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EL LADO OSCURO DE HERGÉ/TINTÍN

EL LADO OSCURO DE HERGÉ/TINTÍN

Espero y confío que el presente artículo, escrito con motivo del centenario del nacimiento de Hergé, padre de Tintín, no provoque las iras de algún “tintinólogo”, que son gente de linea clara pero radical, y muy susceptibles cuando se tocan, aunque sea de refilón, sus asuntos.  

Georges Remi, más conocido por su seudónimo artístico: Hergé (en realidad es la transcripción fonética de las dos iniciales de su nombre, G.R., leídas en francés y en orden invertido), nació el 22 de mayo de 1907 en un arrabal de Bruselas (Bélgica). 

Aunque el propio Hergé cuenta en numerosas ocasiones que en la escuela había sido un mediocre alumno de dibujo, lo cierto es que muy pronto sobresale en esa asignatura. Tanto que no tarda en empezar a publicar dibujos y caricaturas en las revistas del movimiento boy-scout católico, en el que entra cuando tenía 13 años. Ese universo religioso profesa un culto a la juventud y a la pureza a través de la camaradería masculina y del ejercicio en la naturaleza , que va a constituir la base ideológica de la evolución de buena parte de la juventud centroeuropea hacia posiciones fascistas en los años 20.  

La primera vez que Georges Remi firma un dibujo como Hergé fue en 1924, en la revista Le Boy-Scout. Colabora en revistas, y consigue trabajo en la revista de la extrema derecha católica Le Vingtième Siècle, pero como oficinista del servicio de suscripciones, sin poder publicar sus dibujos más que en las revistas scouts. La situación se mantiene hasta que el editor de Le Vingtième Siècle, el abate Wallez, un abate ultramontano, tan admirador de Mussolini como furibundo antisemita y anticomunista, le ofrece pasar a la sección de reporteros e ilustradores, convirtiéndose para él en una especie de padre espiritual.

Es Wallez quien propone a Hergé transformar en el héroe de una serie de historietas a un joven personaje llamado Totor, de una tira cómica que había publicado en una revista scouts , acompañado de un perro al que llama Milú ( igual que el nombre con el que era conocida la que había sido su novia, Marie-Luise Van Cutsem). Así nace Tintín, cuya primera empresa aventurera, publicada por entregas en Le Vingtième Siècle a partir del 10 de enero de 1929, se titula Tintín en el país de los soviets. Hergé se limita a seguir los argumentos del libro Moscú sin velos, un panfleto anticomunista escrito por el cónsul belga Joseph Douillet. Aunque su personaje es todavía muy esquemático tiene un éxito rotundo.

Hergé no necesita de más argumentos ideológicos que los que su estricta educación y observancia cristianas ya le había imbuido, pero por si faltara algo, de compañero de mesa en el periódico tiene a un impulsivo periodista llamado León Degrelle, que luego aspiraría a convertirse en el führer belga con su partido nazi Rex y que llegaría a ser estrecho colaborador de Hitler, quien le otorgó uno de sus ridículos grados paramilitares, el de sturmbannführer, de las tenebrosas SS. Un sujeto que, tras la derrota del nazismo, vive el resto de su vida en España protegido por el régimen de Franco.

León Degrelle, no sólo no renuncia a su vieja amistad con Hergé, sino que en 1992 recuerda viejos tiempos y publica un libro, rápidamente prohibido, secuestrado e incluso quemado,  titulado Tintin, mi compañero, en el que no sólo se reivindica que Hergé se inspira en él para su personaje, sino la ideología fascista de Hergé y de su héroe; y para probarla publica cartas, fotos, testimonios y, ¡horror!, dibujos inéditos de Tintín con el uniforme del ejército belga colaboracionista con los invasores alemanes. Los tintinólogos y administradores de su fundación y obra, que no pueden negar las raíces ultras de su ídolo, achacan aquella etapa a “errores de juventud” y rechazan la mayor parte de las afirmaciones del nazi Degrelle . Hergé por su parte mantiene que el personaje de Tintín está inspirado en las características físicas de su hermano menor, Paul. Sin embargo, lo cierto es que, el país bajo dominación alemana, y cerrados Le Siécle XX y su suplemento Le Petit Vingtiéme por las restricciones de guerra, Hergé pasa a trabajar en el diario colaboracionista de los nazis Le Soir. 

Si se alega que cualquiera es libre de tener una opinión política (aunque eso no justifique el “adoctrinamiento” de las mentes infantiles) y que la denuncia del sistema soviético tuviese, pese a su parcialidad, visos de verdad, mucho más difícil de entender es el contenido de algunos de sus álbumes, como por ejemplo Tintín en el Congo.

En él vemos aparecer una ideología colonialista y racista execrable, más aún conociendo el trasfondo de la ocupación belga en el Congo. Tintín trata con desprecio y arrogancia a los ridículos “negritos”, que se maravillan de lo bien que piensa el “señor blanco”. Mientras, el reporter se dedica a masacrar tranquilamente a la fauna local (en un momento “chistoso” acaba de un plumazo con un rebaño entero de gacelas) y alcanzamos cimas del despropósito en unas escenas, posteriormente censuradas, en las que Tintín confunde el llanto de un bebé negro con los ladridos de Milú. Ese era el primer Tintín: oscuro, dogmático, antipático, cafre. Un hombre atrapado por sus propios prejuicios.  

La historia comienza a publicarse el 5 de junio de 1930 en Le Petit Vingtième .En 1946, Hergé redibuja totalmente el álbum para pasarlo a color y reducir sus 110 planchas de origen a las 62 páginas que tendrán  los álbumes en lo sucesivo. En esta nueva versión a color introduce numerosas modificaciones, suavizando un poco los tintes colonialistas. A pesar de ello, Tintín en el Congo cae en desgracia a partir de los años 50, y se hace bastante difícil de encontrar. Era el conflictivo momento de la descolonización, y el álbum no ees particularmente muy oportuno. Pero curiosamente fue en una revista del Zaire (antes colonia belga Congo) donde reaparece por primera vez la historia, acabando con la cuarentena de Tintín en el Congo. 

Una idea del contenido de las aventuras que Hergé escribe y dibuja de Tintín antes de la guerra, es el hecho de que, para poder reeditarlas, las somete a  una profunda censura con objeto de adecuarlas  al gusto democrático de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, cortando  e incluso eliminando secuencias y expresiones con las que, en los dulces años de la juventud, había proclamado su ideología fascista, racista y autoritaria.

