuello, fue mayor en zonas difíciles o boscosas donde el caballo, tan útil en espacios abiertos no podía maniobrar para imponer su clara superioridad. Solos o en aterradoras jaurías, siempre obedientes, combatieron, aterrorizaron, sufrieron y murieron junto a sus amos o por ellos.

 

Uno de los perros más celebres adiestrado para fines militares fue Becerrillo, un enorme perro alano, con manchas de color negro que irregularizaban su pelaje rojizo y con nariz oscura y unos ojos de color ocre , rodeados de pelo de tintes negruzcos.

 

Becerrillo se hizo famoso sobre todo, además de por su fiereza, por su increíble capacidad de distinguir entre indios aliados y levantiscos. Lo soltaban entre grupos de indígenas y sin equivocarse cogía con sus dientes el brazo del rebelde y tiraba de él, si este se resistía no solía vivir. Decían los indios que preferían enfrentarse a cientos de soldados que a diez hombres con Becerrillo entre ellos.

 

Como consecuencia de todas la cualidades que poseía Becerrillo, este recibía doble ración de comida (que en más de una ocasión era mejor que la de los propios infantes) y un sueldo por los servicios prestados a su Patria. Concretamente, el salario que ganaba era el equivalente al de un ballestero. Murió en acto de servicio alcanzado por una flecha envenenada. Los españoles mantuvieron su muerte y el lugar de su entierro en secreto pues así siguieron usando la fama del perro para atemorizar a los indios.

 

Becerrillo, su hijo Leoncico, Bruto, junto a Amadís, Turco, Calisto y tantos otros perros anónimos, fueron utilizados en “aperreamientos”, en los que a las órdenes de sus amos, mataban, despedazaban y comían a los indios elegidos, como forma de  terror psicológico, tortura física y cruel aplicación de la pena de muerte en Indias.

 

La represión canina fue particularmente utilizada para acabar entre otras con la sodomía, la homosexualidad o el bestialismo, prácticas que siempre fueron vistas como graves perversiones de una rígida moral católica que se buscaba imponer a toda costa. A Leoncico por ejemplo, lo especializaron en aperrear sodomitas lujuriosos.

 

Se aperreaban también guías malintencionados, que perseguían con sus tretas deshacerse de tan molestos huéspedes; a caciques desleales, que rompían de forma traicionera su alianza con los españoles, a mujeres resistentes a los deseos sexuales de cualquier conquistador o simplemente, por el placer y diversión ocasionales que pudiera dar el aperreamiento a unos hombres sedientos de emociones y sin demasiadas preocupaciones morales respecto a los indios.

 

Así, tampoco existe impedimento moral para utilizar a los indios como alimento de los perros de guerra, que los conquistadores consiguen de tres formas:

 

1. De los aperreamientos de indios.

 

2. De los indios muertos en combate.

 

3. Del asesinato de indios, con el fin exclusivo de alimentar a los canes.

 

El final de las principales guerras de conquista, a mediados del XVI, significó también el fin del protagonismo de los perros como ayudantes de campo principales.

 

Sus momentos de gloria habían pasado y el reconocimiento de sus méritos se iba desdibujando en el tiempo. No fue fácil la adaptación a la nueva etapa colonial. Educados y entrenados para la guerra, muchos de ellos no encontraron fácil acomodo en tiempos de paz. Aunque muchos se reconvirtieron a los usos que en España se les daba, como la caza o guarda de las casas y heredades y unos pocos subsistieron como perros de ayuda militar en las zonas fronterizas de ambos virreinatos, otros tantos fueron abandonados, humillados, forzados a huir por el desprecio de unos amos que ya no les consideraban esenciales.

 

Cual esclavos cimarrones, se echarán al monte y buscarán el apoyo mutuo en forma de dañinas jaurías que intentarán subsistir atacando el ganado de un mundo que ha dejado de pertenecerles El canino conquistador se transforma entonces en un enemigo que hay que controlar o eliminar, realizándose periódicas batidas con perros mansos y cobrando los cazadores por cada pieza alcanzada.

 

Referencia: Los perros de la guerra o el “canibalismo canino” en la Conquista- Ricardo Piqueras- Universidad de Barcelona/Referencia: El reverso de la historia-Pedro Voltes-Círculo de Lectores

COMUNICACIÓN NO VERBAL

COMUNICACIÓN NO VERBAL

En términos generales la comunicación no verbal puede definirse como la comunicación mediante expresión o lenguaje corporal desprovisto de palabras.

 

En términos más concretos lo definiremos como un conjunto de signos (movimientos, olores, expresiones del rostro...) mucho más complejos que el lenguaje humano y con mayor contenido en cuanto a lo que expresamos tanto voluntaria como involuntariamente. Es decir, todo lo que hace referencia al "cómo se dice": gestos, expresiones faciales, movimientos corporales, el espacio que nos separa del otro,... Comunicación a través de la forma en que vestimos, en como nos mostramos -alegres o triste-, en como nos sentamos, si miramos o no a la cara, si halamos despacio o deprisa,...todo ello son signos que permiten a la persona que nos escucha hacerse una idea de quiénes y cómo somos.

