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FRANZ

OMBLIGOS Y CORDONES

OMBLIGOS Y CORDONES

Parece que lo mío no tiene solución. He vuelto a escribir un larguísimo artículo que de nuevo va a poner a prueba la paciencia de algunos sufridos lectores y la huída de la mayoría. Así pues, para los valientes/pacientes, a continuación el ombligo, el cordón umbilical y sus curiosas historias.  

A los cinco o seis días de vida del recién nacido, cuando se marchita el cordón umbilical y se desprende, deja en su punto de inserción una pequeña cicatriz que constituye lo que se llama el ombligo, según los mitos de los distintos pueblos, símbolo de centro del mundo, es decir, del lugar desde donde se inició la creación. 

Empezaremos con esa pequeña cicatriz  y las importantes discusiones teológicas que se originaron cuando se planteó la cuestión de si era racional representar con ombligo a Adán y Eva.

Así, mientras los teólogos y sabios discutían tan trascendental tema , los artistas más tímidos escondían el ombligo bajo los sueltos cabellos de Eva, que de paso le servían para ocultar sus pechos.   Con Adán la cosa se complicaba, y el asunto no era tan sencillo. Unos les atribuyeron ombligo, y otros no.

Miguel Ángel, como para compensar la tacañería de otros, le otorgó ombligo a Adán, y como pintaba para la capilla privada del Papa (la Capilla Sixtina) y estaba en estrecho contacto con el pontífice entonces reinante, se podría pensar que esto había zanjado la cuestión. Pero no, porque en 1646, el doctor sir Thomas Browne se encuentra envuelto en la controversia del lado "antiombliguísta". La atribución a Adán, dice, de "esa tortuosidad o complicada nudosidad que usualmente llamamos ombligo" es un error espantoso, no obstante "los auténticos dibujos de Angelo y otros", de los que se infiere que "el Creador afectó superfluidades o partes ordenadas sin uso ni oficio". 

Luego si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, de tener  Adán ombligo  , ¿ quien era la madre del Dios creador?. Y además si lo tenía ¿ acaso se afirmaba qué Dios se dedicaba a hacer cosas inncesarias y por tanto imperfectas? 

Algunos sabios, sin embargo, optaron por “marear la perdiz” sosteniendo que Dios podía haberles puesto ombligos a Adán y a Eva, con el solo fin de poner a prueba la fe de hombres posteriores que dudaran de ello, eso es, para ver si preferían ser razonables o devotos. Y así estamos al día de hoy, sin aclarar el apasionante e idiota dilema teológico del ombligo de Adán y Eva.

Íntimamente unido al ombligo está el cordón umbilical, que también dispone de una larga tradición de leyendas en la mayoría de culturas de todo el mundo. El cordón umbilical seco se desprende del pequeño, y a partir de ese momento se considera como un potente objeto mágico que, tratado de forma especial, es capaz de favorecer una serie de cualidades físicas en el pequeño.  Diversos pueblos mexicanos llevan el cordón umbilical a lo más alto del monte o a lo más profundo del bosque para que el niño no tenga miedo y se haga valiente y esforzado; otros rociaban el cordón de los niños con mezcal, licor de alta graduación alcohólica, con el fin de establecer un lazo mágico entre ellos ya que se le atribuye al licor unas propiedades masculinas, mientras que los de las niñas se untaban con miel para que de mayores fueran mujeres de exquisita dulzura. En Europa nos encontramos con prácticas similares, como era el antiguo ritual practicado en la Babiera renana en el que se envolvía el cordón umbilical durante cierto tiempo en un trozo de lino viejo y después se cortaba o pinchaba en trocitos según fuera de niño o de niña, a fin de que cuando crecieran fueran hábiles artesanos o buenas costureras. 

En España el interés en el futuro se orientaba más a la obtención de ciertos deseos personales más que profesionales, y la madre guardaba el cordón del niño hasta que fuera soldado, pues si lo llevaba dentro de una bolsita colgado del cuello o bien cosido a la ropa, obtendría un buen número en el sorteo de las quintas para el servicio militar, y en caso de ir a la guerra no moriría en ella; si pertenecía a una niña se guardaba para cuando fuera mujer, pues si se reducía a polvo el cordón desecado y se mezclaba con un alimento o una bebida, dándoselo a tomar al hombre deseado, éste se enamoraría de ella.

En otras ocasiones el cordón umbilical no actuaba como un simple elemento favorecedor de unas determinadas características físicas o cualidades útiles en la vida, sino que actuaba como amuleto o guardián mágico de su dueño. Es una práctica bastante extendida colocar el cordón umbilical junto al niño para que actúe como un ángel de la guarda: puede estar colgado de una pared o viga de la habitación del pequeño, anudado junto a la cabecera de la cuna o, incluso, escondido en el interior de la almohada.