Sobre  las acusaciones hechas a Tintín, sobre que es soso, machista, racista, fascista, burgués y aburrido, os remito a las peculiares y extensas explicaciones, (cuya lectura para bien o para mal, os recomiendo efusivamente), que el  “tintinólogo Alex Tornasol  da en  http://www.ergocomics.cl 

A modo de ejemplo, al referirse al curioso asunto de la ausencia de personajes femeninos  entre el círculo  íntimos de Tintín, o incluso a si Tintín es marica, escribe Alex Tornasol:  

”Sí, pero ¿podría ser de otro modo? Me explicaré. Efectivamente, en las historias de Tintín no aparecen mujeres. Tal vez asome una enfermera, la esposa de un expedicionario o una señora paseando, pero nada más. ¿Una heroína? ¿un amorío? ¡Nunca! El único personaje femenino con importancia es Bianca Castafiore, un loro patudo inaguantable, ignorante, pretencioso y chillón. La perfecta y más demoledora caricatura del Eterno Femenino. ¿Y esto por qué? Los bordurios acusan: ¡es que Hergé era misógino! ¡es que Tintín es marica! Y yo digo: ¡ nada de eso!, la razón de esta ausencia se ve al preguntarse qué aportaría una mujer o un amorío a estas historias. La respuesta es definitiva: ¡NADA! Una mujer entorpece toda acción (que no olvidemos, es de lo que se trata en Tintín), una mujer representa la estabilidad (frente al movimiento y la aventura continua de Tintín y sus amigos), implanta cursilería, sensiblería barata, mojigatería, dogmatismo (frente al liberalismo vital de Tintín), y todo modelo de aventura se limitaría a una simple ensoñación pseudo romántica (frente a la imaginación activa de Tintín).” 


Referencia: “El universo de un héroe llamadoTintín” - José Manuel Fajardo / Tebeosfera”-Ignacio Fontes. / http://www.ergocomics.cl 

 

JUAN RAMON JIMÉNEZ Y SUS AMORES

JUAN RAMON JIMÉNEZ Y SUS AMORES

El poeta delicado, el detallista, el creador de Platero, Juan Ramón Jiménez... El premio Nobel en 1956, de proverbial monogamia y amor eterno hacia Zenobia Camprubí, la mujer que en todo momento, desde 1913, le acompañó, tuvo un pasado turbulento en conquistas del que poco se ha sabido, aunque estuviera explícito en sus versos. La irrefrenable tendencia a la pasión amorosa del creador de Moguer, hoy uno de los pocos poetas que provocan entre sus descendientes artísticos unanimidad en la maestría, tuvo una juventud más que agitada. Lo prueban sus Libros de amor, un volumen de poesía sensual, erótica, explícita en las pasiones que se presenta el miércoles en la Residencia de Estudiantes y que no llegó a publicar en vida para no ofender a su mujer, a la que acababa de conocer cuando ya lo tenía terminado y a punto de impresión, y que ahora aparece en la editorial Linteo con un trabajo muy cuidado de José Antonio Expósito Hernández. 

 

En este libro, "con 25 poemas inéditos", asegura Expósito, de los 3.600 que tiene este experto catalogados, Juan Ramón desgrana todas sus pasiones carnales e idílicas con muchachas campesinas de su pueblo, mujeres casadas y algunas monjas novicias del sanatorio del Rosario, lo que ha provocado la protesta de sus actuales responsables ante la editorial. 


Allí, en el número 14 de la calle de Príncipe de Vergara de Madrid, pasó JRJ dos años -"de los más felices de mi vida", dice el poeta-, entre 1901 a 1903, por indicación del doctor Luis Simarro. Pero acabó expulsado por la madre superiora. Eran demasiadas las habladurías que provocaban, no sólo las visitas de sus amigotes, con Valle-Inclán y sus barbas de chivo y su ceceo como la máxima atracción de las novicias. El colmo fueron sus relaciones con tres jóvenes religiosas: la hermana Amalia Murillo, que fue trasladada de inmediato a Barcelona, con la hermana Filomena y, sobre todo, con Pilar Ruberte.
 


A ellas están dedicados varios poemas, pero los inspirados por esta última, más las confesiones de Juan Ramón en sus diarios íntimos, no dejan lugar a dudas. En ellos repasa a las que podían haberse convertido en amores más duraderos, y sólo de la novicia afirma: "Podía haber sido mi novia blanca".
 


En otros pasajes de sus recuerdos, el escritor la rememora: "Hermana Pilar, ¿tienes aún tan negros tus ojos? ¿Y tu boca tan fresca y tan roja? Y tus pechos... ¿cómo tienes los pechos? Ay, ¿te acuerdas cuando entrabas en las altas horas en mi cuarto, cuando me llamabas como una madre, cuando me reñías como a un niño?". Pero los poemas resultan una clara evocación de encuentros más que fogosos: "¡Hermana! Deshojábamos nuestros cuerpos ardientes / en una profusión sin fin y sin sentido.../ era otoño y el sol -¿te acuerdas?- endulzaba tristemente la estancia de un fulgor blanquecino...". O en otro, que comienza así: "Cuando huía, en un vuelo de tocas trastornadas, / de la impetuosa voluntad de mi deseo, / se refugiaba en un rincón, como una gata... / pero sus uñas eran más dulces que mis besos...".
 


Pero las conquistas de Juan Ramón Jiménez no sólo tocan al convento. También el libro recoge los poemas que dedicó a otras mujeres como María Teresa Flores Iñiguez, Blanca Hernández-Pinzón, Rocío Almonte, Francina, la cocinera de la clínica de Castel d’Andorte, donde estuvo ingresado, Luisa Grimm y Jeanne Roussié, estas dos últimas casadas. Roussié, concretamente, era la mujer del doctor Jean-Gaston Lalanne, que había acogido en su casa al poeta para tratarlo. Él tenía 19 años y ella 29 y queda claro que para él su relación fue exclusivamente sexual. "Lo mentido era escudo forjado por los dos / a los actos más bajos; ella ansiaba... saciarse / por si la vida no le daba el goce... honrado... / Yo iba sólo por un afán de novedades...".
 

 

Tanto este libro como Ellos, también editado por Linteo, muestran al poeta alejado de su imagen huraña, en permanente exilio interior. "Además, prueban que hay gran parte de su obra que no se basa en ensoñaciones, sino en experiencias reales", comenta Expósito. 


Referencia: “ El País”—Jesús Ruiz Mantilla.

 

WALT DISNEY: El Príncipe Negro de Hollywood

WALT DISNEY: El Príncipe Negro de Hollywood

Solitario, paranoico, alcohólico, fumador compulsivo, agresivo y megalómano, Walt Disney , bautizado por el biógrafo Marc Eliot como El príncipe negro de Hollywood,  es un hombre que partiendo de cero se convierte en el gran maestro del universo de la falsa amabilidad y ternura que lleva su firma, y cuyos productos, aún después de la muerte de Walt Disney, cargados de ideología conservadora , y de frustraciones de su creador, serán adorados , consumidos y asimilados por una generación tras otra en todo el mundo. 


Aún vive y goza de las mieles de la gloria universal, cuando a Walt Disney se le cuestiona la sistemática orfandad de sus personajes, fueran Blancanieves, la Cenicienta, Peter Pan, Mowgli, el escudero Verruga, futuro rey Arturo, o el caso brutal de Bambi, con padre lejano y una madre sacrificada por los cazadores. ¿Quién era el padre de Dumbo? ¿Por qué Pinocho necesitaba de la intervención divina para ser el hijo de Gepetto?  Parece que la razón hay que buscarla en ese trauma que le atormentará toda su vida: la duda sobre su propio origen.   
 


En el principio está Elias, su padre, un ambicioso y frustrado descendiente de inmigrantes ingleses a quien los fracasos empresariales llevan a un socialismo pedestre que responsabiliza de su miseria a la conjura burgués-judaica. Pero es, además y sobre todo, un auténtico hijo de puta que desahoga sus frustraciones en palizas brutales contra sus dos hijos menores, Roy y Walter. Los traumas de este último son tan severos, que a los  ocho años de edad , elabora la fantasía de que Elías no es su padre sino un ogro, y que él no pertenece a la familia, sino que ha tenido la mala suerte de haber sido abandonado en esa casa. 
 