 

La comunicación no verbal utiliza distintos elementos:

 

El paralenguaje

 

Es el conjunto de características de las cualidades no verbales de la voz, tales como las vocalizaciones; ciertos sonidos no lingüísticos, como la risa, el bostezo, el llanto, el gruñido; ciertas distorsiones e imperfecciones del habla, como pausas repentinas y repeticiones y,  silencios momentáneos, que utilizamos consciente o inconscientemente para apoyar o contradecir los signos verbales, kinésia, proxémica, etc.

 

Estas son características de la voz que nos diferencian como individuos, aunque existen factores o elementos que influyen en aquellas por diversos motivos; estos pueden ser: timbre, intensidad o volumen, velocidad, tono, campo entonativo, duración silábica y ritmo. Al mismo tiempo comentaremos que también se encontrarán influenciadas por factores biológicos, psicológicos, fisiológicos, sociocultares y ocupacionales.

 

 La proxémica

 

Es el estudio de la forma en que las personas utilizan el espacio (personal y/o social) para comunicarse. Por espacio entendemos el aspecto físico del lugar o la distancia para hablar.

 

Existe para cada ser humano un espacio de la organización fija (el determinado por el modo social de satisfacer necesidades materiales, como comer, beber y dormir), un espacio de organización semifija ( el determinado por el agrupamiento de individuos, como ocurre en las salas de espera, en las terrazas de los cafés, etc.) y un espacio "informal” que comprende las distancias que vivimos inconscientemente con los demás:

 

a) Distancia íntima: Es un espacio menor que un metro (desde 15 cm a 50 cm) y que se define por la percepción del calor, del olor y de la respiración del cuerpo de otra persona (la distancia del acto sexual y de la lucha).

 

Diremos que es la más importante y es la que una persona cuida como de su propiedad. Sólo se permite la entrada a los que están emocionalmente muy cerca de la persona en cuestión: el amante, los padres, el cónyuge, los hijos, los amigos íntimos y los parientes. Hay una subzona que llega hasta unos 15 cm del cuerpo y a la que otra persona puede llegar sólo mediante el contacto físico: es la zona íntima privada.

 

b) Distancia personal: Es un espacio de 50 cm a 75 cm, que designa la distancia fija que separa a los individuos que no tienen contacto entre sí, especie de caparazón que un cuerpo crea inconscientemente para aislarse de los demás.

 

Podemos decir que es la distancia que separa a las personas en una reunión social, o en la oficina y en las fiestas.

 

c) Distancia social: Es un espacio de 1 a 2 metros y medio, que marca el límite del poder que ejercemos sobre los demás, es decir, el límite a partir del cual la otra persona no se siente afectada por nuestra presencia.

 

Esta es la distancia que nos separa de los extraños: el carpintero que hace reparaciones en casa, el cartero, etc.

 

d) Distancia pública: Es un espacio que va más allá de los 2 metros y medio, y que se considera impersonal. Es la que está fuera del círculo en el que el individuo se encuentra directamente afectado.

 

Esta distancia es bien conocida por los actores y los políticos.

 

Estas cuatro distancias que constituyen el nivel cultural de la dimensión proxémica, "la dimensión oculta" de cada sociedad, varían pues, según las modalidades culturas de cada sociedad: el contacto sexual, la esfera personal o privada, la distancia de los intercambios verbales y del respecto jerárquico son diferentes en cada país.

 

La kinesia o movimiento corporal.

 

Es la capacidad de efectuar comunicación mediante gestos u otros movimientos corporales; incluyendo la expresión facial, el movimiento ocular y la postura entre otros.

 

Este tipo de señales no verbales pueden ser específicas para cada individuo o generales. También podemos decir que algunas pueden tener la intención de comunicar mientas que otras son meramente expresivas. Y por último diremos que algunas nos pueden proporcionar información acerca de las emociones mientras que otras nos dan a conocer rasgos de la personalidad o actitudes.

 

Referencia: Antropología de la gestualidad- Ray Birdwitistell / La comunicación no verbal: El cuerpo y el entorno-Mark L. Knapp-Editorial Paidós

 

LA FORMA DE LA TIERRA

LA FORMA DE LA TIERRA

Una de las formas más sugestivas de la Tierra es la de un huevo. Los antiguos egipcios percibían la tierra como un huevo protegido durante la noche por la luna, «un gran pájaro blanco... como una oca que empolla su huevo». Los gnósticos, místicos cristianos de los siglos I y II , percibían también al cielo y a la tierra como un mundo huevo en el útero del universo. Una serpiente gigantesca estaba enroscada en el huevo y lo entibiaba, cuidaba, incubaba y a veces hasta se alimentaba de él. Beda el Venerable escribió en el siglo VII:

 

La Tierra es un elemento situado en el centro del mundo, como la yema en el centro de un huevo; alrededor de la tierra se encuentra el agua, como la clara que rodea a la yema; por fuera está el aire, como la membrana de un huevo, y rodeándolo todo está el fuego, que encierra al mundo como la cáscara al huevo.