En Europa a finales del siglo pasado, en Alemania y más concretamente en Berlín, la comadrona solía entregárselo al padre recomendándole que lo guardara con sumo cuidado, pues durante tanto tiempo como lo tuviera así guardado, el niño viviría feliz y estaría libre de enfermedades; en las proximidades de Nuremberg y para que el niño caminara ligero, colocaban el muñón umbilical bajo su almohada junto con una cabeza de liebre, aunque también era habitual que lo guardaran hasta que el niño tenía la edad de seis años, momento en el que la madre lo desmenuzaba y lo mezclaba con huevo batido hasta hacer una tortilla que se le daba el niño para comer, pensando que este alimento le despertaría la inteligencia; en Hessen lo cosían a los trajes para que sirviera de protección contra golpes y armas de fuego; en Oldenburg pensaban que el niño aprendería a leer más fácilmente si le enseñaban la letra A del abecedario a través de un tubito hecho con el cordón umbilical desecado.

Los campesinos franceses de las zonas de Beauce y Perche se cuidaban de no arrojarlo al agua o al fuego por miedo a que por una mágica asociación el niño muriera ahogado o abrasado por las llamas. Los auspicios de buena suerte que rodeaban al bautizado hacían que en ocasiones los familiares forzaran a la providencia: en la ciudad de Königsberg, actualmente Kaliningrado, cuna del filósofo Immanuel Kant, cuando llevaban al recién nacido a la pila bautismal le daban un poco de sal, dinero y su ombligo seco, por su valor como amuleto.

Otros usos del cordón han nacido de la idea del recién nacido como ser puro e inocente, y que se han manifestado básicamente en dos vertientes distintas: la religiosa y la diabólica. En cuanto a la primera, lo cierto es que no es extraño descubrir bolsitas, que contienen en su interior un muñón umbilical, en la proximidad de algún altar y disimuladas entre los clásicos exvotos, actuando como rogativa para la curación del pequeño o con el fin de conseguir la protección celestial, sería por tanto un objeto que, por su pureza, acercaría más al bebé a la divinidad.

En algunos pueblos de España se guardaban los cordones umbilicales para, si el niño de mayor presentaba una incontinencia nocturna de la orina, hacer caldos con ellos pues estaban considerados como un gran remedio contra la enuresis, además, si los cordones eran de mellizos, en pueblos andaluces se secaban y se conservaban en saquitos, pues estaban considerados como un buen remedio para el dolor de vientre; en zonas de Extremadura los introducían, una vez secos, en agua durante veinticuatro horas, obteniendo la llamada "agua de tripa", utilizada para lavar los ojos enfermos de los niños.

Desde un punto de vista terapéutico el ombligo tiene menos importancia que el cordón umbilical, aunque en España, especialmente en zonas de Ciudad Real, era un objetivo básico del tratamiento de la esterilidad ya que se aplicaban parches en el ombligo de la mujer estéril mientras que a la vez orientaban los pies de su cama hacia el norte geográfico.

En los países del norte de Europa fue un elemento curativo de cierta importancia: en la provincia sueca de Västmanland se ponía el ombligo pulverizado en el pezón de la madre para que el niño no tuviera cólicos, mientras que en otras zonas usaban el agua en la que se había lavado el ombligo para frotar los angiomas de la piel del recién nacido.  La utilización del ombligo del recién nacido para eliminar las manchas atribuidas a los antojos de la madre durante el embarazo ha estado muy generalizada en todo el mundo, con este fin en Suiza ya utilizaban el agua en la que se había macerado el cordón junto con algarrobas silvestres. En Finlandia el ombligo se cocía en leche que posteriormente se daba a los niños para curar las heridas y llagas de la boca, aunque una simple infusión del mismo era utilizada en alteraciones dermatológicas del infante como la erisipela o determinados eczemas. El cordón umbilical ha tenido tanta importancia en la medicina popular que no sólo los recién nacidos o sus madres eran los destinatarios de la bondad de sus efectos, siendo muchas las personas que lo utilizaban en su botiquín particular: entre los chatinos de Oaxaca, México, era utilizado contra la diarrea y el vómito al mezclarlo con cáscara de huevo, tierra de panal y agua estéril; se engarzaba en un anillo de oro o de plata como talismán contra los cólicos entre los suabos del sur de Alemania; en zonas de Suecia era utilizado como medicina general cuando se maceraba con alcohol. Múltiples han sido los usos terapéuticos del cordón: contra la epilepsia, el raquitismo, las hemorragias uterinas, al alcoholismo, las conjuntivitis y todo tipo de inflamaciones oculares, en problemas dermatológicos variados, para curar el hipo. 

En la Edad Media también se cuidaba el lado estético del ombligo; a los niños pequeños se les envolvía como una momia mientras se les colocaba una bola de plomo en la cicatriz del cordón umbilical para conseguir un hermoso y profundo ombligo, método que algunas abuelas e incluso nuestras madres han seguido hasta la actualidad, aunque utilizando bolitas de algodón o lana en vez de plomo.

Asimismo, la exposición de un ombligo desnudo, que antiguamente era un tabú en la sociedad occidental, por ser considerado elemento lujurioso, ha recuperado en la actualidadad su función erótica, y por ello la moda practicada por mujeres jóvenes no solo deja ver el ombligo sino que lo realza con piercings u otros elementos de atención.

Referencias: “¿Adán  y Eva tenían ombligo?”-Martín A. Cagliani / “Antropología cultural y popular”  Dr. Lorenzo Terrasa Nicolau. / http://www.wikipedia.es  

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