En 1917, a los 16 años, decide enrolarse en el ejército para combatir en Europa: la Junta de reclutamiento, viéndolo muy joven, le pidesu acta de nacimiento. Descubre que su familia no la tiene, pero que tampoco hay registro de su nacimiento en ningún archivo de su natal Chicago, aunque sí consta el nacimiento de un Walter Elías Disney ¡once años antes, hijo de sus mismos padres!
 

 

El misterio no se resuelve nunca, y, de hecho, se complica muchos años después cuando J. Edgar Hoover, el director del FBI ( otro hijo de  puta que gusta de travestirse en sus ratos libres junto a otros de sus mismas aficiones, y que  acumula gran cantidad de dosieres  comprometedores de gente influyente, asegurándose así su propia existencia e impunidad),  recluta a Disney, ya una gloria artística en 1939, para que informe al FBI sobre sus colegas,  en los años de obsesión anticomunista en contra de intelectuales y actores progresistas norteamericanos. Disney cumple con creces el encargo, y lo cumple también con sus declaraciones, cuando  el Comité de Actividades Antiamericanas lo requiere. 


Hoover, conocedor de la ausencia de datos  sobre el nacimiento de Walt Disney, en pago por sus servicios, pone a sus órdenes agentes que descubran la verdad oculta de quien siendo un hombre universalmente conocido, no sabía quien era. Lo que indagan los agentes es un delirio legendario: sus orígenes estan en el pueblito de Mojacar, en Almería, España, y hasta el mismo Walt Disney envia en 1954 y en 1966 más personas a continuar la investigación , sin poder resolver las evidentes contradicciones de la farsa creada por Hoover. 
 

 

Walt Disney, es un creador incansable de personajes, a los que afina y corrige constantemente, permitiéndoles crecer y tener vida propia, pero al mismo tiempo es un pésimo dibujante.  Quien transforma sus ideas en dibujo, incluida su célebre firma de trazos curvos, usada hasta la fecha.  es  un talento fuera de serie llamado Ub Iwerks.  


Disney carece de todo espíritu de grupo: obsesionado por el reconocimiento social y artístico, se apropia de todas las creaciones y niega sistemáticamente el trabajo y el arte de sus dibujantes;  paga unos sueldos de miseria, compensados, según él, por la oportunidad de trabajar "para Disney", y en momentos de crisis abre escuelas de dibujo donde recluta talentos que le trabajan gratis o da vacaciones no pagadas a las mujeres de su staff, que le veneran por guapo y generoso.

Más que como un magnate, Disney maneja su estudio como un hacendado paternalista, que ve en sus empleados a unos hijos a los que debe cuidar y educar: está prohibido decir malas palabras en las instalaciones, quien lo hace es despedido fulminantemente, así como beber (aunque él se permitía el whisky a raudales en su oficina); visita de día y de noche los estudios, y controla las creaciones de los dibujantes, dejándoles , cuando no están, notas de aprobación o desaprobación a su trabajo; permanentemente nervioso se obsesiona con lavarse las manos, cosa que llega a realiza 30 veces en una hora; le inquieta la presencia de modelos desnudas en el taller de sus dibujantes. Su código moral sin embargo, no le  impide tener una fluida relación con la mafia.
 


También le enfurece que alguno de sus dibujantes destaque en el mundo Disney, en el que él es todo. Y así hasta el mismo Ub Iwerks le deja, amargado ante la falta de reconocimiento después del éxito de la primera caricatura sonora, Steamboat Willie (1928).  


En 1937, entra en el estudio Arthur Babbit, el más grande talento con el que contaría jamás y  uno de sus mayores dolores de cabeza. Babbit es, sobre todo, un creador nato, que hace del personaje que se le asigne un auténtico ladrón de escenas.  Disney le encarga la creación de la heroína de Blancanieves, basándose en los movimientos de la bailarina Margorie Belcher para que la interpretara: se filman sus movimientos y se recrean en dibujo. 
 


Babbit y Belcher inician un romance que se pasó de tórrido en las instalaciones. Disney enfurecido ante semejante transgresión de sus normas morales , ordena que los echen, pero Babbit aparece con un acta de matrimonio conseguida un día antes. Disney se traga el coraje pero lo castiga asignándole a la Reina Mala. Gran error: Babbit consigue uno de los personajes más fuertes de toda la filmografía de Disney. Para colmo, en 1939 Babbit promueve la creación del Sindicato de Caricaturistas (Cartoonist Guild), que Disney siente como un ataque personal. La confrontación entre ambos es feroz: Disney coquetea con el movimiento Nazi Americano, preocupado porque sus películas no puedan verse en los territorios ocupados por Hitler, antes de que el FBI le buscara a su vez para que le sirviera de informante; y mientras tanto, no puede prescindir de Babbit y de su esposa, quien haría el Hada Azul de Pinocho. En 1941, el choque llevará a los estudios Disney a la célebre huelga de caricaturistas, que perderá Disney. Babbit será para Disney la encarnación de los peligros del comunismo: un enemigo oculto en las sedas del talento artístico.

También Walt Disney tiene sus dosis de genio incomprendido, como cuando en una decisión personal y rechazando las advertencias de personas de su equipo, se empeña en hacer la película Fantasía con su querido Mickey Mouse como protagonista, y que, pese al  éxito de algunos episodios, concretamente el de los honguitos de la "Danza China", hecho por Arthur Babbit, es un fracaso. 
 

 

La selección musical de Fantasía se rige por piezas ya del dominio público, excepto La consagración de la primavera de Igor Stravinski, cuyo tema pagano y escándalo histórico en su estreno jamás llega a conocimiento de Walt Disney, que la ve como el fondo ideal para ilustrar el destino de unos dinosaurios. Ello no obstante, no le impide tener con Stravinski uno de sus habituales comportamientos miserables, ofreciéndole de mala gana cinco mil dólares por el derecho de usar la música como mejor conviniera al proyecto. Stravinski, al que los abogados de Disney le hacen saber que los derechos de su obra se han firmado en la Rusia prerrevolucionaria y son irreivindicables , acepta indignado. Más vale poco que nada. 

     

¿Y a quién amó Walt Disney? Ciertamente que no a su padre ni a su esposa, Lillian Bounds, una entintadora de su estudio con la que se casa el 25 de julio de 1925, al cabo de un mes de  noviazgo. La luna de miel es en Los Ángeles, y hacia allá toman un tren. Lilian nunca olvida ese viaje: Disney, sumamente nervioso, no puedo consumar el matrimonio con el pretexto de que lo había atacado, de pronto, un insoportable dolor de muelas. La pantomima dura cuatro días más.

Esa noche, Lilian observa en Walt una conducta que luego entenderá como resultado de la neurosis aguda que sufre su esposo: lo ve caminar muchas horas por los corredores del tren, en una actitud de ansiedad y desesperación, y hace lustrar sus zapatos varias veces cuando se acerca la madrugada.

No son infrecuentes las depresiones profundas de  Disney , que se encierra  en su despach0  y deja de hablar a su esposa durante días. Cuando sale de su crisis, discute con Lilian por cualquier cosa, le grita y se pone a llorar.