 

Los griegos, mucho tiempo antes de que comenzaran a creer que la tierra era una esfera, ya discutían qué otra forma simple podría haber adoptado la Tierra. Heródoto ridiculizó la idea homérica de que la tierra era un disco redondo rodeado por el río Océano. Para él era evidente que la tierra debía estar rodeada por un gran desierto. La creencia en una especie de «ecuador» —una división de la tierra en dos partes iguales— fue anterior a la opinión general de que la tierra era una esfera.

 

Según Heródoto, el Nilo y el Danubio estaban situados simétricamente con respecto a una línea central que cruzaba los mapas griegos. Esquilo, el historiador Éforo y otros escritores griegos, imaginaban el mundo conocido como un bien proporcionado paralelogramo. El «ecuador», que en los mapas jónicos seguía el eje longitudinal del Mediterráneo, servía para explicar muchas cosas. Demostraba, por ejemplo, que el Asia Menor, que se encontraba situada a lo largo de ese eje y por consiguiente a medio camino entre las zonas extremas con respecto a la salida y a la puesta del sol en invierno y en verano, tenía el mejor clima.

 

La idea de una Tierra cuadrada fue muy atractiva para muchos pueblos. Los antiguos peruanos se imaginaban el mundo como un arca con un tejado a dos aguas donde vivía un gran dios. El universo de los aztecas estaba formado por cinco cuadrados, un cuadrado en el centro y los otros en cada uno de sus lados. Cada uno de estos cuadrados contenía uno de los cuatro puntos cardinales, que provenían del «lugar central», morada del dios ígneo Xiuhtecutli, madre y padre de los dioses y habitante del ombligo de la tierra. Otros pueblos concibieron el universo como una rueda, e incluso como un tetraedro.

 

Los mitos grandiosos y las metáforas han contribuido por doquier a que el universo pareciera comprensible, hermoso y lógico. Los personajes a quienes se atribuyó el papel de sostenedores del mundo han sido maravillosamente diversos. El Atlas de la tradición griega, que sostenía el planeta en sus hombros, es conocido por los europeos. En México había al menos cuatro dioses que soportaban el cielo, de los que Quetzalcoatl era el más importante. Una antigua imagen hindú mostraba una tierra hemisférica sostenida por los lomos de cuatro elefantes que a su vez descansaban sobre el caparazón hemisférico de una tortuga gigantesca que flotaba sobre las aguas del universo.

 

El «árbol del universo» era uno de los primitivos mapas del mundo más atractivo y difundido. El poeta védico explicó que así como un pequeño árbol podía levantar una roca a medida que crecía, un árbol lo bastante grande podría sostener el cielo. Y así surgieron las imágenes del árbol de la vida, o del árbol de la sabiduría, como el que crecía en el jardín del Edén, y muchos pueblos tuvieron su árbol sagrado, la más importante y sagrada residencia de los dioses, y donde celebran allí todos los días sus consejos.

 

Los sabios griegos advirtieron muy pronto, en el siglo v a.C, que la tierra era un globo. La primera evidencia concreta se encuentra en el Fedón, de Platón. Para entonces los pensadores griegos más consecuentes ya no consideraban la tierra un disco plano que flotaba sobre las aguas. Los pitagóricos y Platón fundaban su creencia en razones estéticas. Puesto que una esfera es la forma matemática más perfecta, la tierra debía tener esta forma. Sostener otra opinión hubiera sido negar la existencia de un orden en la creación. Aristóteles (384-322 a.C.) estuvo de acuerdo por razones exclusivamente matemáticas, y aportó algunas evidencias físicas. La tierra, en tanto ocupaba el centro del universo, había llegado a adquirir una forma esférica, y así continuaba. Puesto que todos los cuerpos que caen tienden hacia el centro, las partículas de la tierra, que llegaron desde todos los lados, cuando se agruparon formaron una esfera.

 

Además, los datos de nuestros sentidos nos prueban que la Tierra es esférica, pues de otra manera los eclipses de luna no adoptarían esta forma; si bien los segmentos son muy diversos durante las fases mensuales de la luna —rectos, convexos, en media luna— en los eclipses la línea divisoria siempre es redonda. Por consiguiente, si el eclipse se produce por la interposición de la tierra, la línea redonda resulta de la forma esférica de ésta.

