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FRANZ

LA TORMENTOSA HISTORIA DEL GATO

LA TORMENTOSA HISTORIA DEL GATO

Una de esas leyendas cristianas, que tanto nos hace reír a muchos y que se lleva bastante mal con la teoría de la Creación, cuenta, para explicar el origen del gato, que Noé, en el Arca, observó que los ratones se habían reproducido a un ritmo vertiginoso, poniendo con ello en peligro las provisiones embarcadas. Entonces pidió ayuda a Dios, y Dios le indicó que debía acariciar tres veces la cabeza del león. Así lo hizo y el león estornudó, y de sus fosas nasales surgió una pareja de gatos que comenzaron a acabar con los ratones ( se supone que a todos menos a dos y de sexo contrario, lo cual tiene su mérito). 

 

Leyendas aparte, lo cierto es que el gato, inicialmente animal salvaje, fue domesticado por los egipcios hace unos 5.000 años, utilizados como cazador de ratones en los silos de grano. El gato tuvo status doméstico y divino simultáneamente, y así la religión del antiguo Egipto lo incluyó entre sus símbolos sagrados, considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad.  Asimismo, la belleza del animal hizo que la diosa Bastet, símbolo de belleza y fecundidad egipcia , fuese representada con cabeza de gato. También en el antiguo Egipto se colocaban a los niños medallas con la cara de Bastet, la diosa gata, para que los protegiera de las enfermedades.

Tal era el aprecio que inspiraba el gato entre los egipcios, que la muerte de uno de estos animales hacia que toda la familia que le había albergado le guardara luto, rapándose las cejas en señal de duelo, y tanto ricos como pobres embalsamaban y momificaban los cadáveres de sus gatos ( junto con ratones embalsamados, como alimento para su largo viaje al Más Allá) ,con el mayor lujo, envolviéndolos con un fino lienzo y colocándolos en sarcófagos de materiales valiosos, como el bronce e incluso la madera, todo un lujo en un Egipto tan pobre en árboles. En 1890 un equipo de arqueólogos hallaron en la ciudad de Bubastis amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos.

Impresionados por la supervivencia del gato, animal capaz de soportar numerosas caídas desde gran altura y salir ileso de ellas, los egipcios originaron la creencia de que el gato tiene siete vidas, e incluso nueve según otros.

La popularidad del gato se extendió rápidamente a través de las civilizaciones. Textos en sánscrito que cuentan más de dos mil años de antigüedad hablan del papel de los gatos en la sociedad india. En China, hace unos 2.500 años, Confucio tenía un gato como animal de compañía predilecto.

Los griegos, conocedores del valor del gato como cazador de ratones, intentaron comprar una pareja para hacerlos criar en Grecia; dada la naturaleza sagrada del gato los egipcios se negaron a esta transacción. Pero los griegos, a pesar de este argumento o quizá debido a él, robaron una pareja que llevada a Grecia extendió la raza al resto de Europa.

El gato fue también reconocido, por ejemplo, por los celtas, que  creían que los ojos de los gatos representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas; y también por los galos, que castigaban la muerte de un gato con el equivalente de una oveja y su cordero, o a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del gato suspendido por la cola, con el hocico tocando el suelo.

Alrededor del año 600 de nuestra era, el profeta Mahoma predicaba con un gato en sus brazos y, más o menos en la misma época, los japoneses empezaron a mantener gatos en sus pagodas para proteger los manuscritos sagrados.



En Europa, el hecho de que un gato se cruzara en el camino de una persona era signo de fortuna, pero su suerte cambió radicalmente cuando la Iglesia, en una más de sus interesadas interpretaciones, a mediados del siglo XIII, comenzó una terrible persecución contra ellos, considerando que las brujas se metarforseaban en gatos negros para pasar desapercibidas por la calle y eran en general la representación del diablo.

En 1233 el papa Gregorio IX declaró que los herejes adoraban al demonio en forma de gato, lo que dio lugar a una persecución que se prolongaría durante varios siglos.