Tampoco Lillian está lista para las ansias de fama de su esposo, que aparece solo en todos los eventos, al grado de que se le considera uno de los solteros más codiciados de Hollywood , cuando lleva diez años de casado.

En la primavera de 1949, Disney tiene la idea de un parque de diversiones que recree sus mundos personales, desde el Kansas de su infancia (Main Street) hasta su utopía (Tomorrowland); tarda seis años en construir su sueño máximo, que no comparte su esposa Lillian, y donde impone unas  reglas cuarteleras para que todo sea “políticamente correcto” (algunas tan sorprendentes como por ejemplo la prohibición a los empleados de usar bigote) y de explotación del personal que se mantienen en el día de hoy.  

 

Walt Disney se queda cada vez más tiempo ahí, hasta que se instala en uno de los edificios de Main Street. Disneylandia no es sólo su Xanadú, sino el retorno a una infancia que su padre le había robado a golpes. Walt Disney murió el 15 de diciembre de 1966.            


Desde sus comienzos Disney , se niega a separar las funciones  de entretener y educar y elimina la frontera entre la cultura pública y los intereses comerciales, y crea un universo perfecto en el que los personajes reafirman la primacía del individualismo y la competitividad , eso sí ,todo ello sin que en ningún momento el orden establecido sea nunca puesto en cuestión.
 


Así, bajo el manto de la inocencia y el entretenimiento, la factoría Disney encubre el poderoso papel educativo que ejerce a través del manejo de la cultura del mercado, creando deseos, defendiendo valores conservadores , modelando gustos y finalmente transmitiendo ideología a su receptor/gran consumidor, mayormente niños y jóvenes. 
 


Tras la muerte de Disney, su marca sigue vendiendo la misma mercancía, ahora además utilizando la explotación de mano de obra barata en países tercermundistas, para vender sus productos a precios caros en el primer mundo. Pero esa es otra historia, aún más negra .
 


 

Referencias: “El ciudadano Disney” -Gustavo García / “Para leer al Pato Donald” – Ariel Dorfman y Armand Mattelard / “El ratoncito feroz—Disney o el fin de la inocencia” –Henry A. Giroux./ “El libro negro de las marcas” – Klaus Werner y Hans Weiss

 

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Hoy es costumbre celebrar el cumpleaños de una persona viva, pero, de haber prevalecido la tradición occidental, estaríamos observando celebraciones anuales del aniversario de la muerte de una persona, que en otro tiempo era un acontecimiento más significativo. Muchas de nuestras celebraciones han cambiado radicalmente en comparación con lo que eran en otro tiempo.

 

Nunca se celebraban los cumpleaños de los niños, ni tampoco los de las mujeres, y el adornado pastel de cumpleaños, que fue por breve tiempo una tradición griega, dejó de confeccionarse durante siglos, aunque reapareció más tarde, adornado con velas y saludado con un coro de «Feliz cumpleaños».

¿De dónde proceden, pues, nuestras costumbres relacionadas con el cumpleaños?

En Egipto, y más tarde en Babilonia, los aniversarios del nacimiento eran registrados y celebrados en el caso de los niños pertenecientes a la realeza y de sexo masculino. Las fiestas de cumpleaños se desconocían entre las clases bajas, y entre todas las mujeres, excepto la reina.

 

Sólo un rey, la reina o los varones nobles de muy alto rango tenían reconocida la fecha en la que nacieron, y sólo entre ellos se conmemoraba ésta anualmente.

En la historia que ha quedado registrada, las primeras celebraciones de cumpleaños tuvieron lugar alrededor de 3.000 a.C., y fueron las de los primeros faraones. Esta práctica comenzó después de unir el Alto y el Bajo Egipto. Dichas celebraciones consistían en brillantes fiestas en palacio y en las que tomaban parte sirvientes, esclavos y hombres y mujeres libres. A menudo, se ponía en libertad a presos de las cárceles reales.

 

Dos antiguos cumpleaños de mujeres han quedado documentados:


Gracias a Plutarco, el biógrafo y ensayista griego del siglo I, sabemos que Cleopatra IV, última soberana de la dinastía de los Tolomeos, organizó una fastuosa fiesta de cumpleaños para su amante Marco Antonio, en la que incluso los invitados quedaron colmados de obsequios reales.
Una reina egipcia anterior, Cleopatra II, que se casó incestuosamente con su hermano Tolomeo y tuvo un hijo de él, recibió de su marido uno de los más macabros regalos de cumpleaños de toda la historia: los restos de su hijo asesinado y descuartizado.

Los griegos adoptaron la costumbre egipcia de celebrar los cumpleaños, y a partir de los persas, reputados entre los grandes reposteros de la Antigüedad, incorporaron un pastel especial. El escritor Filocoro nos explica que los adoradores de Artemisa, diosa de la Luna y de la caza, celebraban el cumpleaños de ésta el sexto día de cada mes, preparando una gran tarta a base de harina y miel. Ciertos datos sugieren que el pastel de Artemisa pudo haber estado adornado con velas encendidas, puesto que las velas representaban la luz lunar, la irradiación de la diosa hacia la Tierra.

Los cumpleaños de las deidades griegas se celebraban con carácter mensual, por lo que cada dios era festejado con doce conmemoraciones al año. En cuanto a los mortales, los cumpleaños de las mujeres y de los niños se consideraban indignos de celebrarse, pero el del cabeza de familia se conmemoraba con un banquete.

Los griegos denominaban estos festejos dedicados a los varones vivos Genetblia, y las celebraciones anuales proseguían años después de haber muerto el agasajado, con unas conmemoraciones póstumas conocidas como Genesia.

Los romanos añadieron un nuevo matiz a las celebraciones del cumpleaños. Antes de comenzar la era cristiana, el Senado instauró la costumbre (todavía practicada hoy) de considerar los cumpleaños de los estadistas más importantes como festividades nacionales. En el año 44 a.C., el Senado aprobó una ley por la que el aniversario del asesinato de César se convertía en festividad anual, realzada por un desfile público, una sesión especial de circo, combates de gladiadores, un banquete vespertino y la representación de una obra teatral.

Con el ascenso del cristianismo, la tradición de celebrar los cumpleaños cesó por completo. Para los primeros seguidores de Cristo, oprimidos, perseguidos y martirizados por judíos y paganos, y que creían que los niños entraban en este mundo manchadas ya sus almas por el pecado original de Adán, el mundo era un lugar duro y cruel, en el que no había razón para celebrar el cumpleaños de nadie. Sin embargo, puesto que la muerte era la auténtica liberación, el paso al paraíso eterno, el día de la muerte de cualquier persona merecía ser conmemorado con plegarias. Contrariamente a la creencia popular, eran los días de la muerte, y no del nacimiento de los santos, los celebrados y los que se convertían en sus «festividades».

Los historiadores de la Iglesia interpretan muchas referencias cristianas primitivas a los «aniversarios» como el paso a la otra vida, o sea el nacimiento en ella. El aniversario de un santo no es aquel en que nacieron en la carne, sino aquel en el que nacen en el cielo procedentes de la tierra, aquel en que pasan de las miserias al descanso.