 

La geografía matemática griega hizo progresos notables en la época de Aristóteles. Los griegos aún no tenían suficientes datos empíricos sobre la superficie de la tierra como para trazar un mapa útil del mundo, pero mediante la utilización de las matemáticas puras y de la astronomía hicieron apreciaciones notablemente precisas. Los escritores clásicos posteriores a Aristóteles —no sólo los grandes filósofos científicos como Plinio el Viejo (23-79) y Ptolomeo (90-168), sino también los enciclopedistas populares— dieron por supuesta y aun ampliaron esta idea de una tierra esférica. Este descubrimiento fue uno de los legados más importantes que hizo la sabiduría clásica al mundo moderno.

 

Pero la idea de la Tierra esférica no convenció a todos. Por ejemplo, algunos miembros de la Iglesia primigenia, miembros de la Sociedad zenética universal o de la Sociedad de la Tierra plana de Zión, mantuvieron/mantienen la  teoría de que la Tierra era/es plana y que la esfericidad de la Tierra no es más que un engaño conspirativo fácil de demostrar, utilizando la Biblia y el sentido común.

 

Por su extensión no las reproduzco, pero podéis leer las sorprendentes teorías de la Tierra plana ,por ejemplo, en  http://es.wikipedia.org/wiki/Tierra_plana , http://www.genteloca.com/elsalon/10459/la-sociedad-de-quienes-creen-que-la-tierra-es-plana y http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7546000/7546890.stm 

 

Referencia: Esto ya existió en la Antiguedad- Pieter Coll- Ediciones Orbis, S.A.

POLVO DE MOMIA

POLVO DE MOMIA

Ambrosio Paré fue un célebre médico considerado el padre de la medicina moderna que sustituyó en las amputaciones el método de cauterización con aceite hirviendo que se usaba hasta entonces por el de ligar las arterias. Había nacido en 1517 en Bourg-Hersent, cerca de Laval, y murió en París el 20 de diciembre de 1590. En 1529 ingresó como barbero cirujano en el hospital de París e implantó su nuevo método durante la guerra del Piamonte, al ver que freír los muñones de aquellos que sufrían la amputación de un brazo o de una pierna no daba resultado. En 1550 ingresó en la corporación de barberos y debido a sus nuevas ideas sobre la medicina tuvo conflictos con los médicos de la Sorbona. Fue después cirujano real de Francisco II, Carlos IX y Enrique III de Francia, y en 1572 publicó su célebre libro Cinq Livres de Chirurgie, que causó sensación, pues entre otras cosas ofrecía nuevos sistemas en la obstetricia y el tratamiento del labio leporino.

 

En aquella época se puso de moda una superstición medieval  sobre un remedio medicinal procedente de las momias de Egipto: El polvo de mummia. El uso de momias con fines curativos proviene de la confusión que se le dio a la palabra persa “mummia” que significa ’’betún’’. Se trata de un producto mineral derivado del alquitrán natural. Después del siglo XII, los viajeros que visitaban Persia contaban que la mummia tenía propiedades milagrosas, curando inmediatamente las heridas y soldando en pocos minutos los huesos rotos. Cuando los viajeros persas visitaban Egipto y veían los cuerpos embalsamados de las momias egipcias cubiertos por una sustancia negra similar a la “mummia“, confundieron las sustancias resinosas oscuras con el valioso producto persa. Con el tiempo el error fue doble, pues se asignó la palabra “mummia“ no sólo al revestimiento del cadáver, sino al propio cuerpo. El polvo de “mummia” se había convertido en el polvo de momia. Las consecuencias fueron nefastas, hubo una fiebre a la caza de momias egipcias. Los cuerpos momificados se molían en polvo y se distribuían desde Egipto a los boticarios de toda Europa. El punto álgido de demanda de polvo de momia tuvo lugar a finales de la Edad Media y a lo largo de los siglos XVII y XVIII. En algunos casos , el polvo de momia , procedente de Egipto, no venía en polvo si no que se presentaba en forma de trozos de cadáver, como pasta negruzca o en polvo y muchos boticarios lo diluían en vino y miel, otras veces bastaba con agua.

 

Ambrosio Paré denunció este medicamento, pero sus contemporáneos no le hicieron caso. Su colega Gui de la Fontaine conoció, por boca de sus fabricantes, que los cuerpos utilizados no eran como se creía en Europa los de las antiguas momias faraónicas sino la de cadáveres absolutamente recientes. Y así lo explica Ambrosio Paré.

