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FRANZ

ZOMBIS Y MUERTOS VIVIENTES

ZOMBIS Y MUERTOS VIVIENTES

El zombi es un esclavo de un hechicero (conocido por el nombre de bokor), que mediante un rito secreto vudú y la utilización de dos sustancias, llamadas polvo zombi y pepino zombi, consigue la muerte aparente de una persona y su resurrección tras desenterrar el "cadáver", pero en forma de un ser que sigue viviendo pero que no recuerda nada de su vida anterior, un ser sin voluntad que se limita a obedecer las órdenes recibidas. 

Wadis Navis, etnobotánico canadiense se dirigió a Haití, cuna del vudú, y comenzó una investigación sobre los zombies en abril de 1982, que prolongó durante varios años con la ayuda del Social Science and Humanities Research Council of Canada, la International Psychiatric Research Foundation, la Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research y la National Science Foundation.

A pesar del escepticismo e incluso la repulsa con que la mayoría de los científicos, incluyendo los médicos haitianos, trataba el mito de los "muertos vivientes", Davis y sus patrocinadores supieron atisbar una realidad de gran interés científico oculta por el velo del misterio y la superstición. No era la primera vez que se documentaba médicamente un caso de zombificación, pero en ocasiones anteriores el pretencioso despotismo científico había ahogado el interés de esos casos bajo calificativos como "tonterías de negros", "supercherías", "mitos populares", etc. Y si existía un certificado de defunción de un individuo que era hallado de pronto deambulando por las calles de Puerto Príncipe, se atribuía a una confusión, un fraude o un error médico. Todo el mundo sabe que no se puede regresar de la muerte.

Ocurrió que durante el período de investigación, tuvo ocasión de ver como varios hechiceros preparaban el polvo zombi. Utilizaban variados ingredientes, que iban desde cráneos machacados de bebés recién exhumados hasta extractos de distintos tipos de sapos. Pero el único ingrediente que aparecía siempre en todas las mezclas era un tipo especial de pescado conocido como pez buffer , nuestro viejo conocido y peligroso pez fugu japonés del que me ocupé en anterior artículo.

El hígado y los órganos sexuales de este pescado contienen un veneno, conocido como tetrodotoxina, que puede paralizar el sistema nervioso y que en dosis adecuadas no produce la muerte si no un estado de muerte aparente durante varios días, en los que el sujeto sigue consciente. Así pues mediante el polvo zombi , puede provocarse una muerte supuesta que se convierte en vida en cuanto pasan sus efectos. Basta desenterrar al "cadáver" a tiempo y esperar su resurrección., y aplicarle un segundo y trascendental tratamiento.

El segundo tratamiento se realiza mediante el denominado pepino zombi, fundamental para anular la voluntad de la víctima convirtiéndolo en un zombi. El pepino zombi es ni más ni menos la Datura stramonium, en la imagen superior, también conocida como estramonio, hierba del Diablo, hierba hedionda, higuera del infierno, ...., planta tóxica de la familia de las solanáceas que contiene atropina y escopolamina psicoactivas, y que producen a quien lo ingiere desorientación, confusión, amnesia, estupor y conductas alteradas, síntomas que se atribuyen a los zombis. Otra de las reacciones que produce la escopolamina son la visión borrosa y la dificultad para mantener el equilibrio, imagen típica de esos zombis enloquecidos que van tropezando durante sus desplazamientos.

Se conoce también que la tetrodotoxina interfiere en el funcionamiento de los nervios mediante el siguiente mecanismo: la droga bloquea la recogida de sodio por las células, un proceso que es esencial para la transmisión de señales de una célula a otra. Por ello según la tradición vudú, un zombi no puede tomar sal, ya que el cloruro sódico rompería el efecto de la droga y el resucitado se volvería consciente de su verdadera situación y regresaría, horrorizado, a su verdadero lugar, la tumba.

Davis contó su fascinante aventura en un libro titulado "El enigma zombi" que en 1988 se transformó en  versión cinematográfica de serie B, en la que se mezclaba vudú , los asesinos tonton macutes  y otras atrocidades,  titulada "La serpiente y el arco iris". 

El campesino de Haití, siempre alerta frente a cualquier aspecto diabólico o peligroso del vudú, es capaz de descubrir a un zombie por varios signos. El zombie suele caminar dando bandazos, realiza las acciones físicas de manera mecánica, tiene una mirada helada y desenfocada, y habla con voz nasal. Esta última característica, en particular, se asocia con la muerte en el folklore de Haití, probablemente debido a la costumbre de taponar las fosas nasales de los cadáveres con algodón. Los guédé (siniestros y lascivos dioses de la muerte del panteón vudú) se caracterizan por hablar de este modo. Cuando un devoto del culto vudú está poseído por un guédé, siempre habla con entonación nasal. Otra relación más entre los zombies y los dioses de la muerte nos la da el hecho de que uno de los más famosos dioses, el Capitán Guédé, a veces también es conocido bajo el hombre de Capitán Zombie.

Casi todos los haitianos temen la posibilidad de que sus parientes fallecidos puedan ser transformados en cadáveres ambulantes. En el Haití actual pueden apreciarse con facilidad varias de las medidas preventivas adoptadas para evitarlo. Así, por ejemplo, hasta los campesinos más humildes se endeudan para recubrir con pesadas losas las tumbas de sus parientes más cercanos. En las zonas rurales se excavan las tumbas lo más cerca posible de una carretera o camino, para que los brujos, por miedo a las miradas curiosas, no puedan llevar a cabo su nefasta tarea.

En otros casos, la familia del muerto velará la tumba durante noches seguidas hasta convencerse de que el cuerpo está suficientemente descompuesto y ya no le es útil a un bokor. Ocasionalmente, los muertos son enterrados directamente en los patios de las casas de los campesinos.

Los que temen de manera especial a la brujería toman precauciones mucho más extremadas para impedir que sus muertos ingresen en el semimundo brumoso de los zombies. Inyectan veneno en el cuerpo, lo mutilan con un cuchillo, o incluso le disparan para «rematarle». Una precaución menos drástica consiste en colocar en la tumba agujas y carretes de hilo, así como miles de pequeñas semillas de sésamo. La creencia es que el espíritu del muerto estará tan ocupado en la tarea de enhebrar las agujas y contar las semillas, que no oirá la voz que le ordene salir de la tumba. Otra medida consiste en poner un cuchillo en las manos del muerto, para que pueda defenderse. 

Conviene aclarar que no se debe confundir a un zombi con un muerto viviente comedor de vísceras y otras porquerías, estilo La noche de los muertos vivientes y similares.  

Referencias: "Radares, hula hoops y cerdos juguetones"- Joe Schwarcz- /  http://www.mundoparanormal.com/

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