Había otra razón por la que los primeros Padres de la Iglesia predicaban contra la celebración de los cumpleaños. Ellos consideraban estas festividades, originadas entre egipcios y griegos, como reliquias de las prácticas paganas. En el año 245 d.C., cuando un grupo de antiguos historiadores cristianos trató de fijar la fecha exacta del nacimiento de Cristo, la Iglesia católica consideró sacrílega esta investigación, proclamando que sería pecaminoso celebrar el nacimiento de Cristo como si fuese un faraón.

Sin embargo, en el siglo IV la Iglesia empezó a modificar su actitud respecto a las celebraciones de los cumpleaños, e inició también serios estudios para determinar la fecha del nacimiento de Cristo. El resultado, desde luego, marcó el comienzo de la tradición de la Navidad. Con la celebración de la natividad de Cristo, el mundo occidental recuperó la celebración de los cumpleaños.

En el siglo XII, las parroquias de toda Europa registraban ya los nacimientos de sus habitantes, y las familias observaban tales fechas con celebraciones anuales. Con el tiempo, reapareció el pastel de cumpleaños, ahora coronado con velas,

La costumbre del pastel de aniversario fue observada durante breve tiempo en la antigua Grecia. Resurgió entre los campesinos alemanes en la Edad Media, a través de un nuevo tipo de celebración, una Kinderfeste, ofrecida específicamente a un niño o niña (Kind).

En cierto modo, esto señaló el comienzo de las fiestas infantiles de cumpleaños, y en muchos aspectos un niño alemán del siglo XIII recibía más atenciones y honores que sus coetáneos de los tiempos modernos. Una Kinderfeste comenzaba al amanecer. El niño agasajado era despertado por la llegada de un pastel coronado con velas encendidas. Estas velas se cambiaban y se mantenían encendidas durante todo el día, hasta que, después del ágape familiar, se despachaba el pastel. El número de velas era igual al de los años que cumplía el niño, más una, que representaba la «luz de la vida».

La creencia en que una vela simboliza la vida se encuentra a través de toda la historia. Macbeth habla de la vida como una «breve candela», y el proverbio advierte contra «quemar la vela por ambos cabos».

El niño o niña recibía también regalos y seleccionaba el menú para el banquete familiar, pidiendo sus platos predilectos. Nuestra costumbre de pensar un deseo y soplar las velas procede también de la Kinderfeste alemana. Las velas de cumpleaños debían apagarse con un solo soplido, y el deseo, en caso de convertirse en realidad, debía mantenerse en secreto.

El folklore del cumpleaños alemán tenía otra costumbre que ya no se observa hoy. El Hombre del Cumpleaños, era un gnomo barbudo que hacía unos obsequios adicionales a los niños que se habían comportado bien. Aunque este personaje nunca alcanzó la categoría de un Santa Claus o de un Papá Noel, a principios del siglo XX aún se vendían en Alemania muñecos que lo representaban.

 

Referencia: “Las cosas nuestras de cada día”—Charles Panati 

 

LOS CASTRADOS

LOS CASTRADOS

Ya que el artículo trata de asuntos relacionados con los testículos, y como curiosidad, debo citaros a los miembros de la tribu africana de los Bubal. Según la wikipedia, dicha tribu que habita únicamente en la delimitación fronteriza existente entre Kenia y Somalia, son particularmente conocidos por el crecimiento excesivo de sus testículos , que a veces llegan a tener hasta 70-80 cm. de diámetro, y que podéis ver en la imagen superior. 

 

Resulta que la escasa alimentación y la permanente falta de vitaminas y microelementos movieron a los miembros de la tribu a tratar de encontrar ayuda en su único medio de supervivencia, las vacas. Así, una de sus creencias-costumbres es la de que desde pequeños deben alimentarse, entre otras cosas del flujo menstrual de las vacas, con la intención de evitar enfermedades como la anemia, el escorbuto y la leucemia, hábito que no abandonan hasta una vez que contraen matrimonio. Ya de adultos siguen con la costumbre de chupar la vagina de las vacas, creyendo que con eso consiguen coraje y valentía.

 

Unos científicos italianos descubrieron recientemente que este flujo era rico en vitaminas B6, B12, E y D y también un sustituto a la deficiencia de hierro, magnesio, fósforo, calcio y potasio. Esa es la razón por la que éstos científicos también piensan que este tipo de consumo protege a la tribu de la enfermedad más común de la región, la anemia.
 

También concluyeron que al ser consumido con frecuencia, parece que son los determinantes de la deformidad física irreversible que presentan los miembros masculinos de la tribu, el excesivo crecimiento de sus testículos una vez pasada la edad de la adolescencia por esta “terapia hormonal”, que no representa ninguna influencia contraria en cuanto al hecho de la reproducción, aunque conlleva otros problemas evidentes. 

 

Dicho lo cual pasamos al tema que nos ocupa, y que es precisamente todo lo contrario de lo anterior: la castración .; en este caso con finalidad musical. 
 

La tradición de los castrati, niños y jóvenes con voces “blancas” o “angelicales”, o sea, cercanas al registro femenino de soprano, cualidad previa a la llegada de la pubertad, se pierde en el tiempo, y sus ejemplos más lejanos se remontan al siglo XII, cuando en el Imperio Bizantino se utilizaban eunucos (esclavos castrados que se encargaban de la vigilancia de los harenes) para ejecutar algunas composiciones musicales.  
 

En siglos posteriores, numerosas familias humildes ofrecían sus niños a la castración para preservar sus voces, y garantizarse así los ingresos necesarios para su supervivencia.  
 

En el siglo XVI en Italia, se comprueba que castrando a niños de edades comprendidas entre los 7 y los 12 años, que poseyeran una hermosa voz, como los que cantaban en algunos coros y escolanías de las iglesias, cuando crecían conservaban el tono agudo de soprano de la voz infantil pero potenciada por los pulmones del adulto y la mayor caja de resonancia del tórax. De este modo se obtenía una voz extraordinaria, incomparable con ninguna de las conocidas hasta entonces y utilizadas en la naciente música teatral, precedente inmediato de la ópera.  
 

La posibilidad de hacer carrera cantando en ceremonias religiosas, teatros o cortes, podía implicar un considerable ingreso, no sólo para el artista, sino también para su familia y los intermediarios de las contrataciones. Además, los mezquinos intereses forzaban frecuentemente a los niños a aceptar su castración, aunque una disposición hipócrita dictaba que no podía realizarse “sin el consentimiento del niño”. 

 

Como sois lectores con sensibilidad, omitiré los diversos procedimientos de castración utilizados, a cual más salvaje, aunque para que  tengáis una remota idea (en aquella época los métodos no eran tan refinados), podéis dar un vistazo al instrumental que se utiliza hoy en día para  estos menesteres .
 

Es en el siglo XVI cuando los castrati hacen su aparición en las iglesias, tras la prohibición del Papa Pablo IV de que las mujeres cantaran en la Basílica de San Pedro. Así, niños y adultos castrados reemplazaron las voces femeninas. De esta forma, muchos de estos cantantes de “voz angelical” lograron la admiración del público y colosales fortunas personales, interpretando, según el caso, papeles masculinos o femeninos.  