 

"Un día, hablando con Gui de la Fontaine, médico célebre del rey de Navarra, y sabiendo que había viajado por Egipto y la Berbería, le rogué que me explicase lo que había aprendido sobre la momia y me dijo que, estando el año 1564 en la ciudad de Alejandría de Egipto, se había enterado que había un judío que traficaba en momias; fue a su casa y le suplicó que le enseñase los cuerpos momificados. De buena gana lo hizo y abrió un almacén donde había varios cuerpos colocados unos encima de otros. Le rogó que le dijese dónde había encontrado esos cuerpos y si se hallaban, como habían escrito los antiguos, en los sepulcros del país, pero el judío se burló de esta impostura; se echó a reír asegurándole y afirmando que no hacía ni cuatro años que aquellos cuerpos, que eran unos treinta o cuarenta, estaban en su poder, que los preparaba él mismo y que eran cuerpos de esclavos y otras personas. Le preguntó de qué nación eran y si habían muerto de una mala enfermedad, como lepra, viruela  o peste, y el hombre respondió que no se preocupara de ello fuesen de la nación que fuesen y hubiesen muerto de cualquier muerte imaginable ni tampoco si eran viejos o jóvenes, varones o hembras, mientras los pudiese tener y no se les pudiese reconocer cuando los tenía embalsamados. También dijo que se maravillaba grandemente de ver cómo los cristianos apetecían tanto comer los cuerpos de los muertos. Como De la Fontaine insistiese en que le explicase cómo lo hacía para embalsamarlos, dijo que extraía el cerebro y las entrañas y hacía grandes incisiones en los músculos; después los llenaba de pez de Judea, llamada asfaltites, y con viejas tiras de ropa mojadas en dicho licor las colocaba en las incisiones y vendaba separadamente cada parte y cuando esto se había hecho envolvía todo el cuerpo en un trapo impregnado del mismo licor. Una vez efectuado todo esto los metía en cierto sitio y les dejaba que se "confitasen" dos o tres meses. Finalmente De la Fontaine le dijo que los cristianos estaban bien engañados al creer que los cuerpos momificados fuesen extraídos de sepulcros antiguos y el judío respondió que era imposible que Egipto pudiese proporcionar tantos millares de cuerpos como eran pedidos por los cristianos, pues es falso que en aquellos días se embalsamase a nadie, pues el país estaba habitado por turcos, judíos y cristianos, que no acostumbraban a usar tal tipo de embalsamamiento, como era habitual en los tiempos en que reinaban los faraones."

 

Referencia: Intimidades de la historia-Carlos Fisas- Editorial Planeta D’agostini / http:www.egiptologia.com

EL CUENTO

EL CUENTO

El cuento es un género literario de extraordinaria importancia, tanta que rebasa los límites de la literatura infantil y llega a la literatura adulta dejando, a veces, de ser patrimonio exclusivo de los niños, a los que tampoco iba destinado en un principio. El motivo parece claro: el cuento no nació como género infantil, sino como entretenimiento general; es, en otras palabras, un claro antepasado de la literatura. Además, gracias a los cuentos, se conservan antiguas costumbres de los pueblos y sus relaciones entre sí. El cuento, en definitiva, también es objeto de la investigación folklórica.

 

Con ello entramos en el carácter oral del cuento y, como tal, en su tradición transmitida de boca en boca, de generación en generación. No olvidemos que “cuento” viene de “contar”, de hablar, en fin. La literatura nació como algo oral, de ahí la importancia que tiene para nosotros el folklore de los pueblos primitivos, porque es la única forma de conocer su cultura, sus creencias y pensamientos.

 

Todos los cuentos considerados infantiles tienen una construcción similar. Presentan un principio y un final estereotipados y sus personajes muestran cualidades simples y muy marcadas. La descripción del espacio es escasa y las coordenadas temporales no son precisas. Cada personaje personifica un rol: o son muy buenos o muy malos, o muy bellas o muy feas, o muy listos o muy tontos, o muy pobres o muy ricos, o príncipes o mendigos. Todo esto responde a la psicología infantil, ya que en la mente del niño domina la polarización, porque no sabe ver, aún, que todos, en realidad, podemos ser buenos y malos a la vez.

 

Los cuentos surgen de una sociedad campesino-feudal, aunque la raíz última de los cuentos es antiquísima y se remonta a viejos mitos y leyendas. Es en la sociedad agraria estamental donde se han fraguado las formas actuales de los cuentos de encantamiento. Sus contenidos responden a esa estructura piramidal de la sociedad de príncipes, princesas, caballeros y vasallos o sirvientes.

El cuento tiene una misión concreta, que es preparar para el aprendizaje, iniciar en los ritos de socialización, ya que proporciona distintas claves sobre el futuro comportamiento que se espera del niño.

 

Los cuentos se habrían perdido en una maraña de versiones sí no se hubiesen preocupado de ello los recopiladores. Sin ellos, los estudios que se siguen realizando sobre el cuento no tendrían objetivo. Al cambiar la forma de vida, los pueblos habrían olvidado el hábito de narrar, y con él, habría desaparecido el último cuento.