Señal de satanismo era que los gatos no obedecieran al hombre que había sido creado a imagen y semejanza de Dios, implicando esta actitud que fueran siervos e instrumentos del demonio. También eran una señal sus maléficos ojos brillaban en la oscuridad, dado que esto tenía que ser obra del diablo. Además, de noche abandonaban sus casas en las ciudades y salían a los bosques, por lo que debían ser hijos de la oscuridad y de un mundo tenebroso. Por si fuera poco, en los cementerios había gatos, por lo que deducían que el espíritu de los muertos se había apoderado de ellos.

No fue en absoluto ajena a la decisión de Iglesia sobre la eliminación de los gatos, su interés en acabar con símbolos , creencias y cultos paganas de los países nórdicos, existentes durante la Edad, entre ellos, Freya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica , cuyo carro era  tirado por dos gatos . Los gatos pasaron, según la Iglesia, a tirar de carros de seres diabólicos.

Por todo ello, había que matar a los gatos, que a los 9 años se convertirían en brujos poderosos. La ignorancia llegó a justificar que cuando los gatos eran arrojados desde lo alto de las torres de las iglesias y no se mataban porque caían de pie, lo era en realidad porque eran salvados por el diablo. Así, la posesión de un gato bastaba para acusar a una persona de brujería; y si además era un gato negro, la condena era segura.

Había recompensas económicas por la entrega de gatos muertos para ser quemados en hogueras. En algunas ciudades existía un día especial dedicado al rito. Así, en Inglaterra, Francia y Alemania, en el día de Todos los Santos, se iniciaban las fiestas populares con la quema de cajas y sacos llenos de gatos vivos. En Escocia, los gatos eran empalados y asados vivos durante dos días, en una ceremonia llamada "La cena del diablo". En París, durante la noche de San Juan, se quemaban gatos vivos en presencia del Rey, hasta que Luis XIV prohibió estas hogueras. En las ferias de los pueblos se incluía el tiro al gato como entretenimiento (metían al gato en un canasto y había que atravesarlo disparándole flechas).

El aniquilamiento de los gatos fue de tal magnitud que cuando la peste negra azotó Europa en el siglo XIV, causando más de veinticinco millones de muertos, apenas sí quedaban ejemplares para luchar contra las ratas, principales propagadores de la enfermedad. Y sin ninguna duda, la plaga fue tan devastadora debido al desenfrenado exterminio de los gatos.

También el gato fue utilizado en el siglo XIV por el Papa Clemente , que decidió acabar con la Orden de los Caballeros Templarios, acusándoles entre otros pecados , de homosexualidad y de adorar al demonio en forma de dicho animal.

En el año 1400, el gato  estuvo a punto de extinguirse en Europa. Su existencia se reivindica a partir del siglo XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de tan temibles y desoladoras plagas.  Media


No fue si no a partir del siglo XVIII , cuando el gato vuelve a conquistar parte de su antiguo prestigio, y no sólo se utiliza como cazador de roedores e insectos, sino que su belleza lo hace protagonista de cuadros, muy especialmente de los de la escuela inglesa, y de motivos escultóricos.

La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca, ha dado lugar a  multitud de supersticiones , la  mayoría muy conocidas, relacionadas con dicho animal, según se le considere representante de la mala o la buena suerte, según la circunstancia o lugar en que naciesen. Así, el gato negro no siempre es considerado presagio de mala suerte, sino al contrario; su misterioso y especial comportamiento ha servido para creer que poseen poderes extrasensoriales por lo que son excelentes mediums y captan con facilidad la presencia de espíritus, y han servido tanto como componentes de pócimas secretas para curar enfermedades , como a  los marineros para predicción del estado futuro del mar.



Referencia: "Las cosas nuestras de cada día"- Charles Panati / ¡ Toquemos madera! - Margarita Candón y Elena Bonnet
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