La Iglesia, que condenó desde un principio esas prácticas, y estableció penas de excomunión e incuso la de muerte para quienes practicasen o colaborasen con la castración, mantuvo, una vez más, una actitud hipócrita, desmentida clamorosamente por su propia actuación. Así, por ejemplo, en 1780 existían nada menos que setecientos castrati actuando en las iglesias de Roma.  

 

Durante muchos años, estos fenómenos vocales son utilizados como espectáculo de feria donde, por ejemplo, se les hace competir con determinados instrumentos musicales, en especial con la trompeta, de timbre también muy agudo; el trompetista ejecutaba una nota y la mantenía el mayor tiempo posible en el aire o la modificaba e florituras; luego el cantante debía imitar aquel sonido con su voz o intentar igualarlo en duración o en filigrana. El público asistente cruzaba apuestas y el cantante podía terminar la función vitoreado o molido a palos, según le fuese en el desafío o estuviera el humor de los apostantes.


Sin duda alguna, el castrati más célebre de todos los cantantes castrati por sus excepcionales condiciones musicales, fue Carlo Broschi, conocido como Farinelli ( en la imagen superior). Los primeros años tras su aprendizaje le llevaron a recorrer numerosos teatros de poca categoría, dedicado más a ejercicios vocales casi circenses que a la auténtica interpretación musical. Los empresarios le contrataban para dúos con otros castrati en los que cada uno intentaba superar los alardes que acometía el otro sin regirse en cualquier caso por ninguna partitura; Otras veces eran los conocidos desafíos entre el cantante y la trompeta, que se transformaban en una sucesión de notas agudas y sobreagudas que hoy herirían nuestros oídos pero que entonces entusiasmaban al público que llenaba aquellos teatros. El caso es que la extraordinaria calidad de Farinelli, le permitió por fin dedicarse al repertorio operístico, que llegó a interpretar junto a George Fiedrih Haendel. Era tal la emoción que el canto de Farinelli producía, que numerosas damas caían desmayadas durante su actuación.  


Mientras tanto en España transcurría el reinado del primer Borbón (loco), llamado Felipe V (Ssí, el de una alocada historia de Bo(r)bones). Sufría el rey de una gravísima enfermedad mental, que le producía entre otros síntomas un a profunda depresión, llamada entonces melancolía., que le hacía permanecer días y semanas e la cama sin permitir el más mínimo aseo personal , con un hedor que se hacía insoportables a su alrededor, musitando palabras inconexas y con actitudes infantiloides como chuparse el dedo o gritar creyéndose muerto y enterrado. Otras veces, durante la fase maníaca de la enfermedad , recorría el palacio semidesnudo, salía a los jardines en camisón lleno de mugre o incluso llegaba a agredir a la reina, la muy ambiciosa Isabel de Farnesio. 
 

La reina, agotadas las posibles soluciones que la ciencia y hasta la brujería conocían, toma una decisión sorprendente, Consiste en intentar con su marido una especie de terapia que aun no siendo desconocida hasta ese momento e la historia de la medicina no había sido utilizada más que en contadas ocasiones y de forma más anecdótica que con intención conscientemente curativa. Se trata del efecto beneficioso que causa en a mente humana la música, mejor dicho, cierta música.  

 

En 1737 en pleno éxito operístico, Farinelli se retiró de los escenarios y aceptó la muy generosa oferta de Isabel de Farnesio para ir a España y convertirse en cantante privado del rey Felipe V de España.  Por lo visto,  los cantos de Farinelli, que en España pasó a conocerse como “El capón”, aliviaron el estado mental del rey , una de las primeras noticias del efecto saludable de la musicoterapia.

 

Durante nueve años, Farinelli deberá cantar todas las noches junto al lecho del rey de medio mundo, siempre las mismas cuatro canciones que se habían demostrado como las más eficaces para aliviar la “melancolía” regia. 
 

Después de la muerte de Felipe V, el cantante se quedó en la corte española un total de 25 años, sirviendo también al siguiente rey, Fernando VI, y a Carlos III durante varios años, hasta que sin saberse la causa, este último le ordenó abandonar el reino. Farinelli , tras haber pasado 25 años en a cote española volvió a Italia con una pensión vitalicia. Murió en 1782.                                        

A finales del siglo XVIII, numerosos intelectuales europeos se pronunciaron abiertamente contra la castración, Voltaire y Rousseau entre ellos. Pero fue el imperio napoleónico el que puso fin a tales prácticas. Por su parte, la Iglesia modificó su actitud, permitiendo a partir de 1798 que las mujeres actuaran en los escenarios teatrales, además de que el papa Benedicto XIV declaró ilegal la amputación de cualquier parte del cuerpo, salvo en caso de absoluta necesidad médica. 

 

A pesar de ello, los castrati siguieron cantando en el Vaticano y otras iglesias, hasta que un decreto del papa León XIII en 1902, prohibió definitivamente su presentación en ceremonias eclesiásticas. Sin embargo, se hicieron algunas excepciones, como en el caso de Alessandro Moreschi, “el último castrato”, quien se retiró en 1913 y fue el único que pudo dejar el testimonio de su voz para la posteridad en grabaciones realizadas en 1902 y 1904. 

 

  

Referencias: http://www.kindsein.com/es/8/educacion/227/?ST1=Full_text&ST_T1=Article&ST_PS1=13&ST_AS1=0&ST_max=1 / “Historias curiosas del arte”- José Ignacio de Arana.

SUPERHEROÍNAS

SUPERHEROÍNAS

Se consideran cómics de supermujeres a los que tienen de protagonista a mujeres que emulan a Superman; es decir, superwomans con alguna de estas características: gran fuerza física, poderes sobrehumanos en sus puños o garras, capacidad de volar, capacidad de aparecer y desaparecer, de avanzar o retroceder en el tiempo histórico, semidiosas o encarnación de las diosas del mundo clásico.Los cómics de estas características son una copia descarada de los de superhombres con el aliciente añadido de la belleza y el erotismo con el que los dibujantes adornan a este tipo de heroínas.

En los cómics futuristas o de ciencia ficción el tema es en general un pretexto para dibujar cuerpos de mujeres jóvenes, embutidos en trajes ajustados, y de tejidos con brillo para simular los metales de los trajes y naves espaciales. Las científicas que parecen son escasas y su imagen a veces es asexuada. Las astronautas o capitanas de naves espaciales pueden estar dibujadas con la cabeza rapada, cascos y/o viseras, con lo cual en el dibujo es difícil identificarlas como mujeres.

Los cómics de ciencia ficción actuales muestran a protagonistas femeninas en puestos de poder y decisión, como el de capitana o teniente, pero nunca ocupan el mando supremo. Estos cómics están muy inspirados o recuerdan a las películas militaristas o futuristas norteamericanas.

Los ambientes son violentos y las protagonistas están endurecidas por ese mundo tan masculino. Reproducen los tópicos de asignación de roles genéricos de la cultura occidental actual.

Muestran un sistema solar todavía lleno de misterios apasionantes en el que los humanos no han encontrado ningún oasis menos terrible que el mundo de este inicio de milenio. El terrorismo es una amenaza constante y la crueldad, la violencia y el miedo están por todas partes. Y presentan también un mundo futuro donde las relaciones entre sexos no son muy diferentes a los actuales.

Referencia: "La imagen de la mujer en el cómic: cómic feminista, cómic futurista y de ciencia-ficción" -María Antonia Díez Balda.