 

A los hermanos Grimm debemos la recopilación de cuentos alemanes en el S. XIX y el inicio de este tipo de trabajos. Ellos realizaron prospecciones en la memoria del pueblo y utilizaron como fuente de información a amigos, a familiares, a dueños de viejas recopilaciones o archivos y, en fin, a todo aquel que, como su vieja sirvienta María, pudieran recordar alguno de esos relatos antiguos.

 

En España destacan Aurelio M. Espinosa, padre e hijo, que iniciaron su labor de recopilación hacia 1920, y que fue truncada por la Guerra Civil. Ha seguido trabajando en ello Antonio Rodríguez Almodóvar.

 

Clasificación sencilla de los cuentos:


Cuentos de animales: muchos y variados son los textos que tienen al animal como protagonista, aunque el planteamiento puede seguir distintos procedimientos:

 

- continuar la fabulística. La característica es la moraleja.

- animales humanizados que actúan como el hombre.

- animales semihumanizados, de inteligencia limitada.

- animal zoológico, que actúa como tal.

- animal con poderes mágicos que puede resolver algún conflicto o servir de mediador en cuentos maravillosos.

 

Cuentos maravillosos: son los típicos cuentos de hadas o de magia.

 

Cuentos fantásticos: aparecen elementos extranaturales que crean inquietud en el lector.

 

Cuentos disparatados : relatos en que lo incoherente, absurdo o desatinado preside las actitudes y las acciones.

 

Cuentos de suspense (misterio o intriga): relatos policíacos, de ciencia ficción, de detectives, etc.

 

Cuentos de la vida real: historias del hogar, escuela y sociedad, con las que el niño puede identificarse con facilidad.

 

Cuentos religiosos: hoy son poco abundantes, lo fueron en la posguerra española.

 

Cuentos humorísticos: formados por escenas divertidas, chascarrillos que hacen reír al niño

 

 

Recomendables, para saber más sobre cuentos, los artículos “Los cuentos que no nos contaron” y “El cuento del rey violador” en este mismo blog, que leeréis en http://batiburrillo.blogia.com/2009/030901-los-cuentos-que-no-nos-contaron.php y http://batiburrillo.blogia.com/2007/050101-el-cuento-del-rey-violador.php

 

Referencia: Morfología del cuento-Vladimir Propp -Editorial Fundamentos/Morfología del cuento maravilloso o de hadas - Anabel Sáiz Ripoll

 

COCIDITO MADRILEÑO

COCIDITO MADRILEÑO

Si el común de la población pasaba hambre o al menos se las veía moradas para subsistir, una casa rica de la España de los años cuarenta o cincuenta podía permitirse almorzar un primero de potaje o cocido; un segundo de carne, generalmente solomillo en salsa negra, y un tercero de huevos o friturillas y postre. Una minoría privilegiada, los verdaderamente ricos y los estraperlistas, comían estupendamente, manteniendo los niveles anteriores a la guerra civil, e incluso superándolos. Es natural, porque tocaban a más langosta, más pollo de corral, más jamón, más dulces de postre y más "café-café".

 

Quizá este doblete cafetero requiera cierta aclaración. A falta de productos originales se idearon algunos  sustitutos que fueron resignadamente aceptados e integrados en el idioma. El café de toda la vida, aquella planta arábiga que olvidaron los turcos en el segundo sitio de Viena, había pasado a llamarse "café del bueno" o "café-café", para diferenciarlo del sucedáneo elaborado con cebada o malta.

 

Los nuevos ricos se caracterizaban por su proclividad a los signos externos de riqueza, que eran especialmente tres: los coches americanos, que muchos adquirían solicitando simplemente "El coche más grande que haiga en la tienda" y que, por consiguiente, pasaron a denominarse “haigas”; los lujosos abrigos de pieles con que cubrían a sus mujeres y a sus queridas, y el jamón serrano.

 

El jamón alcanzó tal prestigio que llegó a simbolizar el bienestar y el éxito y, para los pobres, el sueño inalcanzable. Los héroes españoles por excelencia, los detectives de tebeo Roberto Alcázar y Pedrín, comían estupendos bocadillos de jamón mientras que el antihéroe Carpanta, la propia personificación del hambre y el fracaso, poblaba sus sueños imposibles de jamones y pavos asados. No es casual que el pío país que veneraba el brazo incorrupto de santa Teresa y la momia de san Fernando erigiera dos momias comestibles en el altar de sus hambres y sus hartunas: el bacalao de los pobres, con su triste raspa acartonada, y el jamón serrano de los ricos. El prestigio del jamón era tal que llegó a ser considerado en medicina y algunos médicos, cuando veían francamente mal al enfermo, le recetaban caldito de jamón. "Cuando un pobre come jamón -observaba el pueblo, sentencioso-, o está malo el jamón o está malo el pobre".

 

En los restaurantes no se sabía bien lo que se comía. Las albóndigas quedaron tan desprestigiadas que aún hoy mucha gente las evita sistemáticamente, recelando que se hacen con las sobras de la carne del día anterior.