UNA ALOCADA HISTORIA DE BO(r)BONES

UNA ALOCADA HISTORIA DE BO(r)BONES

Acabada la galería de frikis que fueron los reyes españoles de la Casa de Austria, hay un rayo de esperanza en España con una nueva dinastía gobernante, la de los Borbones,  que pronto se acaba cuando a lo largo del tiempo, sin hurtarles sus aciertos, que los tuvieron, se vuelve a más de lo mismo, y hasta peor en lo que a salud mental se refiere.

 

La dinastía de los Borbones empieza cuando en el año 1720, es nombrado rey de España el duque de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, con el nombre de Felipe V, un jovenzuelo no muy alto, rubio y de ojos azules, y con un carácter tan abúlico y retraído que hasta llama la atención del prestigioso médico Helvecio, que se interesa por él como caso clínico. Es que el Borbón llevaba en sus venas un cuartillo de sangre Austria con toda su perturbadora herencia genética, pues era biznieto de Felipe IV. Además era hijo de una esquizofrénica y nieto de una loca, así que también esta familia sufría las taras resultantes de la consanguinidad de sus antepasados. Para colmo no hablaba ni una palabra en castellano, detestaba la gastronomía española y las corridas de toros le reconcomían (algo bueno tenía la criatura).

 

Los Borbones del siglo XVII fueron proclives a las depresiones y a la locura, y a muchos de ellos les dio por joder a calzón quitado,que es, como se sabe, fijación de los bobos. De Felipe V, que, además,  era extremadamente religioso, escribió su ministro Alberoni: “Sólo necesita un reclinatorio y una mujer”; y otro observador: “Pasa dos veces al día de los brazos de su mujer a los pies de su confesor.”. Este freno de la religión y un cierto sentido de la decencia hizo que Felipe V y los otros Borbones del siglo XVIII, fueran fieles a sus esposas. Solamente a partir de Fernando VII, ya en el siglo XIX, les da por el puterío, por las queridas y por las cómicas.

 

Felipe V tuvo un primer reinado que duró hasta 1724, año en que loco de atar , a  muchos les pareció natural y hasta conveniente que abdicara en su hijo y heredero Luis I, pero el nuevo monarca, delgado, rubio, gran nariz borbónica, bailón, juerguista y compulsivo cazador, había salido tan lelo como el padre. La esposa que le buscaron no enmendaba el cuadro. Era una francesa poco agraciada y algo contrahecha pero tan desinhibida y graciosa que no tenía problema alguno en eructar o tirarse pedos en público, con gran quebranto de la etiqueta palaciega. También solía exhibir sus encantos, en transparente negligé, ante criados y visitantes. El embajador francés, obligado por su cargo a ejercer como detective de conductas conyugales, comunicó a París sus sospechas de que la joven pareja no hacía vida marital “por incapacidad del rey, ya que la reina traía aprendido de París todo lo necesario”. El nuevo rey no era incapaz, lo que ocurre es que no aguantaba a su mujer y prefería desfogarse en ventas y burdeles a los que acudía disfrazado de chulo madrileño ( gusto por los usos populares que se manifestará también en otros Borbones) . Probablemente fue una suerte para España que el nuevo monarca muriera de viruelas, a los diecisiete años, ocho meses después de ocupar el trono.

 

Pero volvamos a Felipe V, convertido en un viejo melancólico , apenas aliviado por los cantos del contratenor Farinelli, sí el de la película, un castrado italiano al que nombró su ministro. Por cierto que Farinelli mantuvo su puesto en el siguiente reinado, con Fernando VI, pero cayó en desgracia con Carlos III al que “solo le agradaban los capones en la mesa”.


El segundo reinado de Felipe V (1724—1746), fue un auténtico despropósito. El rey en plena locura, se imaginaba que al salir a caballo, el sol le atacaría la cabeza y le mataría. Se negaba a dejarse afeitar o cortar el pelo y las uñas. Sus cabellos sobresalían de su peluca, que no se quitaba nunca. Vestía con andrajos y no era infrecuente verlo sin pantalones o con el culo al aire, si alguien no le sujetaba con alfileres los zarrios en los que se había convertido su vestimenta. Se mordía los brazos porque se creía muerto, preguntando por qué no lo habían enterrado o bien afirmaba que carecía de brazos y piernas. Ordenaba abrir las ventanas en los días que helaba y cerrarlas en pleno verano, o bien despachaba de noche diciendo que era día. Tenía siempre una pierna hinchada fuera de la cama y la movía sin cesar. Cuando no se creía muerto, pensaba que lo habían envenenado o que había sido transformado en rana y entonces soltaba unos alaridos horrorosos que espantaban a todo el palacio. Una noche de 1738 se levantó y quiso huir en camisa y descalzo. Su locura de entonces consistía en imaginar que querían envenenarle con una camisa, de modo que sólo utilizaba las de su esposa Isabel de Farnesio después de haberlas llevado ella. Cuando trataron de impedir que se escapara , golpeó a una camarera de palacio y a la propia reina, quien le sermoneó por tan feo comportamiento, amenazándole con no volver a acostarse con él. Lloró entonces Su Majestad durante todo el día y se negó a despachar con sus ministros.


El primer Borbón español, murió el 9 de julio de 1746. A la capilla ardiente acudió el pueblo curioso y macabro, que estamos en el país de los grandes entierros, y se juntó tan apiñada muchedumbre que “en la sala malparieron dos mujeres y a otra sacaron un ojo, siendo todo accidentes sensibles”

 


Referencias : “La historia de España contada para escépticos”—Juan Eslava Galán / “Los Borbones en porretas” – Fidel Balés— Sònia Cebrián—Paco Espiga – Jaume Oliveras - M. Àngels Pagès – Anna Puig – Joan Vall – Dani Vilà – Joan Villarroya / “La vida privada de los Borbones” – Manuel Ríos Mazcarelle.

REVUELTO DE MENTIRAS

REVUELTO DE MENTIRAS

Bin Laden no fue el primero en atacar a EEUU en su propio territorio nacional.

 

Fué Pancho Villa, quien en 1916 cruzo Río Grande y atacó la ciudad de Columbus, en Nuevo México, donde mató a siete personas. La invasión duró menos de diez horas.

Las tres carabelas de Colón solo fueron dos.

 

La Pinta y la Niña. Porque la tercera nave que participó en el descubrimiento de América era una nao, otro tipo de barco de mayor tamaño. Se llamaba Maria Galante, pero Colón la rebautizó Santa María.

Las brujas de Salem no fueron quemadas en la hoguera.

 

Pero que nadie piense que las indultaron. En realidad fueron ahorcadas, que era la pena que las comunidades protestantes y calvinistas solían dictar para los casos de hechicería.

En Casablanca, Bogart nunca pronuncia la frase: “Tócala otra vez, Sam”.

 

 En realidad, la frase exacta es: “ Tócala Sam, Toca As time goes by”, y la dice Ingrid Bergman. Para acabar de arruinar el mito, el actor que hacia de Sam (Dooley Wilson) solo cantaba, ya que no sabia tocar el piano. El acompañamiento se incorporó en estudio.

Los vikingos no llevaban cascos con cuernos.

 

Fue una invención del pintor sueco Gustav Malstrom en las ilustraciones que realizó en 1820 para el poema épico Frithiofs Saga. El propósito de estos cuernos irreales era retratar a los feroces guerreros del Norte como seres  demoníacos.

El Estrangulador de Boston, Albert de Salvo, no estrangulaba a sus victimas.

 

Al menos, no a todas. Únicamente asesino de ese modo a la primera; en cambio a las otras doce las mato a golpes o puñaladas.

Walt Disney era un mal dibujante,  y nunca diseñó ninguno de sus famosos personajes.

 

Durante muchos años se dijo que Mickey Mouse había sido creado por él, pero ahora sabemos que fue obra exclusiva del dibujante Ub Wickers quien le dejo a Disney compartir la autoría para devolverle un favor.

La Revolución de Octubre fue en Noviembre.

 

Realmente (y según el actual calendario gregoriano), comenzó el 7 de Noviembre, cuando Lenin se sublevo en Petrogrado contra el gobierno de Kerensky. Lo que ocurre es que Rusia se regia aun por el llamado calendario Juliano (obsoleto en el resto del mundo occidental desde el año 1582). Según el cual, la fecha correspondía al 25 de octubre.

Hernán Cortés nunca quemó sus naves.

Según el relato de Bernal Diaz del Castillo, el cronista que acompaño a la expedición durante la conquista de México, lo que hizo fue embarrancarlas y barrenarlas, para abrir vías de agua. Además, Cortes dejo una intacta, para que fuera a Cuba a solicitar el envió de mas víveres y tropas.

Sherlok Holmes nunca dijo: “Elemental querido Watson”.

 

En las novelas de Conan Doyle, el famoso detective si pronuncia la palabra “elemental”, pero nunca acompañada por la muletilla. La frase, tal y como la conocemos, fue escrita para el guión de una película protagonizada por Basil Rathbone en 1939.

La guillotina no fue un invento del  doctor Ígnace Guillotin.

 

EL revolucionario lo único que hizo fue proponerla como método oficial de ejecución. El diseño del artilugio se encargó a  Antoine Louis (1723—1792) ,  y recibía le nombre de “louisette” o “louison” aunque se popularizó, muy a pesar del doctor, como “guillotine”.

María Antonieta jamás pronunció la infame frase: “Si no tienen pan, que coman bollos”, cuando un consejero le comentó las penalidades que pasaba el pueblo de París.

 

La historiadora Antonia Fraser ha descubierto que es un bulo: quien dijo esa barbaridad fue una cortesana, madame de Montespan. Así lo recogió Jean- Jacques Rousseau en su obra Confesiones, escrita en 1768, precisamente dos años antes de que Maria Antonieta llegara a Francia

La marcha de las mujeres estaba formada por hombres.

 

La subida del precio del pan provoco en 1789 una sublevación popular en Paris. Teóricamente , 6.000 mujeres armadas con cuchillos y hoces marcharon en señal de protesta hacia el palacio de Versalles, dirigidas por Theroigne de Mericourt, aunque  en realidad las mujeres no llegaban al centenar, y el resto eran varones disfrazados con ropas femeninas.

En La Bastilla no había presos políticos
.

 

Cuando estalló la  Revolución Francesa, en  la mítica prisión parisina no estaba preso ningún disidente. No había más que siete cautivos, y todos aristócratas (entre ellos el marques de Sade), encarcelados por los llamados “delitos de nombre”: no pagar deudas, matar a un rival en un duelo….

John Ford no era tuerto.

 

EL parche se lo puso ocasionalmente en 1934 para poder recuperarse de la operación de cataratas. A partir de entonces, acostumbró a llevarlo en público como excentricidad, aunque solía cambiárselo de ojo.

Nunca hubo  11.000 vírgenes.

 

En una lápida de una iglesia de colonia esta cincelada la leyenda de 11.000 doncellas asesinadas por los hunos de Atila en el año 449.  Jardiel Pocenla ya se cuestionó en una de sus obras que la auténtica cifra de vírgenes fuera tan elevada; y tenia razón, ya que hoy sabemos que solo fueron once las jóvenes martirizadas hasta la muerte por los bárbaros.

Marco Polo no introdujo la pasta en Europa.

 

Fueron los árabes, durante la invasión de Sicilia en el año 669 (600 años antes del nacimiento del famoso viajero). EL historiador musulmán Al-Idri relató que los árabes instalados en la isla comían los itriyah, unos fideos secos.

El General Custer nunca dijo aquello de: “El único indio bueno es el indio muerto”.

 

El verdadero autor de tal afirmación fue el general Philip O. Sheridan.

Robin Hood no era un bandido generoso, ni robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

 

En realidad era un nombre llamado Robert Hood, que se sublevó contra el rey Ricardo II (y no contra Juan “Sin Tierra”) para no pagar impuestos

Catalina de Rusia no murió practicando el sexo con un caballo.

 

La soberana falleció de un infarto, pero la leyenda negra surgió a raíz del descubrimiento de su colección privada de piezas eróticas, en las que no faltaban escenas de zoofilia.

Adán y Eva nunca comieron una manzana.

 

Ya sabemos que solo es un mito, pero aun así, en el Génesis no se menciona de que fruto se trataba; únicamente se lee: “…pero del fruto del Árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él”. El mito de la manzana probablemente se deba a los pintores renacentistas.

El Caballo Blanco de Santiago no era blanco.

 

En el techo de la catedral de Compostela esta representada la imagen del santo a lomos de un ejemplar de piel castaña con manchas negras.

“Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”.

 

Este proverbio no pertenece a ningún texto sagrado islámico. Forma parte de una parábola inventada por el filósofo británico Francis Bacon.

Cortar cabelleras no era costumbre natural de los pieles rojas.

 

La copiaron de los franceses, que exigían a sus mercenarios presentar el cuero cabelludo de cada indio muerto para poder cobrar la recompensa.

Los Reyes Magos no eran tres.

 

El Evangelio según San Mateo solo menciona la visita de unos magos de Oriente, pero no especifica su número, y ni siquiera dice que fueran reyes.

“Y sin embargo se mueve”

 

No existe ninguna prueba que demuestre que Galileo realmente murmurara esa frase al verse obligado a abjurar de sus teorías científicas en 1633, tras ser juzgado por la Inquisición. Actualmente , los historiales creen que se la inventó el escritor y editor turinés Giusepe Baretti en un fantasioso libro titulado Biblioteca italiana (1757)

Al Capone odiaba los espaguetis, y, por extensión, casi todas las variedades de la pasta italiana.

 

Lo contó en su biografía el actor George Raft, especializado en papeles de gángster y a quien Capone (gran admirador suyo) invito una vez a cenar. ¡Y le sorprendió con un menú de comida china!

Julio César no nació por cesárea.

 

Los historiadores creen que no fue así, porque su madre murió cuando él ya había cumplido los 30, en una época en la que las mujeres no solían sobrevivir a esta operación. Lo que si es cierto es que dicha intervención debe  su nombre  a una ley promulgada por César para que los bebés fueran extraídos de los vientres de sus madres si estas fallecían a partir del séptimo mes de gestación.


 

Y hay más, muuuuuuuuuuuchas más.

Referencias : “Errores, falacias y mentiras” – Peter Villanueva Hering / “Quo