 

Terminada la Segunda Guerra Mundial con la derrota de los fascismos, las democracias triunfantes decidieron boicotear al régimen de Franco. Pero el régimen, manipulando hábilmente la fibra patriótica, consiguió que una parte importante de la población reaccionara con orgullo hidalgo. El asolado país, haciendo de la necesidad una virtud, se encaramó en su sillón frailero, elevó la castaña a la categoría de plato nacional y se broqueló de desdén hacia lo extranjero, despreciando al mundo como la zorra a las uvas: “¿Que no nos quieren?: ¡Menos los queremos nosotros! Que bloquean las importaciones de trigo y gasolina:

 

!Ya nos apañaremos: “pa poco pan”, “ninguno”!" En las tribunas líderes falangistas bien comidos, muchos de ellos con doble papada y panza creciente, como el propio Caudillo, catequizaban al pueblo con la palabra autarquía, es decir, autoabastecimiento. Había que cerrar las puertas de la patria al corrompido mundo exterior, aun a costa de redoblar el hambre y el sufrimiento.

 

Hasta el diccionario se expurgó de extranjerismos, el coñac se rebautizó “jeriñac”, la ensaladilla rusa se llamó "imperial" y la radio emitió con machacona constancia la inspirada loa de Pepe Blanco, en su canción “ Cocidito madrileño” al plato autárquico nacional, al centralista e imperial cocido madrileño (1), vencedor, por fin, de la cocina gabacha con toda su cohorte de mistificaciones y camelos.

 

No me hable usted de los banquetes que hubo en Roma

ni del menú del hotel Plaza en Nueva York,

ni del faisán ni los fuagrases de paloma

ni me hable usted de la langosta Termidor.

 

Pues lo que a mí, sin discusión, me quita el sueño,

y es mi alimento y mi placer,

la gracia y sal que al cocidito   madrileño

le echa el amor de una mujer.

 

Cocidito madrileño,

repicando en la buhardilla,

que me sabe a hierbabuena

y a verbena en las Vistillas.

 

Cocidito madrileño

del ayer y del mañana

pesadumbre y alegría

de la madre y de la hermana:

 

a mirarte con ternura

yo aprendí desde pequeño

porque tú eres gloria pura

(bis) cocidito madrileño.

 

Dígame usted dónde hay un cuadro con más gracia

con el color que da la luz del mes de abril,

cuando son dos y están debajo de una acacia

y entre los dos un cocidito de albañil.

 

Cuando el querer de una mujer le dice al dueño

de su hermosura y su pasión:

"Toma, mi bien, tu cocido madrileño

que dentro va mi corazón".

 

Ya se ve que el cocidito de la copla, a falta de más sustancia, llevaba mucho amor femenino, de madre, de hermana, de esposa y algo de pesadumbre.

 

Carne, poca, si exceptuamos el corazón de la cocinera expresado en esta última estrofa. Por eso, como la vida da tantas vueltas, Pepe Blanco, humilde taxista logroñés de la primera posguerra, en cuanto se hizo un nombre y una cuenta corriente, se apartó de los garbanzos y se dio al bistec con patatas y al jamón de veta.

 

La copla patriótica confortaba mucho, sí, pero no aliviaba los estómagos vacíos en las frías noches invernales en torno al desmayado brasero.

 

Para saber más sobre el hambre de la posguerra española os recomiendo leer el artículo Tiempos de Carpantas en http://batiburrillo.blogia.com/2007/051601-tiempos-de-carpantas.php

 

 

(1) Cocido madrileño (el real, no el de la copla)

 

Ingredientes: Garbanzos +carne (morcillo) + caparazón de gallina (o pollo), +pechugas de gallina (o pollo)+ morcillas + chorizos + trozo de tocino (mejor panceta, menos grasa y más carne) + punta de jamón (o un pie de cerdo salado) + repollo + cebolla + zanahorias + patatas pequeñas + diente de ajo + pasta o arroz para la sopa.

 

Servicio en mesa:  En un puchero la carne con los garbanzos, en otro la sopa y en otro la verdura con las patatas y zanahorias.

 

 

 

Referencia: Tumbaollas y hambrientos-Juan Eslava Galán- Plaza & Janés Editores, S.A. 

TEJIDOS Y COLORES

TEJIDOS Y COLORES

En la Edad Media, la importancia social del vestido está atestiguada por el gran número de actividades que se refieren al vestir y a la extraordinaria variedad de los tejidos. Además, su fabricación corresponde generalmente a las mujeres: la del campesino cosecha el lino, esquila las ovejas, carda y tiñe la lana ; la del caballero emplea su ocio en hilar, tejer y bordar.

 

Las telas de hilo son las más habituales porque se producen en el lugar: el cainsil, una fina tela de lino con la que se hacen las camisas y las sábanas; el dril, que es una fuerte tela de cáñamo que se emplea para los forros y la vestimenta de trabajo; el fustán, un tejido mitad hilo mitad algodón (el algodón se importa de Egipto o de Italia) que sirve tanto para la ropa como para el mobiliario. La industria de la lana, por el contrario, se halla más localizada (Flandes, Champagne, Normandía, el centro/este de Inglaterra), y la calidad de las lanas es infinita, desde los paños ordinarios de sarga o tirataña, hasta el célebre stanfort —sólida lana inglesa confeccionada en Stanfort— o el magnífico camelino, dúctil, ligero, que imita la lana del camello. Cada ciudad tiene su especialidad en textura, color, dibujos. Los tejidos pueden ser llenos (de un único color), mezclados (de mezclilla), diapreados (con flores y follajes), moteados o rayados de maneras diversas.

 

Esta multitud de variedades se vuelve a encontrar en las sedas, importadas de Oriente, Egipto, Sicilia, y cuyo consumo en Occidente se incrementa fuertemente en el siglo XII. El damasco es diapreado tono con tono; el osterlín con tinte violeta; el siglatón procede de las Cicladas; el bofu de Bizancio, el baldequino de Bagdad. Los más solicitados son el samit, paño espeso y lujoso, el paile, tejido recamado fabricado en Alejandría, y el cendal, tela muy flexible semejante a nuestro tafetán.

 

Como la moda de las sedas, la de las pieles está vinculada al desarrollo del comercio. Las más lujosas se importan de Siberia, Armenia, Noruega y Alemania y son marta, castor, cebellina, oso, armiño y vero. Estas dos últimas pieles son muy cotizadas. La piel blanca del armiño se motea con el pelo negro que adorna el extremo de su cola, y el vero se mezcla con el pelaje de una ardilla denominada «gris»; el vientre suministra el blanco y el dorso su gris azulado. De estas pieles se hace el cuello y el forro de los vestidos de lujo. Sin embargo, las procedentes de la fauna local (nutria, tejón, garduña, zorro, liebre, conejo, cordero) se estiman menos; son cosidas en el interior de las mangas o entre las dos telas de las pellizas. Las más ordinarias, como el conejo, se tiñen de rojo para el adorno de los puños de las mangas y los bordes inferiores de los briales.

 

Y es que la moda tiene sus exigencias cromáticas; la elección de los colores depende de las consideraciones jerárquicas. El más preciado es el rojo —el color por excelencia— del que se sabe crear una infinidad de matices, a partir de plantas tintóreas (granza) o de substancias animales (cochinilla); le siguen el blanco y el verde. El amarillo no se diferencia del oro y sólo se emplea para las piezas grandes. El azul se convertirá en color refinado bajo el reinado de San Luis. Anteriormente, se utilizaba sobre todo para los vestidos ordinarios, como el gris, el negro y el pardo. Las novias visten de colores, el preferido el rojo y nunca blanco.

 

Por regla general, la Edad Media tiene un sentido de los colores más desarrollado que la Antigüedad o la época moderna. Considera cada uno según su grado de luminosidad. Los que desprenden mayor claridad (rojo, blanco, verde, amarillo) son los que más gustan, mientras que se dejan de lado aquellos a los que, por falta de conocimientos técnicos, no se les sabe sacar brillo. Esto lo ilustra el estudio semántico de los términos, que muestra cómo la población medieval veía en el azul un color insulso, en el gris algo sucio o abigarrado, en el pardo un color demasiado sombrío y en el negro una ausencia de luz inquietante.

 

Por su parte, una simbología de los colores también aparece plasmada en los trajes principescos. El rojo, considerado el más bello, era utilizado particularmente, para trajes festivos. El negro, sobre todo en tejidos de terciopelo, representaba el boato orgulloso y sombrío que amaba la época. Las princesas desestimaban el pardo y el amarillo, el primero por feo y el segundo por ser atribuible a gentes de guerra, pajes, criados y muchachas de mala vida. También tenían presente que el color verde simbolizaba el amor, ese invento cortés, y el azul la fidelidad.

                            

Referencia: La vida cotidiana de los caballeros de la tabla redonda- Michel Pastoureau – Ediciones Temas de Hoy

CULERS

CULERS

La denominación de "culers" (culeros) que se les da a los aficionados del FC Barcelona, viene de los tiempos en que  jugaba en el antiguo estadio de Les Corts, en el que algunos seguidores se sentaban en las filas más altas, justo en la valla que cerraba el estadio, de manera que desde la calle se veía una hilera de culos, que cabaron por designar a todos lo seguidores del Barça.
 
Antes de designar a los aficionados blaugranas, la palabra culer quería decir "homosexual", sentido que hoy en día no tiene. Últimamente la palabra se suele escribir, incorrectamente, como "culés".
 
 
Referencia: "Els perqués de Catalunya"- Familia Fernàndez.- Editorial Empùries